Ya he visto 'Torrente Presidente' y ahora entiendo por qué Santiago Segura quería esconderla. Un festival de cameos y brocha gorda con alma de especial de José Mota

Ya he visto 'Torrente Presidente' y ahora entiendo por qué Santiago Segura quería esconderla. Un festival de cameos y brocha gorda con alma de especial de José Mota

Un homenaje a toda su propia saga en la que se le va la mano con la sal gorda y que demasiada gente se va a tomar literalmente

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Torrente
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Randy Meeks

Editor

"Es muy mofa, se mete con todos, con los putos rojos, con mujeres..." es uno de los comentarios que he escuchado al vuelo al salir de la primera sesión de 'Torrente Presidente', y me lleva a pensar que no importa lo obvio que sea Santiago Segura en su película, en la que Jose Luis Torrente está presentado de manera más cartoon, obvia y descarada que nunca. Hay gente que ha venido a hablar de su libro y a seleccionar metódicamente entre los chistes aquellos que casen con su discurso, incluso aunque sean brochazos de sal gorda para demostrar el gañanismo de su protagonista. En un país más gañán que nunca, donde Torrente ha dejado de ser una parodia para convertirse en un ídolo y el sarcasmo se ha convertido en mera literalidad, merecemos que esta película sea celebrada por aquellos de los que se ríe abiertamente.

El brazo listo de la ley

A la hora de promocionar 'Torrente Presidente', Santiago Segura lo tenía muy claro: las opiniones de la prensa y de las redes sociales solo podían dañarle. Por eso ha decidido que el previsible estreno español más potente del año en taquilla fuera directamente en salas, provocando que la primera sesión del día estuviera repleta de críticos deseosos de saber por qué ocultaba su película. Después de verla, es bastante obvio por qué lo hacía: es algo mejor de lo que esperaba, sí, pero no deja de ser un compendio de sketches unidos por un fino hilo, más similar a los especiales de fin de año de José Mota que a la primera 'Torrente'

Hay que reconocer al director, eso sí, que no ha caído en el muy facilón "Son todos iguales", y que no reparte de manera equitativa. Al igual que Ari Aster en  'Eddington' (salvando mucho las distancias, obviamente), Segura se ríe de la izquierda idealista y sus ridiculeces, pero al mismo tiempo advierte, de manera más clara, sobre el auge de la ultraderecha, recordando desde el primer instante que Torrente no es un ejemplo a seguir, sino un representante de la España profunda, esa que dice "lo que todos piensan". El problema es que en la sátira ha habido una desconexión, y el personaje, por momentos, varía entre la insensatez más absoluta y discursos aplaudidos por gran parte del pueblo (hablando sobre la causa trans, por ejemplo). 

Sin embargo, lo que quedará en el imaginario colectivo es su loco festival de cameos, que no quiero espoilearos (ya habrá tiempo para todo). Segura ha querido dar un papel a todos sus amiguetes, incluyendo varios cameos del pasado de la saga, y ha dejado un hueco para actores malditos y cancelados. No hay escena sin aparición amiguetil, hasta el punto de convertirse en un frustrante quién es quién. Por allí pasa lo más granado de cada casa, desde simpatizantes de ultraderecha (que saben muy bien lo que están haciendo ahí) hasta políticos y viejas glorias, todos juntos en un maremágnum de caras del que uno sale mareado, como recién montado en la olla loca: no hay tiempo para la reflexión o crear un discurso, porque enseguida aparece otro amiguete inesperado para distraerte de la falta de línea argumental.

El show de Santiago Segura

A nivel de dirección es la menos autoral de las seis 'Torrente', incluyendo algunos gags herencia de 'Padre no hay más que uno' (ese "loading" en la cabeza de Torrente, esa música acompañando sus chapuzas como si fuera un dibujo de los Looney Tunes). Aunque se atreve a crear planos complejos, alejándose de su saga familiar basada en el plano-contraplano, se echa en falta esa oscuridad fanzinera de los inicios del personaje, donde nadie podía, ni lejanamente, confundir su inconsciencia con la de un ídolo de masas. Tiene ocurrencias divertidas y su refrescante sal gorda heredera de otra época puede hacer reír a carcajadas, pero no deja de entremezclarse con un discurso en el que Torrente parece decir verdades a la cara a un mundo moderno incomprensible. Es Segura susurrando, por momentos, "Este tío es un garrulo, un tonto, un machista impresentable. Pero, ¿acaso no tiene cierta razón?"

Ojalá 'Torrente Presidente' hubiera cuidado un poco más su historia, porque tenía la oportunidad de hacer algo realmente potente y se queda, más allá de su decente primera media hora, en un compendio de gags repetitivos que acaban lastrando la película hasta un final pasado de vueltas que no se ha ganado en absoluto (y que promete una casi necesaria 'Torrente 7'). No es un horror incognoscible y, desde luego, se sobrelleva mejor que '¡A todo tren!' y el multiverso infantil de Segura, pero que la aparente frescura de su sal gorda no nos impida ver que, realmente, no tiene tesis ni pretende contar absolutamente nada más allá de insistir en los tópicos comunes de la política española: son todos unos ladrones, son todos iguales, etcétera.

Ojalá fuera todo tan fácil como con la primera parte de la saga y afirmar "Torrente se ríe de los fachas", pero ya nada nunca es tan complejo. Segura ha convertido, quizá inconscientemente, a su antihéroe en un líder nato, y sus palabras, por grotescas que sean para la mayoría de nosotros, podrían sonar en la próxima campaña de elecciones por la boca de dirigentes políticos reales. O lo que es lo mismo: la parodia está totalmente comida por la vida real, y la ironía va a sonar literal y convincente para gran parte del público que acuda en masa y tenga al personaje en un altar. 'Torrente Presidente' no es una buena película, pero es una perfecta veleta que indica los tiempos que corren. Con o sin pajillas.

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