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'Señales', miedo y esperanza

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“Te lo diré de otra forma. ¿Es posible que no existan las coincidencias?”

(Graham Hess)

Ahora que parece que se han vuelto a poner de moda las historias sobre extraterrestres, he querido echar mano de mi deuvedeteca y rescatar la que para mí es la mejor película que se ha hecho sobre el tema desde ‘Encuentros en la Tercera Fase’ (‘Close Encounters of the Third Kind’, 1977). El estadounidense M. Night Shyamalan (cuyo verdadero nombre es Manoj Nelliyattu Shyamalan) está atravesando el peor momento de su carrera, pero al igual que ocurriera con el mítico Alfred Hitchcock (con el que comparte un extraordinario talento para crear suspense), puede estar seguro que su obra se asentará y cobrará importancia, que el tiempo le pondrá en el lugar que se merece. Coincido con muchos en que el realizador de origen indio atraviesa un bache artístico importante, pero solo desde ‘El incidente’ (‘The Happening’, 2008), y en todo caso no conviene olvidar que pocos cineastas actuales pueden presumir de contar con cinco joyas en su filmografía, además rodadas en un período de apenas diez años.

Con unos 70 millones de presupuesto (una cifra inferior a lo que suele costar un blockbuster de Hollywood, en torno a los 100, 150), una fuerte campaña publicitaria y el por aquel entonces estelar Mel Gibson al frente del reparto, recuerdo que ‘Señales’ (‘Signs’, 2002) se quiso vender como el verdadero regreso del director de ‘El sexto sentido’ (‘The Sixth Sense’, 1999), intentando borrar la huella del fiasco comercial que supuso ‘El protegido’ (‘Unbreakable’, 2000, para mí su mejor película), cuando en realidad Shyamalan seguía siendo fiel a su estilo, su forma de narrar; el resultado fue un considerable éxito de taquilla y un incremento de detractores del director. Desprovista de sofisticados efectos visuales y complicadas secuencias de acción, pero fuertemente armada con herramientas fundamentales como un sólido guión, una fantástica puesta en escena y unas inspiradas interpretaciones, ‘Señales’ es el triunfo del cine como arte para contar historias.

Una pesadilla realista, una familia auténtica

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La idea esencial de la película, originada a raíz del interés de Shyamalan por esas famosas figuras aparecidas en los campos de trigo (relacionadas con temas sobrenaturales), era relatar el inquietante contacto con una raza extraterrestre desde el punto de vista de una familia, en una casa en medio del campo. Como aclara en uno de los reportajes incluidos en el DVD, el cineasta encontró la inspiración para construir su relato en tres películas de terror que le resultan fascinantes: ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’ (‘Invasion of the Body Snatchers’, 1956), ‘Los pájaros’ (‘The Birds’, 1963) y ‘La noche de los muertos vivientes’ (‘Night of the Living Dead’, 1968). En las tres, los personajes ven alterado su mundo por completo tras la repentina aparición de siniestros hechos extraordinarios, sin explicación, sin vuelta atrás, y comprenden que lo que parece una inofensiva pesadilla es sin embargo terriblemente real, y tienen que hacerle frente. No cabe duda que a la que más se asemeja ‘Señales’ es a la película de Hitchcock, en especial desde que la acción se centra en la casa.

Si hay otro director con el que claramente Shyalaman comparte algo, es con Steven Spielberg, y esto queda patente si uno compara ‘Señales’ con ‘La guerra de los mundos’ (‘War of the Worlds’), estrenada solo tres años después, pero también si vamos un poquito más lejos y nos fijamos en la ya citada ‘Encuentros en la tercera fase’ o ‘E.T.’ (‘E.T.: The Extra-Terrestrial’, 1982). Shyamalan adora las historias que viene contando Spielberg desde hace décadas, y en concreto le interesa cómo introduce la trama fantástica en un entorno dramático que suele involucrar a una familia, que aporta sus propios conflictos; personajes corrientes con problemas corrientes que cualquiera va a entender y compartir, va a sentir como posibles y reales, lo que va a facilitar una conexión que favorece el disfrute de la película. De ahí que en ‘Señales’ no preste tanta atención al alienígena (al que solo veremos con claridad en una sola secuencia) ni a las naves, que apenas aparecen sugeridas en las imprecisas imágenes de los telediarios o ilustradas en un libro (de dudosa credibilidad); no hay planos para que el espectador se fije en los efectos visuales, pues no es a lo que debe prestar atención.

