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'Lo que hacemos en las sombras': un delirante festín de comedia vampírica sin nada que envidiar a su predecesora
Críticas

'Lo que hacemos en las sombras': un delirante festín de comedia vampírica sin nada que envidiar a su predecesora

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Quién le iba a decir a Taika Waititi y Jemaine Clement que 'What We Do in the Shadows: Interviews with Some Vampires', aquél hilarante cortometraje vampírico en clave mockumentary que escribieron, protagonizaron y rodaron con cuatro duros en un ya lejano 2005, iba a darles tantísimo rédito y tantas alegrías en los más diversos formatos.

Primero fue el salto de la idea original del cortometraje al largo en una 'Lo que hacemos en las sombras' sencillamente brillante, que convirtió la última jornada del Festival de Sitges 2014 —edición en la que se llevó un merecidísimo Premio del Público— en un auténtico jolgorio rebosante de risas y aplausos; y más recientemente el asalto al medio catódico con el spin-off titulado 'Wellington Paranormal', menos refinado, pero igualmente disfrutable.

Para terminar de rematar la jugada, catorce años después del debut de los chupasangres neozelandeses, 'Lo que hacemos en las sombras' ha desembarcado de forma oficial en el panorama televisivo con una serie de diez episodios que, capturando la esencia más pura de sus fuentes originales, ofrece un festín cómico de primer nivel con muchísimo más cerebro del aparente, y que merece colarse entre las mejores producciones de la temporada 2019.

Genio neozelandés, escenario neoyorquino

Debo confesar que tras el bajón que supuso una 'Wellington Paranormal' que, pese a tener presente el código genético de sus responsables, se antojó un tanto descafeinada —tal vez las altas expectativas tuvieron gran parte de culpa—, tenía pocas esperanzas puestas sobre esta transición a la pequeña pantalla de 'Lo que hacemos en las sombras'; ya no sólo por lo genial de sus precedentes, sino por el extraño cariño que acabas cogiendo a sus protagonistas, ausentes en esta nueva versión.

La toma de contacto, pues, fue un tanto áspera. Escuchar una vez más ese temazo titulado 'You're Dead', de Norma Tanega, en el opening, y no encontrar después a Deacon, Viago y Vulvus fue un jarro de agua fría, pero el dúo de guionistas kiwis tan sólo necesitaron un capítulo para borrar todo trazo de desconfianza: 'Lo que hacemos en las sombras', en sus píldoras de 20 minutos de duración, no tiene nada en absoluto que envidiar a su hermana mayor.

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Tras un piloto que funciona como carta de presentación, Nandor, Laszlo y Nadja —el trío de vampirosa la antigua usanza protagonista, Colin —un vampiro energético que puede ser fácilmente lo mejor de toda la serie— y Guillermo —el pobre "familiar" de Nandor— terminan convirtiéndose en parte de la familia; funcionan a la perfección como personajes, son carismáticos, y demuestran que Waititi y Clement no han perdido ni una gota de su magia como guionistas.

Una vez sentadas las bases del show y presentados sus personajes, 'Lo que hacemos en las sombras', respetando fielmente la mitología del corto y el largo homónimos que la preceden, se esfuerza en ampliarla con nuevos conceptos, nuevos tipos de criaturas y una extensión del "lore" que aprovecha el cambio de escenario de Nueva Zelanda a New York para dar un último y acertado golpe de aire fresco al conjunto.

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Aunque, innovaciones aparte, lo verdaderamente importante es que la comicidad haya permanecido inalterable, y eso está asegurado en unos diez capítulos —ocho emitidos en el momento en el que escribo esta reseña— que, una vez finalizados, es inevitable considerar como escasos. Con un crescendo continuo en humor y calidad, una trama horizontal sencilla pero sobradamente cumplidora en una producción que, fácilmente, se sitúa entre lo mejor que nos ha dado el género en este formato recientemente**.

Después de devorarla en un par de sesiones como si fuese un vampiro famélico dándose un banquete de la mejor hemoglobina, no puedo hacer más que esperar a que la segunda temporada de 'Lo que hacemos en las sombras', ya confirmada, llegue lo antes posible. Porque no todos los días puedes ver una serie con lágrimas en los ojos fruto de las risotadas provocadas por un humor tan idiota como inteligente que sólo unos genios como Taika Waititi y Jemaine Clement pueden firmar.

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