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'El Parador del Camino', el poder de los celos

'El Parador del Camino', el poder de los celos
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'El Parador del Camino' ('Road House', 1948) fue realizada por Jean Negulesco justo después de su famosa 'Belinda', y tenía en su haber 8 películas habiendo empezando cuatro años antes a dirigir, eso si no contamos su labor no acreditada en la estupenda 'Ciudad de Conquista' de Anatole Litvak en 1940. La presente película fue una más que ayudó a cimentar su prestigio crítico en el que es considerado como un de los directores más elegantes del cine norteamericano, especializado sobre todo en melodramas, muchos de ellos con tintes de thriller.

'El Parador del Camino' narra la historia de Lily Stevens, una cantante contratada por Jefty Robbins, el dueño de un parador para comprobar si le va mejor en su negocio. Contra todo pronóstico, ya que Lily no posee una voz especialmente dotada para la canción, la chica se convierte en todo un éxito del lugar logrando que cada vez acuda más gente a verla, hipnotizados por la capacidad de transmitir de ella sin tener buena voz. Robbins se enamora de ella, pero ella se fija en Pete Morgan, su mejor amigo, y los problemas empiezan.

Lo que sorprende especialmente de la película, es la facilidad con la que su argumento, que parte de una premisa totalmente típica (un triángulo amoroso), se va enredando cada vez más, centrándose sobre todo en la obsesión del personaje interpretado por Richard Widmark en la que era su tercera película como actor. Además, es curioso como su personaje empieza siendo de lo más simpático y amable, para terminar convirtiéndose en alguien odioso, una imagen más acorde con el magnífico actor, que solía bordar los papeles de villano (su debut en el cine es inolvidable). Es en esta parte donde la película presenta sus mejores cartas, ya que consigue hacer creíble e interesante algo tan estúpido como los celos, gracias a la portentosa labor de Widmark y el giro que su personaje da.

El trío protagonista está completado por Cornel Wilde, actor bastante menor a Widmark quien se lo come en todas las escenas que comparten, además su rol carece de la profundidad de aquél, algo que no le pasa al personaje central femenino, al que da vida una excelente Ida Lupino, ofreciendo una mezcla de mujer fatal y todo lo contrario, de lo más convincente. Lupino además interpreta una serie de canciones de una forma un tanto atípica debido a lo poco cualificado de su voz para el canto, pero que dota al personaje de una extraña fascinación, la cual evidentemente levanta las pasiones de sus personajes masculinos (lo dice y repite uno de ellos: "ella es diferente"). Claro que con Ida Lupino sería raro el no sentirse alterado por su presencia, y es que esta mujer, sin ser ninguna preciosidad, poseía una imagen turbadora que supo aprovechar muy bien.

Jean Negulesco va directo al grano con pulso firme, enrareciendo cada vez más la atmósfera del film, tanto argumentalmente (a pesar de ciertas obviedades), como en la puesta en escena, en la que los lugares filmados parecen ir acorde con la trama. Obsérvese los inicios en el parador, un lugar tranquilo y sin problemas, la sala de juicios, otra vez el parador, y finalmente un pantano que augura un desenlace dramático, y en consonancia con los estados de ánimo de los personajes, sobre todo el de Jefty, camaleónicamente interpretado por Widmark y su risa mítica.

Una buena película que mejora según va avanzando, algo que es de agradecer porque al principio de la impresión de que veremos la típica historia de amor a tres bandas, pero cuando los celos hacen acto de presencia podemos llegar a ver la enorme capacidad destructiva de los mismos, en el posterior estudio que Negulesco hace del lado oscuro del ser humano, mucho más interesante, cinematográficamente hablando, que el lado bueno. La película no está editada en dvd, así que en caso de que os interese, ya sabéis el método a utilizar.

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