Esta es una de esas semanas que, por culpa de los siempre imprevisibles requiebros de lo que algunos conocen como destino, han empezado del peor modo posible para dejar una sensación enrarecida en el ambiente que, estando ya a martes, continúa estando mucho más presente de lo deseable. El desencadenante tuvo lugar el pasado domingo, cuando un accidente de helicóptero acabó con la vida de, además de otros creativos como Gaspi —que bien merecería un artículo dedicado exclusivamente a su figura—, el inclasificable Oliver Tree.
El artista multidisciplinar, que nos ha dejado a los 32 años de edad, siempre será recordado por el peculiar peinado del personaje que interpretaba cuando las cámaras estaban encendidas, a medio camino entre el mullet y el cazo, sus gafas de sol y su cortavientos morado y rojo extraído de una máquina del tiempo atascada en la transición entre las décadas de los 80 y los 90. Pero más allá de la fachada, Tree encerraba un talento que, tal vez, quedó injustamente opacado por su pertenencia al ecosistema youtuber y los absurdos prejuicios asociados a él.
Más allá del cazo con mullet
Siendo esta una web sobre cine, es relativamente claro que no vamos a hablar del bueno de Oliver usando su música como pretexto. Algo que, por supuesto, podríamos hacer sin ningún tipo de problema, tecleando una buena cantidad de párrafos hablando de los himnos que han calado tanto entre los Gen-Z como entre los Millennials más abiertos de mente —solo sus 'Alien Boy' y 'Life Goes On' podrían ocupar un análisis concienzudo sobre el impacto del californiano en la cultura pop contemporánea—.
En su lugar, vamos a reivindicar el potencial visual que volcó en los alrededor de 30 videoclips que dirigió, protagonizó y produjo desde el doblete que vio nacer esta faceta en 2018 con 'All That x Alien Boy': cuatro minutos con una inesperada narrativa, colores ultrasaturados, comedia física y, por encima de todo, un diseño de producción tremendamente ambicioso que incluye monster trucks, mini motos, bazokas, caballos y coches destruidos, todo ello envuelto por una planificación y un montaje con un nivel muy por encima de la media para un debutante.
El resultado de esta puesta de largo, a día de hoy, se cuantifica en 51 millones de visualizaciones, 25 250 comentarios y 800 000 likes en los ocho años que ha permanecido en YouTube el vídeo. Una primera piedra que sentó las bases de un estilo y unos valores de producción en constante crescendo hasta el debut de 'Flowers' hace tres meses, la última pieza de Tree en la que, ataviado de piloto, hace de las suyas en un desguace de aviones, cantando irónicamente entre dos helicópteros "Pon flores en mi tumba, porque te odiaré hasta el día de mi muerte".
Dos referencias a La montaña sagrada en 'Hurt'
Entre medias, Tree perfiló una filmografía marcada por el surrealismo, los ambientes con cierto poso onírico y una obvia cinefilia reflejada tanto en su lenguaje visual —en el que hay espacio para recursos setenteros como los whip pans y los power zooms así como para herramientas modernas como el look anamórfico— como en el uso de referencias directas a obras como 'La montaña sagrada' de Alejandro Jodorowsky, homenajeada en varios planos de 'Hurt', el que, a mi juicio, es su mejor trabajo como director.
Todas y cada una de sus piezas funcionan como algo más que complementos visuales a su música, con un storytelling transversal que fue cohesionando una suerte de universo personal que, en última instancia, terminó demostrando que el videoclip es mucho más que una herramienta de marketing, alzándose como una base perfecta para introducir a lo que podríamos denominar como "cine experimental" a un público que no se encuentra en el target de ese tipo de producciones.
Con los trabajos que nos pudo regalar en su breve, pero fructífero, paso por el planeta Tierra, el de Santa Cruz deja claro que, de haber podido gozar de unos cuantos años más entre nosotros —décadas, en el mejor y más justo de los casos—, podríamos estar hablando del relevo generacional de grandes referentes del medio como Spike Jonze o Michel Gondry. Por desgracia, no podremos comprobarlo de forma fehaciente pero, como Oliver nos cantó en 2021, la vida sigue adelante, y podremos disfrutarla, hasta que dure, salpimentada con su arte.
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