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Sitges 2019: 'Noche de bodas'. Un cuento retorcido y más sofisticado de lo que aparenta
Críticas

Sitges 2019: 'Noche de bodas'. Un cuento retorcido y más sofisticado de lo que aparenta

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'Noche de bodas' parte de una poderosa premisa que ya de por sí sola justifica el viaje. No es especialmente original (de hecho, como veremos, rinde homenaje a una larga tradición de la cultura del mystery), pero su enfoque y su explosivo sentido del humor sí lo son. El resultado es una película que sabe a ya catado pero no manido, a familiaridad pero no a agotamiento.

'Noche de boda's juega a la broma negra desde su mismo punto de partida, pero enhebra una crítica anti-1% (ese porcentaje de la población que se reparte el 82% de la riqueza) no especialmente sutil, pero sí muy efectiva y cáustica. Este vestido de novia no está cosido con exquisito hilo blanco, sino con alambre de espino, y se asienta en la tradición de la frase popular "Cómete al rico", tan directa como la sentencia de Rousseau que la inspira ("Cuando el pueblo no tenga nada más que comer, se comerá a los ricos", que por supuesto inspiró el slogan zombi de Romero) y tan ruidosa como la canción de Motörhead 'Eat the Rich'.

Pero también conecta con la tradición que siempre ha estado presente en el fantástico y géneros aledaños que advierten de lo poco dignos de confianza que son los poderosos. Empezando por 'El malvado Zaroff', sobre la que luego volveremos, y terminando por la reciente 'Déjame salir' (con puntos en común argumentales con 'Noche de bodas', pero muchísimo más politizada), y pasando por hitos de la serie B como 'Society' o 'Están vivos', que tienen en común la destrucción de la metáfora: los ricos son realmente monstruos que literalmente se comen a las clases humildes.

Todo este conglomerado de influencias se da cita en 'Noche de bodas', que cuenta la estrafalaria y aparentemente inocua prueba que tiene que pasar la flamante esposa del heredero de un emporio familiar (ellos prefieren llamarlo "dominio") de juegos de mesa. Una partida de escondite que arranca de la forma más inocente, pero que pronto desvela su macabra y auténtica cara: los Le Domas perseguirán armados a Grace (Samara Weaving) para ejecutarla.

La violentísima pero cómica persecución obligará a Grace a tomar cartas en el asunto mientras huye de sus perseguidores, que están retratados con una mala uva considerable. A diferencia del citado Zaroff de la mítica película de 1932 que popularizó la idea de "la caza del hombre", y que es un cazador superdotado, los Le Domas son unos depredadores pésimos, y tienen que andar mirando tutoriales de Youtube para aprender a manejar las armas. Es uno de los puyazos más ingeniosos del film: los ricos lo son por vanidosos, despiadados e inmorales, pero desde luego no por su talento.

'Noche de bodas': El club del misterio

Pero es en la ambientación donde 'Noche de bodas' saca su mejor baza. Los Le Domas y su imperio juguetero están claramente inspirados en familias dedicadas al negocio, como Parker Brothers. No solo eso: la ambientación, el humor, el ritmo es casi de whodunit desenfrenado al estilo de las novelas de misterio de principios del siglo pasado, las llamadas mystery, y su sardónica ironía hace referencia al mítico 'Cluedo', inspirado en esas mismas novelas, y al que se rinden múltiples homenajes, empezando por el arsenal de armas que incluye revólveres cien por cien cluedistas, como el pimentero.

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Es ahí donde brillan con fuerza aspectos como la extraodinaria interpretación de Samara Weaving, en perfecta sintonía con el humor de la película, algo que captan también espléndidos secundarios como Andie McDowell o Adam Brody. O la sensacional fotografía de Brett Jutkiewicz, imitando con cariño e ironía el celuloide clásico de las películas de crímenes.

'Noche de bodas' no es perfecta, por supuesto: a veces se pasa de tibia y pese a cierta sofiscticación en su narrativa, no es tan inteligente como ella misma cree. Pero compensa la falta de sutilidad (que tampoco ha pedido nadie) con un enfoque visceral, y lo que queda es una simpática miniatura intrascendente, que juega muy bien con sus referencias y lleva de nuevo la ultraviolencia a las mansiones decadentes de los millonarios.

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