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‘Onward’: Pixar recupera plenamente su magia con una maravillosa fantasía épica
Críticas

‘Onward’: Pixar recupera plenamente su magia con una maravillosa fantasía épica

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Mantener un nivel de calidad cercano a la excelencia tras un cuarto de siglo de trayectoria es una gesta prácticamente imposible incluso para una compañía de tantísimo prestigio como Pixar. Aunque su maestría a la hora de narrar historias en imágenes haya quedado más que demostrada, es inevitable describir su historia como un camino de claroscuros en el que se ha alcanzado la gloria con cintas como 'Up' y se ha llegado a tocar fondo con producciones menos inspiradas como la trilogía 'Cars'.

Tras el estreno de 'Toy Story 4', fuimos muchos los que comenzamos a temer cierto encasillamiento, viendo cómo la "secuelitis" estaba pasando factura a un estudio animado al que podría no quedarle demasiado que decir. Un miedo a la falta de esa magia y sorpresas a las que nos habían malacostumbrado y que empezó a aflorar tras comprobar que tan sólo uno de sus últimos cinco largometrajes partía de una idea original.

Con la maravillosa 'Onward', Dan Scanion no sólo nos ha devuelto la esperanza, no diré perdida, pero sí mitigada, con intereses; también ha traído de regreso a la mejor Pixar gracias a una fantasía épica para enmarcar, poseedora de un poder cinematográfico único, diversión a raudales y toda esa emoción y corazón que sólo podrían ser moldeados en la fábrica de sueños de Jim Morris y Pete Docter.

Pura magia. Puro Pixar.

Onward 4

Es harto complicado describir 'Onward' de un modo que le haga justicia y  abarque toda su riqueza riqueza conceptual. Por muy extraño que resulte, puede que la forma más acertada de hacerlo sea tratando de imaginar una mezcla entre una partida de 'Dungeons & Dragons' de lo más intensa en clave road movie, un fuerte contrapunto cómico que, entre otros referentes, evoca a la delirante 'Este muerto está muy vivo' de Ted Kotcheff, y un entrañable toque de drama paterno-filial que termina de perfilar una película única en su especie.

Cuesta creer que una fórmula tan disparatada sobre el papel pueda llegar a buen puerto bajo ningún concepto. Probablemente, en manos de cualquier otro equipo responsable, una propuesta como esta hubiese terminado reducida a un espectáculo caótico con pocos pies y menos cabeza; pero la magia de Pixar —o más bien el inmenso talento de sus integrantes— la han transformado en una pieza que ubicar entre los grandes hitos del estudio.

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Si algo brilla en 'Onward' con especial fulgor, ese es el tratamiento y desarrollo de sus redondos personajes. La dinámica y personalidades del dúo de hermanos protagonista, interpretados por unos fantásticos Tom Holland y Chris Pratt, conforman, sin duda, el alma de la cinta, elevando la emotividad hasta niveles insospechados si se tiene en cuenta su cariz de entretenimiento sin, aparentemente, demasiadas pretensiones.

Y es que, con 'Onward', Pixar parece abrazar su lado más blockbuster, apostando plenamente por la diversión al enlazar frenéticas set-pieces con secuencias cargadas de humor para todas las edades mientras abraza los cánones roleros y los lleva a su propio terreno, moldeando un universo rico en detalles y con un lore enorme. Algo que no está reñido con que la emoción inunde su ajustado metraje y golpee con fuerza al patio de butacas.

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Puede que lo mejor de esto último sea la sutileza que reina en su tratamiento de la tragedia familiar que Ian y Barley cargan a sus espaldas, y en cómo el filme no necesita agredir al respetable con melodramas artificiosos y recursos lacrimógenos para resultar efectivo. Las simples elecciones de los protagonistas, sus relaciones y las que tienen con el mundo que les rodea son suficientes para encoger el corazón e invitar a derramar alguna que otra lágrima sin que se nos desdibuje en ningún momento una amplia sonrisa de los labios.

En 'Onward', Dan Scanlon y los guionistas Jason Headley y Keith Bunin nos instan a dejar atrás el pasado para, sin dejar que caiga en saco roto ni borrarlo de nuestros recuerdos, apreciar lo mucho que nos está ofreciendo el presente a cada momento. Esta lección bien podría aplicarse a Pixar; es el momento de dejar de recordar con nostalgia sus grandes éxitos para ir al cine con confianza plena cada vez que anuncien un nuevo estreno. Porque la llama sigue viva, y joyas como esta así lo confirman.

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