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En otras películas importan los diseños de los extraterrestres y las naves, el enfrentamiento violento y espectacular con los humanos; no en este relato, aquí de lo que debe preocuparse el espectador es de los cuatro miembros que componen la familia protagonista, a los que dan vida unos muy inspirados Mel Gibson, Joaquin Phoenix, Rory Culkin y Abigail Breslin (al igual que Spielberg, Shyamalan es muy hábil dirigiendo niños). La de los Hess es una familia que atraviesa una etapa de crisis, como se sugiere desde el inicio (el grito de la niña provoca una reacción desmedida en el padre, que al incorporarse de la cama cubre con su rostro una foto donde aparece la madre, a la que solo veremos en un flashback), y viven prácticamente aislados del mundo tanto física como emocionalmente, en un casa de estilo victoriano (construida específicamente para el film) junto a unos campos donde se cultiva maíz (porque el tallo es mucho más difícil de doblar que si se tratase de trigo, así es más extraño lo que ocurre), lugar donde van a aparecer las inquietantes señales que dan título a la película.

No es el único sentido. Aparentemente, el reverendo Graham (uno de los más complicados y mejores papeles de Gibson) perdió la fe tras el fallecimiento de su mujer en un desafortunado accidente ocurrido seis meses atrás, pero es pura fachada, en realidad sigue creyendo en la existencia de un ente divino, solo que han cambiado sus sentimientos hacia él, como revela entre susurros durante la tensa secuencia del sótano; no ve señales de su presencia en la Tierra, cree que los ha dejado solos, y por eso le consume el miedo ante la aparición de los alienígenas, está seguro que no hay salvación. A diferencia de su hermano mayor, Merrill (con esa mezcla de ingenuidad, rareza y energía que siempre aporta Phoenix) sí cree que hay “algo” que los protege, cree que todas las cosas pasan por alguna razón, así que tiene esperanza, fe en que todo acabará bien, lo que le mantiene fuerte en los momentos más oscuros. No será hasta el final, y después de que Merrill le haya reprendido (“no quiero volver a ver esos ojos”), cuando Graham logra encajar las piezas y entender el gran mensaje que se escondía en las últimas y superficialmente inconexas palabras de su amada esposa.

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Cuenta Shyamalan que en un principio imaginó ‘Señales’ sin música (de hecho, le suele pasar con todas), pero al hablar con su amigo James Newton Howard, y darse cuenta de que éste entendía perfectamente lo que quería llevar a cabo, le pidió su colaboración. Para los que albergan alguna duda sobre qué opción era preferible, en el DVD hay una escena del final con y sin acompañamiento musical, y resulta de lo más evidente lo mucho que ayuda la composición de Howard, se integra (hasta el punto de ser imposible separarlas) y aporta una gran energía a la historia, la hace más emocionante. También contribuye a crear la atmósfera necesaria en los muchos momentos de suspense que tiene el film, gracias a la cuidada puesta en escena del director, que no deja nada al azar (sus guiones y sus storyboards son muy precisos), y a su concepción del terror; prefiere sugerir, que el espectador imagine, antes que mostrar. Creo que su única equivocación importante es haber participado como actor, un cameo habría sido más acertado, pero por lo demás, estamos ante el trabajo intachable de un cineasta impresionante, que ojalá recupere pronto su mejor versión. Una joya de la ciencia-ficción, del terror, y del cine en general.

4,5

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