Trasladándose a una historia basada en hechos reales, 'Niños de plomo' nos transporta a la Polonia de 1974, en plena era comunista, y nos muestra cómo la vida cotidiana puede esconder tragedias aparentemente invisibles. Todo comienza con una escena inquietante: un hombre de uniforme que espera de noche junto a un coche mientras dos hombres arrastran a una mujer con un saco en la cabeza.
La trama sigue a la Dra. Jolanta Wadowska-Król (Joanna Kulig), que durante un festival familiar nota que un niño se desmaya y detecta señales de anemia. Al investigar, descubre que numerosos niños que viven cerca de la fundición de Szopienice están gravemente afectados por envenenamiento por plomo, lo que la impulsa a arriesgar su vida y su carrera para exponer un escándalo que las autoridades comunistas quieren mantener oculto. Y es así como se desarrolla una crítica social profunda, captando la estética y el espíritu de la Polonia comunista, en una serie que ha triunfado en Netflix y que realmente merece la pena ver.
Otra historia de injusticia más
En 'Niños de plomo', la investigación de Jolanta es el corazón de la historia. Desde examinar a los niños anémicos hasta enfrentarse a funcionarios municipales, su determinación y valentía impulsan la narrativa, mostrando cómo una sola persona puede desafiar a todo un sistema para proteger vidas inocentes.
Además, la serie es muy precisa a la hora de reflejar cómo era la Polonia comunista de los años 70 -trasladando los hechos reales sucedidos en la Alta Silesia de Polonia en esa época a la ficción-. Maciej Pieprzyca, director de la serie, recrea la estética y la atmósfera de aquel entonces, con calles en ruinas, fábricas humeantes y festivales locales que contrastan con la tragedia que ocurre tras bambalinas.
Y dentro de este entramado, las interpretaciones son esenciales para sostener el relato. Joanna Kulig transmite a la perfección la mezcla de preocupación, rabia y esperanza de Jolanta, mientras que Michał Żurawski destaca como Hubert Niedziela, el intimidante jefe de seguridad que encarna la vigilancia y la amenaza constante del régimen.
Por otro lado, a pesar de la dureza del tema que trata -y de que pueda resultarnos muy familiar a otras ficciones-, la serie encuentra momentos de esperanza en pequeños gestos que muestran que incluso en tiempos complicados, también puede haber espacio para cierta normalidad.
Sin embargo, la tensión y el drama no abandonan la serie. Desde la amenaza de sabotajes y arrestos hasta la lucha de Jolanta por salvar a los niños, cada episodio combina investigación, peligro y crítica social, ofreciéndonos una historia intensa que, aunque sea deprimente, también tiene un trasfondo muy inspirador.
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