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'La casa de las dagas voladoras', la hipnosis de una aventura sublime

'La casa de las dagas voladoras', la hipnosis de una aventura sublime
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Imaginemos una película cuya belleza fuera tan asombrosa que entendiéramos un poco más, por muy escépticos que seamos, por qué llaman al cine arte. Imaginemos un viaje prodigioso a la China de la dinastía Tang, concretamente el año 859, un viaje en el que todos los detalles, colores y formas están cuidados con extremo talento. Imaginemos también, para terminar, una aventura infinita, que nos llevara a alguno de los bosques y montañas más hermosos del mundo. Una aventura inimaginable en la que tres guerreros de muy diferente personalidad se enfrentaran con peligros casi insalvables, el mayor de todos ellos podría ser sin duda el de comprender al fin qué significa preocuparse por otra persona (y perderlo todo, a pesar del sacrificio), mientras el mundo entero se derrumba alrededor suyo. Lo mejor de todo es que no hace falta imaginarla, porque existe: se titula ‘La casa de las dagas voladoras’ (‘Shi Mian Mai Fu’, Zhang Yimou, 2004).

Quizá descubramos, dentro de algunos años, que el largometraje número trece como director en la filmografía de Zhang Yimou (Xi’an, 1951) hizo desistir a muchos de seguir perpetrando productos audiovisuales de dudosa necesidad. Mientras siguen haciendo películas sin sentido, este hombre pequeñito y tímido demuestra, una y otra vez, lo que es cine sublime, inmortal. La aparición de esta película, dos años después de la inolvidable ‘Héroe’ (‘Ying xiong’, 2002) supone asistir al nacimiento de la obra de un coloso, que se eleva como una estrella radiante sobre el fango del grueso de películas mundial. Es muy fácil distinguir una obra maestra de este calibre dentro de la masa de otras obras, lo difícil es explicar de qué manera, con ciento diecinueve minutos de precisión emocional, este relato te cala hasta los huesos, conmocionándote en tu interioridad más profunda.

Si ‘Héroe’ no hubiera resultado un grandioso éxito en todo el mundo, es probable que esta película no se hubiera hecho realidad. El género wuxia es como el western en Estados Unidos: un territorio de aventuras entre espadachines, generalmente en la exhuberancia de la naturaleza. En ese sentido, este segundo wuxia de Yimou es un wuxia más puro que aquella película de 2002, mucho más abstracta que física. Marcando las diferencias entre ambas desde el mismo comienzo, Yimou contó con los mismos guionistas, Feng Li y Bin Wang, para indagar con una mirada muy diferente, aunque con una inevitable voluntad de estilo, este triángulo de amor y odio, mucho más desesperado, doloroso y oscuro que ‘Héroe’, un relato en el que nada es lo que parece, todo el mundo engaña, y no hay víctimas o verdugos, pues todos pierden y todos son engañados.

Una realización de altísima exigencia

El diseñador de producción Tingxiao Huo, y los decoradores Zhong Han y Bin Zhao, tuvieron el gran reto de crear la Casa de las Peonías (una especie de burdel de lujo de la época), que es el decorado de interiores más bello y pasmoso de la película. Tallando el decorado en madera, tardaron mucho en conseguir la paleta de colores de estilo Dunhuang de la dinastía Tang. Es el decorado principal del principio de la película, pues dos capitanes (Jin, interpretado Takeshi Kaneshiro, y Leo, al que da vida Andy Lau) creen que la dama principal, una muchacha ciega (bellísima Zhang Ziyi, casi irreal) es la hija del jefe de los rebeldes del clan de las Dagas Voladoras. Comienza así el baile de apariencias y de dobles sentidos (muchos ocultos para el espectador que la ve por primera vez, pero cada vez más evidentes en los siguientes visionados), con el baile lento y sumamente sensual de muchacha ciega, y el baile rápido, casi como un combate (ambos posibles porque Zhang Ziyi estudió durante seis años en su adolescencia danza clásica china), que le sigue.

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De ahí pasamos a algunos de los bosques más suntuosos que jamás captó una cámara. Decidieron filmar en Ucrania, más por la belleza de sus bosques que por razones económicas. Para los numerosos y complejos planos de movimiento de caballos y de persecuciones, emplearon una plataforma móvil de los estudios de Kiev, que fue crucial para el aspecto dinámico de la película. La fotografía de Xiaoding Zhao (que fue nominada al Oscar, y que debió ganar, antes incluso que el trabajo de Robert Richardson para ‘El aviador’), con formato Super 35 luego procesado mediante el famoso Digital Intermediate, es de grandísima dificultad, por la exigencia de filmar en unos exteriores tan duros como un bosque de alta montaña, con un frío intenso que congelaba las lentes, y con una paleta de colores que debía recoger la variedad cromática del ambiente. Su trabajo puede definirse como excepcional.

