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'Scott Pilgrim contra el mundo', nostalgia y frenesí

'Scott Pilgrim contra el mundo', nostalgia y frenesí
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I´m in lesbians with you. (Scott Pilgrim)

A falta de descubrir los resultados de la encuesta sobre cine y cómic, creo que todos estamos más o menos de acuerdo en que las adaptaciones más fieles, las que más se ciñen al relato en el que se basan, no se corresponden con las mejores películas; dicho de otro modo, trasladar al cine una obra (ya sea un cómic o una novela), con el mayor respeto, manteniendo su esencia, no debe significar esclavizarse a ella. Sin embargo, desde que Robert Rodriguez apostara por adaptar ‘Sin City’ a la gran pantalla, calcando la fotografía, el aspecto de los personajes, los encuadres, los diálogos…, en definitiva, calcando viñetas, otros se han apuntado a hacer lo mismo, pensando que es la mejor opción posible. Tiene sus ventajas, desde luego, por un lado te ganas a los fans de la obra (si son numerosos no conviene enfadarlos) y por otro, tienes parte del trabajo casi hecho, nada que ver con adaptar una novela, donde solo puedes jugar con las palabras y tu imaginación.

‘Scott Pilgrim contra el mundo’ (‘Scott Pilgrim Vs. The World’) es otra adaptación que trata de trasladar un cómic lo más fielmente a la pantalla, hasta el punto de incluir las onomatopeyas (como en la serie de Batman de los años 60) e incluso algunas viñetas intactas. Edgar Wright, director y co-autor del guión (junto a Michael Bacall), se aferra desde la primera escena a la obra original creada por Bryan Lee O´Malley, siguiendo la acción de los tres primeros volúmenes de la serie (el último se publicó este mismo año) prácticamente al pie de la letra; durante gran parte del film se tiene la sensación de estar leyendo el cómic. Scott Pilgrim (Michael Cera) es un vago veinteañero que toca el bajo en un banda de rock llamada Sex Bob-Omb. Al poco de comenzar una relación con Knives Chau (Ellen Wong), que aún va al instituto, Scott conoce a Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead), literalmente la chica de sus sueños. El problema, aparte de tener que cortar con Knives, es que salir con Ramona no es nada fácil, sus siete exnovios controlan su vida sentimental y no son nada amistosos.

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Sin menospreciar lo más mínimo el gran esfuerzo ni el ingenio que supone su uso, queda claro una vez más con ‘Scott Pilgrim contra el mundo’ que gracias a los avances técnicos, lo menos complicado a la hora de adaptar un cómic es copiar su apariencia, su estética y sus imágenes. Lo difícil es captar la esencia, la vida de la obra, eso que la hace especial, por lo que merece la pena dejarse llevar, y a partir de ahí crear un relato cinematográfico. Por supuesto, no hay una fórmula, no hay una sola manera de hacerlo, y trasladar ilustraciones a la pantalla no es necesariamente una mala idea, un recurso fácil, cobarde o erróneo; puede que sea exactamente lo que pide esa historia en ese momento. Además, por pura lógica, si se está adaptando al cine un cómic, éste contendrá imágenes atractivas y situaciones imaginativas, por lo que resulta absurdo prescindir de ellas.

Relacionado con la esencia, que por definición no es algo físico, o sea comprobable, hay un aspecto importante en las adaptaciones que resulta igualmente conflictivo (y tampoco medible) en el que considero que Edgar Wright se equivoca por completo al narrar la historia de Scott Pilgrim: el ritmo. Suele ocurrir que por querer abarcar todo lo que se narra en una obra, con todo lujo de detalles, se obtiene una película descompensada, amorfa, que avanza de manera atropellada y que no permite algo esencial como es pararse a contemplar, a entender y vivir en ese universo ficticio. Algo que sí permite un libro o un cómic. Así ocurre a veces que la adaptación resulta fácil de digerir para los conocedores de la obra original, al procesar una información que ya conocía previamente, mientras que para los demás puede suponer una experiencia molesta, ver una película que intenta emocionar con escenas que no han sido preparadas adecuadamente y personajes que apenas han sido presentados.

Wright traslada todo lo que puede a la pantalla (cuando podría haber quitado villanos) y lo hace de manera tan veloz que hay veces que uno no llega a asimilar lo que se le está contando; no obstante su mayor error es que no es capaz de mantener el ritmo, acelera y ralentiza la narración de forma brusca, torpe, saltando de una situación a otra de manera apresurada, más preocupado por llamar la atención con los efectos visuales y los detalles nostálgicos que por los personajes y sus conflictos. En este caso, el cineasta puede permitirse el lujo de avanzar con rapidez por una historia muy sencilla, en la que no es posible perderse, pues a grandes rasgos ha sido contada millones de veces, no hay ninguna necesidad de leer ni una página del cómic. Básicamente, el cómic es “chico conoce a chica”, y Wright lo respeta, pero no comprende el fondo, no se da cuenta que en las singularidades está la gracia del relato, y al hacer la historia más convencional, quitando detalles y aplanando personalidades, la hace menos interesante.

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Como en sus anteriores largometrajes, (‘Zombies Party’ sigue siendo su mejor trabajo) el realizador inglés cubre el expediente romántico con prisas y desgana, porque su deseo es mezclar acción, chistes y referencias culturales de manera explosiva, componer un trepidante cóctel cinematográfico que no dé respiro al espectador. Y ocurre que llega a cansar, porque Wright abusa demasiado de un limitado repertorio de soluciones visuales, por lo que acaba resultando un producto repetitivo; son menos de dos horas, pero ‘Scott Pilgrim contra el mundo’ llega a parecer interminable, curiosamente a partir de que agota el cómic y tiene que volar por sí mismo. Dicho esto, hay que reconocer que Wright acierta en gran medida recreando el universo de Scott Pilgrim en una película que (como señalaba mi compañero Alberto Abuín) se nutre de los recursos del cómic y el videojuego (Mario Bros.), y que saca partido a un extenso y fantástico reparto, destacando sobre todo las divertidas interpretaciones de Michael Cera, Kieran Culkin, Alison Pill, Chris Evans, Brandon Routh, Jason Schwartzman y Thomas Jane (cameo estelar). Apuntaba más alto, pero entretiene.

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