La temporada 2 de ‘Chucky’ es aún más loca: la serie con el muñeco diabólico lleva su slasher transgresor al terreno de Almodóvar y el queer horror
Críticas

La temporada 2 de ‘Chucky’ es aún más loca: la serie con el muñeco diabólico lleva su slasher transgresor al terreno de Almodóvar y el queer horror

Han pasado 34 años desde que ‘Muñeco diabólico’ (1988) comenzó a satirizar el género de terror, con un pedazo de plástico poseído que ha superado todos los tropos y subgéneros que su creador, Don Mancini, le ha dado tiempo a imaginar. Para la temporada 2 de la serie ‘Chucky’ de SYFY, el creador se introduce de lleno en la religión y no tiene ningún tipo de contención para jugar con las convenciones y las figuras de autoridad de la iglesia.

En este nuevo grupo de capítulos rompe el tono de suspense contenido de las primeras películas que replicaba en algunos de los episodios de la temporada anterior para volver a la zona de la saga más impredecible y salvaje. ‘Chucky’ funciona bien como serie de televisión porque durante años con las películas ya sentaron el precedente de contar historias narrativas serializadas con cierta continuidad, tejiendo una red durante décadas, por lo que ahora profundizar más en las historias y las relaciones de los personajes.

Chucky va a misa

La primera temporada tenía al muñeco Good Guy tratando de corromper a los jóvenes protagonistas de la serie para que se conviertan en asesinos y terminaba con un camión completo lleno clones con alma asesina listos para asediar hospitales en todo el mundo. El inicio de esta continúa esa idea con una magnífica escena de acción que esparce a decenas de Chuckys por todo el condado con lo que el peligro ahora es impredecible, pero está configurado para construir una vuelta a lo más básico de la franquicia, ampliado a otra escala.

Sin embargo en esta ocasión trata de profundizar en el subgénero que de terror religioso, ubicándolo en una escuela católica, una variación de la academia militar de la tercera parte, que llevan al escenario de ‘La maldición de Damien’ (The Omen II, 1978) o el reciente resurgir del terror sobrenatural con sacerdotes y exorcistas. Mancini se ha inspirado en su propia experiencia en una escuela católica donde aprendió el concepto de transubstanciación.

Chuckyseason2

La creencia católica de que durante la misa cuando el sacerdote bendice la hostia y el vino, literalmente se transforma en la carne y la sangre de Cristo, fue encontrada fascinante por el director, tanto, que esa mitología se deja seguir en los elementos clave de la saga, en la que el plástico se transforma en carne, pero aquí utiliza esa creencia en lo sobrenatural de la religión real para remezclar su propio universo de ‘Chucky’.

'La mala educación' con muñecos trans

Aquí especialmente, convirtiendo al personaje en un agente de la provocación, ya que siempre se ha especializado en subvirtiendo el status quo, persiguiendo figuras de autoridad, o atacando la hipocresía, por lo que es un escenario bastante divertido para soltar al pequeño terrorista. Como siempre, Brad Dourif da voz a la sociopatía alegre no de uno, sino de varios muñecos, brindándoles una distinción admirable y un sentido de la diversión que incluso sostiene los episodios menos entretenidos.

Pero no hay solo Chucky en esta temporada. Mancini está desatado y mete absolutamente todo lo que le apetece en la olla, desde homenajes a ‘La naranja mecánica’ al cine de Almodóvar, recuperando su orgullo queer en los personajes de Glen y Glenda de ‘La semilla de Chucky’ (2004), los hijos de género fluido del protagonista y Tiffany, que reaparecen en una época clave de discusión sobre la visibilidad trans.

Chuckyseason2a

Mancini es un genio de la comedia de horror transgresiva y en esta temporada 2 de ‘Chucky’ está más John Waters que nunca, su inagotable visión del muñeco diabólico, lleva la franquicia a una combinación única de humor y amenaza a lo establecido, usando el slasher como arma de orgullo LGTBI+, sin miedo a lo que puedan opinar fans de la saga más talluditos.

El creador usa el terror queer para disparar a la represión con sangre a borbotones y muertes siempre creativas que hacen que la idea improbable de una serie con un asesino en serie en miniatura siga funcionando, incluso con episodios embotellados whodunit y ambición visual que lleva hasta lo gótico, con tomas fantásticas como ese bosque brumoso lleno de cabezas en estacas.

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