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'La desazón suprema', retrato incesante de Fernando Vallejo

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Este malagradecido, que le dice al Rey de España «Majestad» porque nos restauró un edificio en Cartagena (¿y para qué hicimos la independencia si no era para no tener que decirle «Majestad» a un zángano cobarde cazador de osos indefensos, pero muy bueno para fornicar con las mujeres del prójimo?), en sus discursos ni nos menciona (...) E invoca en sus discursos el nombre de Dios. «¡Que Dios los bendiga!» termina diciéndonos como si fuera cura o Pastranita (...) ¡Ay, Majestad! Hablá como un hombre, marica

-Fernando Vallejo (sobre Alvaro Uribe, presidente de Colombia)

Fernando Vallejo es un provocador irredento, pero no lo es por el mero deseo de divertirse (aunque también se divierte, y mucho), o por el de adquirir notoriedad. Lo es porque cree profundamente en lo que dice, porque le importa mucho lo que piensa, y porque es un hombre de gran bagaje intelectual, cultural y emocional que sabe perfectamente, mejor que otros muchos, la cloaca infecta en que el ser humano ha convertido este desgraciado planeta Tierra. Y, tal como un entrevistado señala en este divertidísimo documental, dice esas terribles con maneras suaves, con voz calma y cordial, lo que le permite llegar más lejos que muchos otros.

Cuando Luis Ospina conoció a Vallejo, inmediatamente deseó hacer un documental sobre una figura literaria tan apasionante y polémica, y cuando por fin se lo encontró en una fiesta, se lo propuso sin más, a lo que el escritor accedió de inmediato. Entre ambos surgió una amistad profunda y un trabajo documental que explora, con excelente material gráfico, la personalidad de Vallejo y su relación con el arte, con Colombia, con los animales, con todo.

El dolor de la lucidez

Se puede hablar con dureza de lo que se ama, precisamente porque se ama. En una primera lectura al pensamiento y la obra de Vallejo, podemos quizá sentir rechazo por la bestial dureza conque Vallejo habla, sobre todo, de su Colombia. Es tanta, que parece que nos encontramos ante un tipo que sólo puede sentir bilis, desprecio, odio. Pero si nos fijamos con la mente bien abierta, observamos que es un hombre al que han destrozado el corazón, y que es un hombre de una mente y un alma inmensos.

Cuando Barbet Schroeder supo que existía un escritor que quizá podría proporcionarle material para un proyecto en Colombia, que era uno de sus sueños profesionales, leyó todo lo que había escrito y (tal como dice en este documental), fue un descubrimiento de similar calibre al que tuvo cuando conoció a Bukowski. Decidió adaptar ‘La virgen de los sicarios’, la feroz novela de Vallejo, y que fuera el mismo autor el que se encargara del guión. El resultado es uno de los filmes más descarnados e imprescindibles sobre la trágica actualidad de Colombia.

Sólo una vez pude ver ‘La virgen de los sicarios’, y nunca he leído la novela. No pienso volver a verla en mucho tiempo, ni tengo intención de leer la novela. Fue una experiencia demasiado real, demasiado intensa y dolorosa. Y si algún día me decido a leer la novela, me armaré de mucho coraje antes de empezar, pues si es la mitad de oscura y bestial que la película, tendré problemas para levantarme por las mañanas. No exagero si digo que es uno de los relatos más sórdidos y sinceros que jamás he conocido.

Algo de la elaboración de aquella película puede verse en este documental. Al lado de muchas otras escenas de la vida cotidiana y pública de un hombre que dice lo que piensa en lugar de pensar lo que dice, cuyos principios pueden ser chocantes a veces y siempre políticamente incorrectos, que ama con pasión a los animales (impresionante cómo cuida de su perra) y que desprecia con igual pasión a los políticos. Ospina le sigue, inasequible al desaliento, dispersando a menudo el objeto de su estudio, pero por ello haciéndole más humano, más real. El título está bien puesto, es un retrato incesante.

Adjunto todas las partes (9) de este documental, y además en alta definición. Lleva un tiempo colgado en internet sin problemas, por lo que podremos disfrutar de él sin temor a que lo retiren. Si el lector está en su puesto de trabajo, y no tiene la posibilidad de verlo, siempre puede dejar el audio, porque se disfruta casi de la misma manera.

De nada.

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