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'Rush', no es la mejor...pero casi

'Rush', no es la mejor...pero casi
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Todos aquellos que, como servidor, llevamos siguiendo su carrera desde que lo descubriéramos siendo unos chavales con 'Un, dos, tres...Splash' ('Splash', 1984) hace casi tres décadas estamos más que acostumbrados a que Ron Howard nos de una de cal y varias de arena, poseyendo el pelirrojo realizador estadounidense una de las trayectorias más irregulares del cine de primera fila, con piezas ejemplares de espectáculo y filmes que uno volvería a ver sólo bajo una serie de determinadas circunstancias que, ahora mismo, no sería capaz de poner en pie.

Y si he de suponer que entre estos últimos, las voces serían unánimes a la hora de señalar con el dedo a naderías como 'El Grinch' ('How the Grinch Stole Christmas', 2000), 'Ángeles y demonios' ('Angels & Demons', 2009) o '¡Qué dilema!' ('The Dilemma', 2011) —una terna a la que yo añadiría la sosísima 'Cinderella Man. El hombre que no se dejó tumbar' ('Cinderella Man', 2005)— es a la hora de elegir cuáles se cuentan como sus mejores producciones cuando las cosas se ponen más complicadas.

Rush 1

Con bastantes títulos donde elegir, pero no queriendo que esto se convierta en una exégesis sobre el cine de Howard previa a los comentarios sobre su último filme, nombraré de forma sucinta aquellos cinco que cuento entre mis predilectos. Una selección que empezaría, por supuesto, por 'Willow' (id, 1988), seguiría con la espectacular 'Llamaradas' ('Backdraft', 1990) —que quizás se pasa en su vertiente dramática, pero tiene unas secuencias de incendios ejemplares— 'Apolo 13' ('Apollo 13', 1995), una cinta que ha ganado bastante a cada nuevo visionado, 'Rescate' ('Ransom', 1996) —lo sé, es más placer culpable que otra cosa— y, cómo no, la magnífica 'El desafío. Frost contra Nixon' ('Frost/Nixon', 2008), un filme intenso en el que la dirección de Howard es especialmente notable.

De hecho, ésto último que he afirmado con respecto a la cinta de 2008 es lo que se podría aplicar a 'Rush' (id, 2013) una producción que, en buena parte, se sostiene por la impresionante labor que Ron Howard efectúa tras las cámaras, firmando uno de los trabajos con más brío de su cinematografía y demostrando así a los más escépticos —y a sus acérrimos detractores, que alguno seguro que anda suelto por ahí— que tras treinta años tirándole los tejos a toda clase de géneros, todavía le quedan en la recámara muchos cartuchos por gastar.

Rush 2

Trasladando de forma precisa un guión que alterna con sabiduría la carga dramática y personal de las vidas de James Hunt y Niki Lauda con aquellos momentos mucho más agradecidos desde el punto de vista visual en los que se nos mete de lleno a los espectadores en el fragor y la velocidad de vértigo de las carreras, tanto la dirección de Howard como el sobresaliente montaje llevado a cabo por los eternos colaboradores de Howard, Daniel P.Hanley y Mike Hill, despuntan en éstas últimas, logrando transmitir una energía asombrosa a la platea.

Nada ajena a ella es, como cabía esperar la partitura de Hans Zimmer, una composición que nos acerca a tiempos pretéritos del músico teutón, con formas que parecen directamente extraídas de lejanos pentagramas suyos como, evidentemente, 'Días de trueno' ('Days of thunder', Tony Scott, 1990), 'Llamaradas' o 'Marea roja' ('Crimson Tide', Tony Scott, 1995) por citar sólo tres del abundante cúmulo de scores adrenalínicos que el alemán componía hace ya dos décadas.

Rush 3

Pero no todo es relumbre en 'Rush', y la cinta da cuenta de sus momentos más irregulares en gran parte del reparto —que no todo—, con secundarios poco agraciados como la hermosa Olivia Wilde, que se limita a pasear palmito, y dos intérpretes principales entre los que se abre un abismo: si bien el papel de ese "viva la vida" que fue James Hunt le va como anillo al dedo a Chris Hemsworth, no es menos cierto que la cada vez que la cinta se centra en él el interés por la trama decae varios enteros, no sucediendo lo mismo con un Niki Lauda que en la piel de Daniel Brühl sólo puede ser calificado como fascinante.

A la espera de saber qué nos deparará esa incursión en el universo de Herman Melville que será 'In the Heart of the Sea', 'Rush' es, como decía, un espléndido ejemplo de lo que Ron Howard puede dar de sí en la gran pantalla cuando se lo propone, quedándose el filme a las puertas de haber entrado en mi particular top five del cineasta. Todo un logro para alguien que en los últimos años había dado señales de haber perdido completamente el norte con esos despersonalizados blockbusters que habían sido las adaptaciones de ciertas multimillonarias noveluchas.

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