La famosa secuencia del campo de flores habría sido aún más espléndida si hubieran podido disponer de las flores de colores que Yimou quería para ella. Sin embargo, tuvieron muy mala suerte las flores que plantaron un año antes, plantadas una a una, ya no estaban cuando pudieron volver, porque el brote de neumonía atípica de China les impidió salir del país y todo se retrasó. Aún así, es un secuencia muy bella, con un galante Jin llevando un ramo de flores a Xiao Mei para luego ser sorprendidos por los soldados y comenzando así una secuencia de acción que debería hacer palidecer a tanto pega-planos que quiere alcanzar belleza estética a base de barullo y sin tener en cuenta el ritmo interno de la secuencia. De todas formas, nada de esto hubiera sido posible sin la exquisita (no se me ocurre otra palabra mejor) música de Shigeru Umebayashi, que ese año también hizo los arreglos para la lírica ‘2046’ (Wong Kar Wai). De las muchas partituras bellas presentes en la obra de Yimou, esta puede ser la más desgarrada, la más sentida, la más atmosférica y la más psicológica.

Tres criaturas solitarias

“He vuelto…por una persona”

- Jin (Takeshi Kaneshiro)

Dice Zhang Yimou, en los comentarios del director del DVD, que cree que se trata del relato de tres personas que se sienten muy solas y que, además, están muy solas. Viendo la película bajo esta óptica, lo cierto es que así es. Jin (Viento), Leo y Xiao Mei conforman un triángulo de amor y odio de gran complejidad. Creo que Takeshi Kaneshiro está muy bien, como el más frívolo, inicialmente, de los tres, para luego darse cuenta de que también es capaz de preocuparse por otra persona. Pero Andy Lau está increíble. La riqueza de lecturas que permite su interpretación es digna de admiración. Siendo su personaje el que más pierde, y por tanto el más destructivo y el que más odia, termina siendo un ser digno de compasión, a pesar de la mezquindad de sus actos. Zhang Ziyi, una de las actrices más bellas y enigmáticas del mundo, ofrece su fuerza y su sensualidad para una mujer entre dos hombres, un personaje empleado como cebo, una marioneta en un mundo de intrigas y guerras, cuya pasión por un hombre que llega a odiar se percibe progresivamente como una tormenta de emociones incontenibles.

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El climax nevado a algunos les parece un elemento forzado. Lo cierto es que empezó a nevar mientras se estaba rodando la secuencia, y decidieron dejarla. Me parece un acierto. Luego, cuando la nieve desapareció, la añadieron en algunas zonas de la montaña de manera digital. Es el final perfecto para una historia tan pasional, tan exacerbada, en la que el amor se convierte en un volcán desatado. ¿Qué mejor contraste que una montaña nevada? De esta forma, las emociones son aún más feroces, los odios más salvajes… y la sangre más roja. El paisaje de toda la película deviene expresión exterior de las verdades interiores de los personajes. Así, el combate en el bosque de bambú (todos los wuxias famosos tienen combates en bosques de bambú, y este no podía ser menos…aunque con elementos novedosos) es la metáfora exacta de las brumas que cubren el ánimo de Xiao Mei, y la elección de cortar tallos de bambú como arma es un signo de su muerte interior. La salvación, truncada, de Jin, permite que el verde oscuro del bambú, deprimente, se transforme en el verde vitalista del vestuario de los miembros de las Dagas Voladoras.

Jin, Leo y Xiao Mei son tres seres patéticos, fuertes pero frágiles, tremendamente imperfectos, que sin embargo sufren lo indecible porque su soledad y su desesperación les llevan a cometer actos terribles. Sin embargo, conservan una cierta dignidad al ofrecer un sacrificio en nombre de otra persona, aunque sea por un momento fugaz. Ese sacrificio, del que no obtienen más que cenizas, termina siendo su perdición, porque en nombre de esa traición cometen actos peores que los que les hicieron a ellos. Así es el corazón humano. La enorme melancolía de la última imagen, que no contaremos, la transmite la certeza de que el amor puede llegar a destruir más que la ambición.

Conclusión

Un poema de este vuelo estético, por lo general, suele ser un cine de muy escasa distribución. Sin embargo, ‘La casa de las dagas voladoras’ es película famosa, y fue un gran éxito en todo el mundo. Los filmes similares se cuentan con los dedos de una mano. Zhang Yimou, artista eminente, descendiente de Kurosawa y de Ford, es de los pocos que puede lograr este milagro. El magistral y sencillo relato que es esta película, nos encoge y nos duele, pero nos deleita, nos ilumina y nos hace libres.

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