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Sitges 2010 | 'Mother´s Day' (Darren Lynn Bousman) y 'Notre Jour Viendra' (Romain Gavras)

Sitges 2010 | 'Mother´s Day' (Darren Lynn Bousman) y 'Notre Jour Viendra' (Romain Gavras)
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En principio, parece obvio que lo más importante en un festival de cine es, pues eso, el cine; que la programación esté repleta de títulos atractivos, interesantes, firmados por los mejores directores o muy prometedores debutantes. Pero cada vez tengo más claro que en realidad todo esto es algo secundario. Para los organizadores lo fundamental, ante todo, es que se hable del festival. Es lo más importante, que los medios hablen, que haya ruido (famosos, polémica, reseñas en todas partes). ¿La cosecha ha sido mala y se han traído muchas películas mediocres? ¡No pasa nada! Se camufla, se adorna, se retuercen las palabras, se busca la peculiaridad, y se justifica todo. Mucha gente se cree cualquier cosa si está bien escrito.

Así que la misión es atraer a la prensa. La polémica funciona muy bien como cebo, ya hemos visto el caso de 'A Serbian Film', pero hay algo más fácil y a lo que puedes recurrir durante más días: los famosos. Lo sabéis bien, al final lo que importa, de lo que se habla en los medios, no es de lo que se ha visto en un festival, sino de quién ha ido (y cómo ha ido, alimento para las hienas de la prensa y la televisión). Al igual que el año pasado, la jornada más animada de Sitges 2010 estuvo protagonizada por la visita de un actor de la saga 'Crepúsculo'; Kellan Lutz se paseó por el festival con la excusa de la presentación del DVD de 'Eclipse'. Así funciona esto. Cabe señalar que también estuvieron Joe Dante o Tom Savini (sin trabajo nuevo bajo el brazo), pero hubo otros invitados cuya presencia no tuvo mucho sentido, al margen de para llamar la atención de los medios.

'Mother´s Day', los cachorros de una psicópata

Rebecca de Mornay fue una de esas invitadas. La actriz estadounidense estuvo en Sitges para recoger un premio (una "Máquina del tiempo") y para presentar, junto al director Darren Lynn Bousman, 'Mother´s Day', la película encargada de clausurar la 43ª edición del certamen. Un cierre un tanto endeble, pues no estamos hablando de un título rodeado de gran expectación, y tampoco se trata de un relato fantástico o de terror, con lo cual tampoco casa con los que se supone que son los géneros del festival; para redondear, ni siquiera es original, se trata de un remake de 'El día de la madre' (1980), dirigida por Charles Kaufman. Pero ahí estaba De Mornay, muy guapa, así que ahí estaban las cámaras, los aplausos y las caras contentas. Lo que os digo: el cine es lo de menos.

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Dicho todo esto, lo cierto es que 'Mother's Day' fue una de las películas más entretenidas que pude ver en Sitges. Bousman ('Saw II', 'Repo! The Genetic Opera') narra con buen pulso un relato centrado en personas corrientes de carne y hueso, que sin embargo, en determinadas circunstancias, pueden ser capaces de los actos más salvajes. La trama nos presenta a un grupo de siete amigos (tres parejas y una chica) que celebran una pequeña fiesta en la casa de dos de ellos, recién comprada. Todo da un giro cuando los hijos de la antigua dueña llegan a la vivienda, pensando que aún podían refugiarse allí. Son criminales y acaban de atracar un banco; están muy nerviosos, el robo ha salido mal, uno de ellos está malherido y su casa ya no es suya.

Así llegamos a una desesperada situación de secuestro. La tensión se reduce cuando aparece la madre, a la que da vida una impecable De Mornay. Ella controla a sus hijos e intenta tranquilizar a los secuestrados, pero nada va a ser fácil desde que descubre que sus hijos le han estado enviando dinero a esa casa. Gritos, golpes, tiros, quemaduras, cortes... se desata una lucha por la supervivencia. La película mantiene el interés mientras se basa en la tensión que viven los protagonistas, y la violencia sólo explota en momentos puntuales, pero llega un momento en el que el relato empieza a flojear y se pierde por la senda de la sangre fácil. Empiezan las muertes, algunos personajes parecen indestructibles (las balas y los cuchillazos son como picaduras de mosquito) y ya sólo importa saber cómo acabará todo (hay un epílogo ridículo, por cierto). Un thriller correcto, a ratos muy intenso, al que le falta un guión más elaborado.

'Notre Jour Viendra', la rebelión de los pelirrojos

Vincent Cassel también acudió a Sitges por extraños motivos. El popular actor francés se llevó otro premio del festival (uno honorífico por toda su carrera, como si el hombre estuviera al borde la muerte) y también presentó una película, la pena es que no fue 'Black Swan' (que ya se ha paseado por varios festivales y creo que encajaba bien en el catalán) sino 'Notre Jour Viendra' (también llamada 'Our Day Will Come', en español "Nuestro día llegará"), el debut en el largometraje de Romain Gavras, hijo del prestigioso realizador Costa-Gavras. Su ópera prima es un film de difícil clasificación, una peculiar "road movie" con humor, drama, crítica y violencia, sobre dos pelirrojos que, a grandes rasgos, intentan escapar de Francia. Destaca por lo atípico de su propuesta y por el divertido personaje de Cassel, pero cuesta llegar concentrado al último tramo de la película, hay muchas situaciones irrelevantes y minutos huecos en su metraje.

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Escrita por Gavras y Karim Boukercha, 'Notre Jour Viendra' gira en torno a Rémy (Olivier Barthelemy, joven promesa del país vecino que recuerda a Jesse Eisenberg), un chico solitario que sólo se relaciona con una amiga gótica que ha conocido en un chat (se llevará un pequeño chasco con esto). Una noche estalla y se escapa de casa, sin nada, sólo por huir. Así conoce a otro solitario, Patrick (formidable Cassel), un psicoanalista sin empatía al que ya le aburre todo. Patrick ayuda a Rémy, le convence de que son víctimas de la sociedad, porque son pelirrojos, y le anima a cambiar de vida, a hacer lo que quiera sin pensar en las consecuencias, a romper las normas y algunas narices si es necesario. El primer tramo de la película está bastante bien, presenta a los personajes y la necesidad del viaje, pero luego se atasca, como si Gavras no supiera cómo continuar, y tiene a sus protagonistas hablando y avanzando sin mucho sentido. Al final vuelve a recuperar el tono y ofrece unos últimos minutos vibrantes, de gran fuerza visual y emocional. Entusiasmará a los que busquen algo diferente, y por supuesto a los fans del cine europeo.

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