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Mia Sarah y mía la desgracia de haber perdido el tiempo en verla

Mia Sarah y mía la desgracia de haber perdido el tiempo en verla
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No creo ni que merezca la pena ensañarse con 'Mía Sarah', la opera prima de Gustavo Ron, pues supongo que no tendrá demasiado éxito. Pero sí que quiero molestarme en escribir unas líneas a modo de aviso para navegantes de que no vale la pena ir a verla. La película está hecha de forma muy cutre, pero eso se lo podríamos perdonar, pues no todo el mundo puede acceder a presupuestos millonarios, lo que ya no es tan perdonable es que el guión resulta al mismo tiempo simplón y pretencioso, muy visto y aburrido. Todo lo que podría haberse mejorado del guión gracias a la interpretación de los actores, a la realización – puesta en escena, encuadres, etc… — o al montaje, en lugar de enriquecerlo, lo que se ha hecho es sacarle aún menos partido del que se podría haber obtenido. Es decir, una obra que aspira a mucho y se queda en nada.

Marina (Verónica Sánchez) cuida de su hermano Samuel (Manuel Lozano) desde que sus padres murieron en un accidente de tráfico hace ya tres años. Desde entonces, Samuel padece de agorafobia por lo que no es capaz de salir de casa. Para intentar curarle, Marina contrata sin cesar psicólogo tras psicólogo, pero ninguno lo consigue. Además, Samuel y su abuelo Paúl (Fernando Fernán-Gómez) hacen todo lo posible para librarse de ellos. Cuando aparece en sus vidas Gabriel (Daniel Guzmán) todo comienza a cambiar, pues él tiene un método diferente con el que intentará curar a Samuel. Con lo que no contaba Gabriel era con enamorarse de Marina...

Aquí se puede ver el trailer. La forma en la que la película está rodada, montada y fotografiada no podría ser más rancia. La cutrez que mencionaba se nota en la pobreza de escenarios: casi siempre los mismos dos o tres lugares. Pero ya digo que no importaría si el film tuviese otros valores y ahora iré explicando por qué no los tiene. Con la música se ha intentado dar una sensación fantástica, de cuento, de fábula, pero –al igula que le ocurre a la realización— las piezas de la banda sonora son muy antiguas y pobretonas y la única sensación que queda al final es la de que hay exceso de música.

Ni siquiera los actores levantan la película. Daniel Guzmán está fatal en todo momento, casi rozando el ridículo. Y no creo que él sea mal actor, probablemente está mal dirigido. Manuel Lozano, el joven que hace de hermano de la protagonista no es que actúe mál, su personaje, teóricamente esquizofrénico, está dibujade de forma excesivamente naïve y, por lo tanto, no es nada creíble. Diana Palazón está muy sobreactuada. Podría parecer que Fernando Fernán Gómez debería ser lo mejor de la película, pero hasta los más grandes pueden hacer cosas que no merezcan la pena. Su actuación no es mala, pero dado que su personaje es un señor aburrido que no pinta nada y que cuenta batallitas antiguas y sin interés, tampoco logra salvar la película. Verónica Sánchez es la única que lo hace bien, pero ni siquiera su encanto llena la pantalla tanto como para perdonar otros defectos del film.

La trama es de una gran simpleza, casi como para hacer con ella un cortometraje y tampoco se ha dotado de otros elementos para enriquecerla y mantener el interés durante todo el largo. Lo que se ha hecho es estirar las situaciones hasta lo indecible y darle vueltas a lo mismo sin motivo. La subtrama de Diana Palazón, la exnovia de Daniel Guzmán, es un recurso que también huele demasiado a guionista principiante o a cortometraje. Pero además de simplón, el guión es muy pretencioso y tiene ínfulas de gran obra. Cierto es que contiene algún que otro chiste, no demasiado bueno, pero alguno tiene. Sin embargo, los pocos momentos que sobre el papel podrían ser graciosos, están rodados, interpretados y montados de manera tan plana que no producen humor ni una sola vez. O sea, que han estropeado los chistes.

En cualquier comedia romántica es previsible que los protagonistas se van a enamorar, sin embargo, lo que hace que funcionen como films de este género son los obstáculos que los personajes tienen ante su amor. En ‘Mia Sarah’ no hay tales obstáculos, sino que desde el principio está muy claro que a Marina le gusta Gabriel, cosa por otro lado comprensible, pues es bastante más guapo que ella y la joven tiene una vida de lo más solitaria. Por lo tanto, la teórica conquista de la mujer imposible no es tal, sino algo que ya sabemos que va a pasar y que simplemente tenemos que ver desarrollarse de forma muy lenta y aburrida. Aquí se ha intentado mostrar como obstáculo que ella no se conforma con nadie, pero esto está simplemente metido en un diálogo, no mostrado o transmitido: su actitud contradice al 100% estas palabras. Al no haber dificultad, no hay emoción romántica. No puede nadie sentir ese cosquilleo de ver una comedia de amor, pues no se ha planteado la pregunta de si acabarán juntos o de si lograrán enamorarse.

Aunque Sarah está presente en el título de la película, durante todo el metraje no se le da la más mínima importancia. Al final, todo el clímax depende de ella. Esto resulta un poco sacado de la manga. También es un poco absrudo que el psicólogo no se haya dado cuenta de que su paciente hablaba con el abuelo muerto. No estoy desvelando nada que sea un misterio pues, desde la primera aparición de Fernán-Gómez, la película deja muy claro que su nieta no lo ve ni lo oye, aunque su nieto sí que pueda verlo, hablar con él y escucharlo.

El guión tiene otros fallos, pero ya decía que tampoco vale la pena ensañarse. El verdadero problema ni siquiera son estos aspectos tan concretos, sino un resultado final que no emociona, que no atrapa, cuando es exactamente eso lo que han buscado los autores. A pesar de que todo está presentado como una fábula, no hay nada de magia ni de encanto. Parece como si a la película le faltase un hervor.

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