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'El principio de Arquímedes', arriba y abajo

'El principio de Arquímedes', arriba y abajo
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La ambiciosa y exitosa Sonia (Marta Belaustegui) está casada con el arquitecto Enrique (Alberto Jiménez) y recurre a su vecina, Rocío (Blanca Oteyza), esposa del idealista profesor Mariano (Roberto Enríquez) para que cuide a su hija en una urgencia. Tras el favor, Rocío le cuena a su amiga que ansia un trabajo donde gane lo mismo o más que su marido, y su amiga facilitará su contratación por parte de la empresa de ropa para la que trabaja. Pronto, Sonia empezará a querer una vida más tranquila y Rocío una más ajetreada, e irán intercambiando sus roles.

Gerardo Herrero es un cineasta cuya trayectoria artesanal y eficaz lo convierten en un nombre bastante importante, como productor y director, en el desarrollo de un cierto cine más o menos comercial pero que trata temas adultos, en el sistema cinematográfico español reciente. Es ciertamente triste, al menos para mí, que muy pocas de sus películas logren estar a la altura de sus premisas, porque al menos temas sugerentes no le han venido faltando.

Regresa Herrero a Belén Gopegui, pero esta vez no adapta una de sus novelas, como en 'Las razones de mis amigos' (id, 2000) sino que decide firmar un guión original de la excelente, subestimada e importante escritora madrileña. En una onda brechtiana, esta película termina tirstemente descosida, siendo fragmentos más o menos convencionales, y es antes el anuncio de una película, quien sabe si futura, que saque partido a todas sus posibilidades expresivas.

No quisiera resultar excesivamente duro con 'El principio de Arquímedes' (id, 2004) porque todos sus problemas son elementales, evidentes y fáciles de detectar: una dirección que más que mala es equivocada, abusa de distracciones metafóricas propias de la televisión - como la escena de la naranja - y una increíble equivocación tonal para el relato, que adquiere la forma de melodrama y que en realidad, oculta en su interior una brillante y muy jugosa comedia que nunca llega.

Para empezar, la película no tiene la rotundidad catártica que todo drama exige, así que los actores se encuentran naturalmente trabados para este drama, por no hablar de errores de casting, como un Roberto Enríquez y Alberto Jiménez que parecen demasiado distantes en edad y tonos como para evocar sus personajes. Solamente Belaustegui dota a Sonia de brillantez mientras que Oteyza sale airada de algunas escenas, pero en cuanto su personaje formaliza su evolución pierde expresividad alguna.

Es siempre una buena noticia que Gopegui proporcione sus característicos, poéticos y lacónicos diálogos a una película, pero no funcionan, o bien son demasiados para el ritmo de la película, pasado el minuto cuarenta uno tiene la sensación de que resulta más deseable oír un diálogo literario de Gopegui que atender al predecible devenir de lo contado, o bien provocan un efecto que sería mayor o realmente poderoso en forma de texto - el cierre de la película, la metáfora del edificio, el papel de los sindicatos.

Es cierto que pocas veces se hacen películas como esta, y que en el fondo contiene todos los temas de Gopegui, la militancia como una decisión privada que solamente luego es pública, pero aparecen tan diluidos que pueden dar una infundada visión de la complejidad de su autora. También es reseñable que la idea es tan brillante como mal utilizada: el deseo de ser otro llevado a un feliz enredo sexual, afectivo y político, que salpica desde la propia naturaleza del matrimonio, pasando por el rol de la mujer frente a la maternidad hasta finalmente el papel en el escenario de trabajo.

Pero, de nuevo, la película convierte en un lento y aséptico melodrama lo que en realidad es una historia llena de humor, que incluso requeriría más, y que desaprovecha ideas interesantísimas, como el simulacro de infidelidad y el encubrimiento mutuo de la verdadera infidelidad que se da al mismo tiempo en los dos matrimonios y que aquí aparece de lo más desangelada posible.

Es una oportunidad perdida, pero también, y no todas las oportunidades perdidas permiten esto, es también la promesa de una historia mejor, futura y altamente mejorada de este germen interesantísimo en el que todo cuanto deseamos no solamente tiene consecuencias sino que repercute en todos los pilares de nuestro vivir.

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