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'El encargo', decepción y aburrimiento

'El encargo', decepción y aburrimiento
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Si echamos un vistazo a las respectivas filmografías de dos actores tan distintos como Robert De Niro y John Cusack, podemos afirmar, sin ningún tipo de duda, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Verlos reunidos en ‘El encargo’ (‘The Bag Man’, David Grovic, 2013) podría tener su interés si no fuera porque los últimos trabajos de ambos intérpretes rozan la mediocridad más absoluta la mayoría de ellos. Cusack no cambia de registro y parece que le ha cogido el gusto a thrillers de poca monta como el que nos ocupa. De Niro simplemente vive de rentas de su propia imagen, la cual ocupa un lugar único en la historia del cine.

David Grovic se estrena en la dirección con un film extraño y raro donde los haya dentro del género del thriller. Una premisa sobre una bolsa cuyo contenido no debe desvelarse, para mantener el interés de un espectador totalmente desconcertado que se mueve, al menos ése ha sido mi caso, entre sentir un absoluto rechazo por lo que está viendo, y la esperanza de que el relato levante de una vez por todas sus cartas, para al final terminar sintiendo lo de siempre con este tipo de thrillers, una profunda y ya familiar decepción.

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John Cusack da vida a Jack, un peculiar asesino que realiza encargos para un mafioso, Dragna, personaje al que evidentemente da vida Robert De Niro con un look que puede provocar risa. Lo mejor del film, o lo más claro, es sin duda el dibujo de ambos personajes a los que los dos actores prestan su carisma, innegable, sin esfuerzo alguno, esto ya más recriminable. Jack es un trabajador efectivo, que obedece y no realiza preguntas, y Dragna es una especie de todopoderoso que lo tiene absolutamente todo controlado. Cusack llena el 90% de la película, De Niro sale mucho menos.

Toda la película gira alrededor de una bolsa que debe custodiar Jack en un motel de carretera, en la habitación número 13 —podría haber sido cualquier otra, el número no significa lo que creemos puede significar— hasta que el propio mafioso vaya a recogerla. Sólo hay una condición, bajo ningún concepto, y pase lo que pasa, no se debe mirar en el interior de la mencionada bolsa. De cumplirse el trabajo Jack recibirá una cantidad de dinero impensable con la que poder retirarse.

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Personajes raros, trama estancada

El film está lleno de personajes extraños en una primera lectura. Un chulo y su prostituta, alta y vestida de forma espectacular, un enano serbio-rumano con muy malas pulgas, el gerente del motel en silla de ruedas y falto de luces —personaje a cargo del eterno padre de Marty McFly, Crispin Glover—, dos agentes federales, también con poco seso, y un par de policías corruptos y salidos, uno de ellos bajo la piel del siempre prescindible Dominic Purcell. Si escarbamos en todos ellos, vemos que no hay nada, son sólo clichés al servicio de una historia endeble y demasiado esquemática.

El suspense alrededor de la bolsa en cuestión no funciona. El espectador enseguida se despista, es un decir, con una serie de diálogos absurdos, ridículos y sin pizca de gracia. Las situaciones se repiten hasta la saciedad. Todo el mundo quiere esa bolsa, todos quieren saber qué hay en ella, pero la película parece ir por otros derroteros, hasta que se encauza de nuevo al MacGuffin de turno, que termina por revelar un secreto no demasiado trabajado, desprovisto de interés y que prácticamente rompe con todo el tono del film, supuesto thriller Noir, con supuesto humor negro. A esas alturas, se está más aburrido que interesado.

‘El encargo’ es un film que dura poco más de hora y media, una duración casi milagrosa para hoy día, acostumbrados a las dos horas largas. Sin embargo, y debido a lo pobre y poco desarrollada que está la premisa de la que parte, el film se hace largo, llegando a estancarse en su segunda mitad. Grovic no se esfuerza por crear tensión, y algo muy extraño, no sentimos empatía por ningún personaje, y ninguno resulta interesante más allá de dos rostros conocidos y muy familiares para cualquier cinéfilo. Y es que ‘El encargo’ es un film que sólo subsiste por el recuerdo cinéfilo de sus dos actores principales. El resto es mediocridad pura y dura.

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