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'El nuevo mundo' de Terrence Malick, la mejor película estrenada en 2006

'El nuevo mundo' de Terrence Malick, la mejor película estrenada en 2006
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Si me preguntáis, charlando entre copas, cuál es la mejor película que vi en 2006, sin dudarlo ni un instante, mi respuesta será ‘El nuevo mundo’ (‘The New World’), que aunque se estrenó en diciembre de 2005, aquí no la pudimos ver hasta febrero del año siguiente. Conociendo la escasa valoración que se le dio, en general, a esta impresionante obra de arte, lo más probable es que a continuación, y repito que estamos tomando copas, estallaran las carcajadas, poco antes de empezar a preguntar si vi tal o cual otra película; con resignación, lo sé por experiencia, diría que sí a todos los títulos (más de una vez me reiría yo también), manteniendo invariable que el cuarto trabajo de Terrence Malick fue lo mejor de aquel año.

Tras terminar ‘Días del cielo’ (‘Days of Heaven’, 1978), Malick, autor enigmático donde los haya (se ha llegado a decir que en realidad no existe, que es un seudónimo de otras personas, pero esto no tiene sentido si se echa un vistazo a su obra, tan escasa como única y coherente), nos tuvo esperando dos décadas hasta que por fin se decidió a rodar otra película, ‘La delgada línea roja’ (‘The Thin Red Line’). Mereció la pena que se lo pensara tanto, qué duda cabe, pero por fortuna no necesitó tanto tiempo para lanzarse a crear su nuevo trabajo, centrado en la famosa leyenda de John Smith y Pocahontas, lo cual descolocó a muchos (sigue haciéndolo).

Porque ‘El nuevo mundo’ se vendió como lo que no era/es, una película de trepidantes aventuras en un entorno exótico con el típico amor imposible; puro marketing, los hombres tendríamos aventuras y las mujeres amor, el producto perfecto. No en vano, la esperadísima y superanunciada ‘Avatar’ de James Cameron ofrece lo mismo, tal como vimos en el tráiler, cambiando al conquistador inglés del siglo XVII por un soldado norteamericano del futuro y a la indígena americana por una alienígena de un planeta lejano (por supuesto, el tono y el tratamiento de ambas películas no tendrá nada que ver).

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‘El nuevo mundo’ se centra en el descubrimiento de las enormes tierras salvajes de Norteamérica por los colonos británicos, que llegaron en tres pequeños barcos y levantaron el fuerte Jamestown, en 1607. Los hombres “civilizados”, a miles de kilómetros de su hogar, buscan introducir su cultura, religión y economía en este “nuevo mundo” al que acaban de llegar, y que no está deshabitado. Los nativos americanos ya estaban ahí y, aunque diferente, también tienen su propia forma de vida, negándose a permitir que unos intrusos alteren la naturaleza y el orden con el que ellos habían estado conviviendo hasta entonces.

En medio del conflicto entre ambos pueblos surgirá el amor entre dos jóvenes, uno de cada bando. Él era un rebelde que llegó a América condenado a la horca por insubordinación, un buscador de fortuna llamado John Smith (Colin Farrell, excelente), un hombre valiente y diferente al resto; ella (Q´Orianka Kilcher, todo un descubrimiento, nunca mejor dicho) es una joven curiosa y atrevida a la que han apodado Pocahontas (“juguetona”), y es la favorita del jefe de su tribu. El vínculo que surge entre ellos es tan repentino e intenso como imposible de mantener, de la misma forma que los pueblos a los que pertenecen están condenados a enfrentarse.

Como decía, esto no es lo que parece, la realidad es que la cuarta película de Terrence Malick no está hecha para ser consumida como la gran mayoría de productos que nos llegan de Estados Unidos; la intención no es que te sientes a desconectar, a pasar el rato, sino lo contrario, que experimentes y reflexiones sobre lo que se te muestra en la pantalla. La trama de Smith y Pocahontas es una excusa y la película no se ciñe a ella, no pretende contar lo que pasó realmente o darnos un nuevo enfoque de los hechos, va más allá, y le da igual la Historia, porque el propósito es otro, es exponernos la triste y bellísima historia de un paraíso perdido.

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‘El nuevo mundo’ guarda un gran parecido con ‘Días del cielo’ y ‘La delgada línea roja’, no tanto con ‘Malas tierras’ (‘Badlands’, 1973), la ópera prima del cineasta. Malick vuelve a ofrecernos unos impresionantes retratos de la naturaleza (la labor fotográfica de Emmanuel Lubezki fue lo único nominado al Oscar), miradas secretas y esquivas, la poética voz en off y escasos diálogos, un lento y suave curso de los acontecimientos (acompañado por la composición de James Horner), que aun así a veces se muestran, como en la propia vida, erráticos y repentinos, fruto del capricho del azar y de las erróneas decisiones de los hombres, incapaces de apreciar el mundo, la belleza, la inocencia y el amor que están destruyendo.

Si esta película me parece tan extraordinaria es por la capacidad que tiene para despertar emociones y reflexiones, porque sus preciosas imágenes no dejan indiferente y transmiten justamente el mensaje que desea Malick, impactando y alterando los sentidos como si estuviéramos en el mismo lugar y la misma época de los hechos, y también porque pocas veces se ha plasmado en la pantalla con tanta sutileza y elegancia una historia de amor tan cercana y tan verdadera, como la que se muestra en ‘El nuevo mundo’, una obra maestra que mejora con cada visionado. Y eso que todavía no hemos podido ver la versión completa, que no dura 135 minutos sino 170, totalmente necesarios para la mejor integración de un apasionante conjunto.

5

Otra crítica de la película en Blogdecine:


‘El Nuevo Mundo’, la peor película de Terrence Malick

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