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Jerry Goldsmith | 'City of Fear', de Irving Lerner

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A la luz de lo vasto del cuerpo de la obra musical que compuso a lo largo de las cinco décadas que se mantuvo en activo, es de recibo pensar que Jerry Goldsmith se viera implicado en todo tipo de producciones. Y si bien llegado el momento la senda que recorrerá el maestro se apartará muy poco del cine mainstream, sus comienzos, dubitativos momentos profesionales en los que uno se lanza de cabeza a lo que se le ofrece para ir sembrando futuros más halagüeños, ofrecieron —de forma breve, eso sí, que un talento como el suyo no podía acotarse a perpetuidad— un escueto rosario de títulos que se mueven entre lo irregular y lo olvidable.

Y si digo escueto es porque entre 1957, año de estreno de 'Black Patch' (id, Allen H.Miner) y 1962, momento en que su buen hacer en los pentagramas es reconocido con una primera nominación al Oscar, tres son los filmes con los que Goldsmith complementa su abundante producción televisiva: el título que hoy nos ocupa; 'El rostro del fugitivo' ('Face of a Fugitive', Paul Wendkos, 1959) y 'Studs Lonigan' (id, 1960), firmada por Irving Lerner, el realizador que también fue responsable de 'City of Fear' (id, 1959).

'City of Fear', errático thriller de sobremesa

City Of Fear 1

Los ajustados ochenta minutos de metraje de 'City of Fear', que en su parquedad son capaces de albergar no pocos momentos de aburrimiento, arrancan con un par de presos peligrosos que se han fugado del penal de San Quintin. Herido de muerte uno de ellos, será el protagonista principal de la cinta —aunque hablar aquí de principal es un término un tanto laxo cuando hay otros personajes que le igualan en tiempo de exposición— al que entonces siga la historia debido a que con él viaja un cilindro metálico que el criminal cree cargado de heroína cuando en realidad lo que porta es una sustancia radioactiva letal capaz de acabar con la vida en la ciudad de Los Ángeles.

Pero que nadie se emocione, tan atractiva premisa de partida es puesta en pie por Columbia e Irving Lerner con una total ausencia de emoción, tensión o carisma por parte de los actores, que recitan con suma monotonía y especial hieratismo unos diálogos acartonados que, por momentos, no hay quien se los crea. Si a eso le añadimos una dirección carente de recursos que en no pocas ocasiones parece haber tirado de material de relleno para hacer más largo el largometraje y un diseño de producción parco y austero que no saca partido ninguno al entorno de Los Ángeles lo que se obtiene es una cinta para ver y olvidar que nada reserva al que a ella se acerque.

Es normal pues que, con tanta mediocridad campando a sus anchas, con tanta situación de manual y tanta escena puesta ahí sólo para rellenar —vamos, que si se eliminara la cinta se quedaría tan "pancha"— al acercarse al visionado de 'City of Fear' uno lo haga centrando su atención en la partitura compuesta a la sazón por Jerry Goldsmith. Una banda sonora que, huelga decirlo, es lo mejor del filme...aunque en dicha elección recaigan tantos méritos del compositor como deméritos del resto de sus compañeros de equipo.

'City of Fear', la música

City Of Fear 3

Si uno escucha la música de cualquiera de los episodios de 'Dimensión desconocida' ('The Twilight Zone', 1959-1964) que Jerry Goldsmith compuso podrá apercibirse de la facilidad que el compositor tenía para captar la atención del espectador aludiendo a sus instintos más primarios para así poder manejarlo a voluntad: con sonoridades a las que, llegado el momento, nunca les importó experimentar, el score de 'City of Fear' es clarísimo ejemplo de, uno, el constante ir y venir de ideas que el artista ponía a prueba en la "caja tonta" para después llevarlas al cine y, dos, lo mucho que su trabajo aventajó en incontables ocasiones al producto que le "tocaba en suerte".

Así, lo que se puede apreciar en el visionado de la cinta y queda después corroborado en la audición de la extensa suite de casi cuarenta minutos que era editada en su momento por un oscuro sello junto con uno de sus trabajos para televisión —olvidé comentar anteayer que, siempre que sea posible haré referencia en éstas líneas a la mejor edición discográfica disponible de la banda sonora de turno— es que Goldsmith encuentra en estos primeros momentos de su profesión la ocasión para indagar sobre el uso de diferentes orquestaciones y de hasta qué límites llevar amagos más o menos evidentes de leït motifs.

Sin que éstos últimos lleguen a eclosionar en total plenitud, hay en los ritmos sincopados y en esa especial habilidad para poner tempo a la acción que siempre tuvo el compositor motivos suficientes para apreciar un score en el que se apuntan, por ejemplo, el tema principal de 'Los valientes andan solos' ('Lonely Are the Brave', David Miller, 1962) —primer trabajo de cierta envergadura que contó con el músico— o las vibraciones que casi una década más tarde transmitirán las portentosas líneas de los pentagramas que acompañaron a Charlton Heston a visitar un mundo poblado por simios.

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