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'Outlander', un alien en la corte de un rey vikingo

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‘Outlander’ es un producto que se estrenó en noviembre del año pasado en nuestras salas. Pasó con más pena que gloria por las carteleras, y desde hace apenas un mes está disponible en DVD, por si algún alma caritativa decide llevarse esta película a casa a que adorne una de sus estanterías. Para mucho más no vale, y eso que hablamos de una película divertida. Pero no quiero ser malinterpretado, por divertida no me refiero a que sea una buena comedia, o un film de aventuras y Sci-Fi con toques cómicos, no.

‘Outlander’ es divertida porque es mala, rematadamente mala. Está tan llena de incongruencias, escenas mal filmadas, diálogos absurdos, situaciones imposibles, que yo al menos me he divertido de lo lindo riéndome de todo ello. Unas buenas palomitas (o cualquier bocadillo de lo que sea), una cerveza bien fría, una compañía adecuada (femenina o masculina, me da igual) y el sentido del humor aunado con la mirada crítica bien afinada, son los ingredientes perfectos para soportar el visionado de ‘Outlander’.

‘Outlander’ narra la llegada de una nave espacial a nuestro planeta, en la que viaja un guerrero llamado Kainan, llevando consigo una criatura infernal bautizada como Morween, la cual se escapa ocultándose en el bosque. Kainan se da cuenta de que ha aterrizado en la Tierra en plena época vikinga. Tras un curso intensivo de lengua vikinga (y que debe ser más doloroso que un cólico nefrítico), Kainan enseguida toma contacto con los lugareños, entre los que evidentemente no podrá faltar ni el típico rey sabio, ni el típico bruto, ni la típica mujer aguerrida y valerosa, que por supuesto acabará rendida ante los encantos de tan apuesto visitante.

La película está dirigida por Howard McCain, que también es uno de los autores del guión, sustituyendo al inicialmente previsto, Renny Harlin, quien curiosamente es director de otra de estas películas “divertidas”, ‘Cazadores de mentes’, con la cual ‘Outlander’ puede competir en despropósitos y disparates, proporcionando las mismas risas. McCain nos ofrece una batiburrillo lleno de elementos de películas conocidas y algún que otro libro. Para empezar, casi se podría decir que esto es un plagio fílmico de ‘Un yanqui en la corte del Rey Arturo’ de Mark Twain, haciendo los oportunos cambios de personajes y lugares (el protagonista además no es del futuro, es del espacio, que para el caso es lo mismo). El tufillo a ‘Depredador’ también existe, unas pizcas de ‘Alien’ y hasta de ‘The Host’, y sobre todo de ‘El guerrero nº 13’ (la infravalorada película de John McTiernan), añadiendo cosas de infinidad de films de “espada y brujería”.

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Todo ello no tendría demasiada importancia si McCain hubiera mezclado todas sus influencias en un cóctel con algo de esencia, creando algo nuevo, o al menos con un mínimo de calidad. ‘Outlander’ es ridícula por muchas razones que curiosamente nada tienen que ver con los elementos más fantasiosos del guión. Llega una nave del espacio, creíble; hay un monstruo, también creíble, aunque éste parezca un muñeco de feria fluorescente; no, lo verdaderamente preocupante es encontrar personajes planos hasta la saciedad, que éstos reciten diálogos que parecen improvisados o simplemente para que la película parezca sonora, a lo que hay que sumar situaciones que dejan a uno con la boca abierta (el ejemplo más escandaloso, el de la carrera sobre los escudos, que tal y como está narrada es más increíble que toda la parte de Sci-Fi del film).

En el reparto duele ver a dos actores como James Caviezel y John Hurt. El primero, que ha demostrado más de una vez que puede ser excelente, también ha intervenido en una cantidad de películas sin sentido que no aportan nada a su carrera, sino más bien todo lo contrario. Aquí nos pone una de sus típicas caras de sufrimiento, y con eso parece que le llega. Hurt, que por su parte también ha aparecido en muchos productos de menor categoría, tiene un currículum mucho más aprovechable que el de Caviezel, con menos resbalones. Aunque hay que decir que el John Hurt de ‘Outlander’ es irreconocible, regalándonos una de sus peores interpretaciones. Y así podría seguir con el resto del reparto, todos con personajes inexistentes con los que es imposible empatizar.

La película termina, de las cervezas y la comida poco queda, y las risas al menos me han hecho pasar el rato. No sé porqué pensaba que ‘Outlander’ podría ser un decente (lo justo, tampoco tenía las expectativas muy altas) film de Sci-Fi y aventuras. No ha sido así, y el precio he tenido que pagar. Ahora, me retiraré a mis aposentos a escribir sobre cierto Inspector de policía que es un completo desastre.

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