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'Star Trek: en la oscuridad', espectacular secuela

'Star Trek: en la oscuridad', espectacular secuela
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Sin entrar en consideraciones de si 'Star Trek' (id, J.J.Abrams, 2009) servía o no a los propósitos de la Paramount de reiniciar la saga galáctica con un golpe de autoridad —creo que ya deje muy clara mi opinión al respecto con la última entrada del especial que he dedicado a la serie de filmes—, lo que era muy evidente es que todos aquellos que quedamos encandilados por la espléndida propuesta de Abrams esperábamos como agua de mayo que el cineasta volviera a montarse a bordo del Enterprise para seguir narrándonos las aventuras de estos nuevos Kirk, Spock y compañía.

Pero al ansia por volver a explorar el renacido universo se unía el natural temor que siempre va asociado a las secuelas, un temor que, qué duda cabe, en esta ocasión venía acrecentado por el hecho de que a Alex Kurtzman y Roberto Orci, los guionistas de la primera entrega, se uniera Damon Lindeloff, inefable responsable de ese esperpento que fue el año pasado 'Prometheus' (id, Ridley Scott, 2012). Afortunadamente, todos nuestros temores eran infundados.

Star Trek I

Tras un espectacular arranque a lo Bond cuyas consecuencias se dejan sentir en los primeros minutos de proyección, la cinta no tarda mucho en presentarnos a aquél que roba todo el protagonismo cada vez que aparece en pantalla: Benedict Cumberbatch, un villano bigger-than-life como no ha habido otro antes en el universo trekker y en el que el actor da una lección de interpretación combinando una enorme humanidad con el impresionante talante que demuestra cada vez que debe medir fuerzas con los dos actores principales de la función, unos Chris Pine y Zachary Quinto que, aun haciendo un trabajo mejor que el que les vierámos en la primera parte, no son rivales para lo que el británico pone en juego.

Con John Harrison —el nombre del personaje de Cumberbatch— como centro alrededor del cual orbita toda la trama, 'Star Trek: en la oscuridad' ('Star Trek: Into Darkness', 2013) continúa sirviendo de claro ejemplo de cómo hacer cine comercial de calidad en el que no sólo los efectos visuales y las epatantes escenas de acción —visualizadas con diáfana narrativa por la magnífica dirección de Abrams —se apropien de todo el protagonismo, dando la cinta suma importancia a todos y cada uno de sus personajes.

Star Trek II

Sólo así se explica que todo miembro de relevancia de la tripulación del Enterprise tenga su momento de gloria, ya sea grande o pequeño, dentro del entramado que la cinta va desarrollando, consiguiendo la terna de guionistas poner en boca de todos ellos alguna línea de diálogo de esas que hacen esbozar una sonrisa al aficionado en general y al trekker en particular ya sea por el sarcástico tono con el que Karl Urban sigue interpretando a Bones, ya por el espléndido alivio cómico que sigue siendo Simon Pegg sin caer en el ridículo, ya por las tiranteces entre Spock o esa felina Uhura encarnada por Zoe Saldana, ya por la simpatía que derrochan John Cho y Anton Yelchin como Sulu y Chejov, llevándose de nuevo la palma en cuanto a "chulería" bien entendida y rebosante carisma el capitán Kirk interpretado por Pine.

La alternancia, como ya ocurriera en el anterior filme, de epatantes y soberbias set-pieces —aquí hay varias a cada cual más espectacular— con los necesarios momento para exposición de la trama sigue funcionándole a la perfección a Abrams para que el público logre identificarse con los personajes hasta tal punto, en el caso que nos ocupa, que a la facilidad de empatizar con cualquier de los "buenos" se une la impresionante fuerza con la que se puede hacer lo propio con el personaje de Cumberbatch, un villano en cuya ambigüedad radica gran parte de su grandeza.

Star Trek III

Si 'Star Trek: en la oscuridad' no consigue estar a la misma altura que su genial antecesora, se queda a escasa distancia de conseguirlo no por demérito de lo que el filme es capaz de ofrecer —considerada de forma aislada la cinta funciona a las mil maravillas— sino porque el ritmo del metraje adolece de cierto descenso en los momentos posteriores al adrenalínico prólogo y en la comparación con lo que hizo para 'Star Trek', la partitura de Michael Giacchino no es capaz de añadir nuevas sonoridades al espectacular universo musical creado para la primera parte —aunque eso no signifique en ningún momento que la partitura no le vaya como anillo al dedo a las imágenes—.

Detalles, por otra parte, que no suponen algo más que unas décimas de descenso en una película sobresaliente que, a la vista de lo que fue capaz de ofrecernos 'El hombre de acero' ('Man of Steel', Zack Snyder, 2013) y a falta de saber si 'Pacific Rim (id, Guillermo del Toro, 2013) o 'Elysium'' (id, Neil Blomkamp, 2013) cubrirán las muchas expectativas vertidas sobre ellos —por lo menos a nivel personal—, se eleva como la apuesta más sólida de este verano que acaba de comenzar y un punto y seguido muy apetecible sobre el que seguir construyendo este espléndido reinicio de la franquicia trekker.

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