'García y García': una más que aceptable comedia familiar que reivindica el cine de la década de los ochenta con la mirilla en John Landis
Críticas

'García y García': una más que aceptable comedia familiar que reivindica el cine de la década de los ochenta con la mirilla en John Landis

Durante los añorados años ochenta se estrenaron gran cantidad de comedias ligeras, destinadas a un público mayoritariamente familiar, que eran inmediatamente ninguneadas por la crítica y devoradas por el público entre refrescos y cubos de palomitas.

No buscaban dejar ningún poso y huían de toda perspectiva social y política: se limitaban a la efectividad de su encadenado de gags y situaciones humorísticas, a veces de manera grotesca, otras más elegante, y al lucimiento de sus actores principales y característicos. Algunas de estas películas son ahora pequeños clásicos de culto; otras han quedado inevitablemente sepultadas por el tiempo, dispuestas para ser periódicamente recuperadas por los completistas y los nostálgicos.

'García y García' no pretende más que recuperar la vieja fórmula, quizá limando sibilinamente, ay, sus asperezas e incorrecciones, de una manera similar a la empleada con éxito por Santiago Segura en sus últimas comedias. Lo hace con un ojo puesto en el pasado, pero al mismo tiempo receptiva a los gustos y tendencias del momento presente, reflejados principalmente en la elección de un reparto lleno de caras conocidas.

Su referente principal, entre clásico y moderno, vendría a ser John Landis, y concretamente una comedia de culto como 'Entre pillos anda el juego', donde Dan Aykroyd y Eddie Murphy cambiaban sus roles para divertimento del público, dando lugar a una reflexión social caústica y pertinente, que nunca entorpecía la comicidad. Tal es el ánimo de los guionistas de 'García y García' de imitar/plagiar/homenajear el cine de Landis que incluso llegan a fusilar algunas de las líneas de 'Desmadre a la americana' en sus precréditos finales. Excesivo, tal vez.

Aspirar a John Landis y quedarse en Arthur Hiller: ni tan mal

La película, disparatada pero nunca aparatosa, apunta, como decíamos a Landis y se queda en Arthur Hiller, otro cultivador de la comedia durante los años ochenta, tras unos comienzos centrados en un cine más ambicioso y serio, con películas como 'La americanización de Emily' o 'Anatomía de un hospital'. Hiller cultivó en numerosas ocasiones la comedia de dobles o contrarios, basada siempre en el carisma de su pareja protagonista; la mejor de todas ellas fue una de las primeras, 'El expreso de Chicago', a la que precisamente el último título de Segura rinde merecida pleitesía.

Sin embargo, no conviene olvidar las carcajadas que los de mi generación se echaron en los cines con humoradas, quizá algo apresuradas y básicas, pero enormemente eficaces, como 'No me chilles que no te veo' (con el dúo Richard Pryor/Gene Wilder), 'Increíble suerte' (con el dúo Bette Midler/Shelley Long) o 'Millonario al instante' (con el dúo James Belushi/Charles Grodin). Hiller no tenía la sutileza ni el clasicismo de Landis, su gusto por el gag y el diálogo perfecto y la habilidad de la puesta de escena, pero aseguraba la diversión de una tarde de domingo.

No estamos lejos de la efectividad y la diversión de aquellas películas, ahora añejas, casi primitivas para el público joven al que se dirige esta comedia. El punto flaco es el guion: a veces los diálogos no están suficientemente afinados y las situaciones en ocasiones se atropellan en lugar de sucederse con la adecuada armonía que se le supone a toda buena comedia, como si hubiera sido necesaria, quizá, una última reescritura.

Ana Murugarren, directora de la curiosa y desapercibida 'La higuera de los bastardos', dirige el cotarro con eficiencia y, en ocasiones, inventiva, consiguiendo que las cosas no se salgan demasiado de madre para mal. Su trabajo es estimable dado el diseño de producción y la espectacularidad de algunas secuencias que, tal vez rindiendo tributo a clásicos como 'Aterriza como puedas' pero también a 'Dos tontos muy tontos' y a 'Mentiroso compulsivo', tienen lugar en un aeropuerto, el eje donde se desarrolla toda la trama principal.

'García y García': un pasatiempo ideal para una tarde aburrida

Exactamente igual que antaño, la comedia debe gran parte de su eficacia al carisma del dúo protagonista, una dupla en principio antagónica pero progresivamente amigable, interpretada con solvencia por José Mota y Pepe Viyuela. La comicidad complementaria de los humoristas es la fuente de la gran mayoría de gags del film, algunos francamente conseguidos, otros algo desaprovechados.

Mi yo niño nunca habría imaginado disfrutar en cine de una comedia mainstream protagonizada por dos de mis colaboradores favoritos del vetusto programa nocturno 'Pero... ¿esto qué es?'. El contrapunto romántico queda en manos de una estupenda y luminosa Eva Ugarte, que viene a desempeñar un rol similar al de Jamie Lee Curtis en el clásico de Landis, sin tener nada que envidiar a la original.

El resto del film se ve fortalecido, como viene siendo habitual en el cine español, por la presencia de secundarios y característicos, interpretados, entre otros, por Antonio Resines, Carlos Arces, el gran Jordi Sánchez y la cómica Martita de Graná, en su segunda incursión en la pantalla grande tras un pequeño papel en '¡A todo tren! Destino Asturias'.

Como era de prever, la comedia está funcionando bastante bien en taquilla y ha sido despedazada por la crítica. Exactamente igual de lo que pasaba hace cuarenta años con las comedias de Hiller e incluso con las de Landis; lo que nos viene a decir que los tiempos no hayan cambiado tanto, al menos en lo referente a la comedia popularecha, buenista, blanca y familiar. Para quien esto escribe, 'García y García' queda lejos de ser una comedia redonda, pero es un entretenimiento eficaz y meritorio, que cuenta con, al menos, unos cuantos momentos memorables. Lo dicho: un pasatiempo ideal para una tarde tonta de domingo.

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