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'Gamer', un chute de anticine moderno

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El martes pasado me acerqué al cine acompañado de mi mejor amigo, al que no veía desde hacía demasiado tiempo, para repetir una de nuestras queridas sesiones cutre-cinéfagas. Básicamente, primero buscamos uno o dos de los estrenos que peor olor desprendan y luego, ya en el interior de un hogar y con abundante bebida y comida basura (acorde con lo que vemos), devoramos otras dos o tres películas con similar mala pinta (casi siempre dirigidas por asiáticos, nuestros individuos favoritos). Echando un vistazo a la cartelera, rápidamente coincidimos en que la primera película de la sesión debía ser ‘Gamer’, con Gerard Butler.

Como sabéis, mi compañero Alberto Abuín ya la comentó recientemente (aquel martes no conocía su opinión sobre esta cosa, conste en acta), y aunque estoy de acuerdo totalmente con su valoración, plasmada en la imagen sin estrellas con la que se termina esta crítica, no me parece que ‘Gamer’ deba estar incluida en una sección llamada “películas ridículas”. No, esto más que ridículo es demencial, es enfermo. Lo nuevo de Mark Neveldine y Brian Taylor, realizadores inútiles donde los haya, es una de las películas más insoportables que he visto en una sala de cine.

Nada más arrancar, nos meten en el cráneo el tema ‘Sweet Dreams (Are Made of This)’, por supuesto, la ruidosa versión de Marylin Manson (primera señal de impostura en esta cosa disfrazada de película). Los créditos se suceden mientras se nos muestra, a un ritmo de unos cinco o seis planos por segundo, el mundo del futuro ideado por Neveldine y Taylor, los responsables de la infecta ‘Crank’; la sociedad del futuro es una sociedad en decadencia, sin humanidad, y se parece mucho a la que vimos en ‘Blade Runner’, mezclada con la estúpida violencia gratuita y supuestamente popular de la que hacía gala el lamentable remake de ‘Death Race’, producto muy similar al que nos ocupa, tanto argumental (también nos podemos acordar de ‘Perseguido’) como visualmente, siendo un completo atropello que lo único que consigue es provocar dolor de cabeza.

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Los dos directores, que son autores también del guión, se limitan a coger ideas de todas partes, para dar con algo que puedan retratar a su manera, es decir, destruyendo toda lógica narrativa y cinematográfica, porque no tienen ni idea de lo que están haciendo, para dar prioridad al montaje epiléptico, los diálogos y los comportamientos delirantes, la acción caótica; algo sumamente más fácil de hacer que crear una película coherente, profunda y de fascinante discurso, o sea, algo como la citada obra maestra de Ridley Scott o, para no irnos tan lejos, como la impresionante ‘Hijos de los hombres’ de Alfonso Cuarón.

Volviendo al argumento, resulta que en este mundo fantástico hay un tipo llamado Castle, algo así como un Bill Gates demente y psicópata, que ha utilizado una tecnología revolucionaria para crear un videojuego ultraviolento que en lugar de usar personajes virtuales, emplea personas reales; las víctimas son presos, condenados por graves crímenes, que obedecen las directrices de los jugadores, quienes los manejan desde su cómodo hogar. Por supuesto, nuestro protagonista, el forzudo Kable, es una imparable máquina de matar, pero al mismo tiempo es sensible, honrado y una estupenda persona, que sólo quiere salir de allí, limpiar su nombre (evidentemente, no es culpable de lo que se le acusa), recuperar a su familia, vengarse del villano y acabar con su horrendo plan maligno. No hace falta que os cuente el final, ¿no?

El guión de ‘Gamer’ está repleto de absurdos, para dar rienda suelta a los delirios visuales y sonoros de estos dos mediocres realizadores, pero en el fondo es lo de menos, porque no hace falta un gran libreto para componer una estupenda película de acción, que en el fondo es lo que intenta ser esta cosa, vestida con ropajes de ciencia ficción. Lo fundamental es idear, planificar y poner en escena secuencias emocionantes en las que el protagonista deba lograr algo mientras se encuentra en peligro; aquí es imposible seguir la acción porque los planos no duran nada, y no tienen nada que ver entre sí, resultando imposible saber dónde está Gerard Butler, qué hace, de qué huye, quién le dispara, a quién dispara y a dónde va. Es un completo desastre en el que no puedes entrar, sólo desear que termine cuanto antes.

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Es increíble la forma en la que Mark Neveldine y Brian Taylor construyen la película (¿cuántos planos detalle meten en medio de una conversación?), que a pesar de durar hora y media se hace eterna, pero no lo es mucho menos que hayan podido contar con un reparto tan atractivo. ¿Favores misteriosos, sueldos por encima de lo normal, agentes idiotas? En cualquier caso ahí están, gente tan conocida como Gerard Butler, Michael C. Hall (el único que entiende dónde se ha metido, y se lo pasa bomba), Alison Lohman, Kyra Sedgwick, John Leguizamo, Logan Lerman o Milo Ventimiglia (en un sorprendente cameo), simples marionetas como las de Society o Slayers, en la que es, sin duda, una de las peores cosas que se han estrenado este año. Si quieres acción y ciencia ficción de calidad, ve a ver ‘District 9’, inteligente y espectacular.

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