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'La inocencia': una notable ópera prima que nos descubre a dos de las grandes revelaciones del cine español
Críticas

'La inocencia': una notable ópera prima que nos descubre a dos de las grandes revelaciones del cine español

‘La inocencia’ cuenta con el aval de sus dos nominaciones a los Goya y las siete candidaturas conseguidas para los premios de Gaudí como gran carta de presentación antes de su llegada a los cines este viernes 10 de enero. Un aliciente adicional para descubrir la ópera prima de Lucía Alemany presentada durante el pasado Festival de San Sebastián y que corría el riesgo de pasar desapercibida por nuestra cartelera.

Alemany hace especial hincapié en la naturalidad en su primer largometraje, dejando fijado lo que quería contar en el guion, pero al mismo tiempo dando libertad a sus actores para improvisar y adaptar mejor los personajes a lo que ellos entendían. El resultado es una cinta que echa mano de lo cotidiano para narrarnos una etapa muy concreta en la vida de su protagonista, una debutante Carmen Arrufat a la que espero ver en muchas más películas.

El camino a seguir en la vida

Carmen Arrufat

Quien haya crecido en un pueblo conoce muy bien las particularidades de ese tipo de vida, desde las pocas cosas que puedes hacer realmente hasta el freno que puede ser para tu futuro. Es una vida plácida anclada en unos valores algo cuestionables actualmente que puede acabar asfixiándote. En el caso de ‘La inocencia’ asistimos a como una adolescente ha decidido que quiere irse a Barcelona a estudiar circo, pero todavía falta para que eso se concrete si tan siquiera llega a ser posible.

De hecho, ‘La inocencia’ nos sitíua hacia el final del verano con las fiestas del pueblo acabándose. La etapa previa a la vuelta a una rutina diaria que puede que simplemente no te llene por dentro, complicándose aún más por la relación de Lis (Arrufat) con su novio Joel. Una relación que quiere mantener en secreto -incluso niega ante sus amigas repetidas veces que sea su pareja- para evitar los chismorreos de los vecinos.

Alemany parece buscar en todo momento la pureza en las emociones de Lis, siendo muy claro cuándo está ilusionando, triste, feliz o cualquier otro estado. Eso hace que ‘La inocencia’ sea una propuesta muy limpia en la que las segundas lecturas resultan difícilmente posibles. Uno siempre sabe qué lo que nos busca transmitir, pero que matiza a su manera a través de un delicado equilibrio entre lo cómico -más presente en el tramo inicial- y lo dramático -más poderoso según avanzan los minutos-, creando así el clima ideal para potenciar sus virtudes.

Fluidez

Escena La Inocencia

Y es que la gran virtud del trabajo de Alemany está en conseguir que todo fluya con normalidad y que uno sienta como reales a los personajes que están en pantalla en lugar de meros peones de la historia que quiere contar. Para ello sabe reflejar muy bien en pantalla esa tranquilidad de la vida de pueblo en paralelo al viaje emocional de su protagonista, quien nunca llega a perder por completo la inocencia pese a que esto se pone a prueba en repetidas ocasiones.

Es cierto que hay escenas más intensas emocionalmente, sobre todo cuando surge un conflicto entre Lis y otro personaje, sea se novio, su padre -que los dos vienen a ser a representar casi lo mismo, algo de lo que ella necesita huir para poder llegar a ser la persona que desea- o su madre, pero nunca siendo sobrecargas gratuitas. Todo está muy bien medido, pero al mismo tiempo se siente natural.

A conseguirlo también ayuda una sabia decisión de casting, mezclando actores más veteranos como Laia Marull o Sergi López con rostros nuevos como Arrufat. En cierta manera esto encauza la necesidad de cierta espontaneidad como el imperativo de no salirse del todo de los planes iniciales. Seguramente la Lis que vemos finalmente en pantalla difiera bastante de la que estaba en el guion, pero seguro también que es una evolución lógica resultante de la combinación de esfuerzos.

En resumidas cuentas

‘La inocencia’ es una notable carta de presentación tanto para Lucía Alemany como para Carmen Arrufat, con la primera consiguiendo volcar experiencias propias pero sin someter la película a ellas y la segunda demostrando un gran talento para soportar el peso dramático de la función. No voy a negar que puede existir la sensación de ya haber visto historias similares en multitud de ocasiones, pero también que tiene la frescura necesaria como para que no resulte para nada molesto en el caso que nos ocupa.

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