En la Berlinale, lo de menos están siendo las películas: de lo que todo el mundo está hablando es del pozo en el que se han metido solos. Después de que en 2024 varios medios alemanes se quejaran de que los galardonados habían hablado sobre la masacre en Gaza en lugar de dejar un hueco para "el sufrimiento de los israelíes", desde el año pasado impera la ley del silencio y la apolítica desde el festival. Este año, concretamente, Wim Wenders afirmó "Tenemos que mantenernos al margen de la política. Somos el contrapeso de la política", y desde entonces no ha habido rueda de prensa sin pregunta política de turno. Tenía que explotar por algún lado.
Apolítico total. De derechas, como mi padre
Después de que, por ejemplo, Neil Patrick Harris afirmara "Creo que vivimos en un mundo dividido y extrañamente algorítmico, y como artistas, siempre estoy interesado en hacer cosas apolíticas porque nosotros, como humanos, queremos conectar de alguna manera" y Ethan Hawke destacara "Apoyo totalmente cualquier cosa que luche contra el fascismo", la bomba llegó con una carta contra la Berlinale firmada por Javier Bardem, Tilda Swinton, Adam McKay y otras 78 personalidades más del mundo del cine.
En la carta, los artistas condenan el "silencio" sobre Gaza y la "censura" de los que han hablado, afirmando “Esperamos que las instituciones de nuestra industria rechacen la complicidad en la terrible violencia que continúa librándose contra los palestinos”. Tiene sentido, ya que la Berlinale siempre ha destacado por ser uno de los festivales más políticos, con apoyo constante cuando ha tocado a los pueblos de Ucrania e Irán, pero que calla en el momento que se menciona Palestina. Avivando el fuego, la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, ha respondido duramente en una entrevista con el medio Screen.
En ella, ha afirmado que entiende la frustración e ira con el sufrimiento de la gente en Gaza y la urgencia que tiene la gente de hablar de ello, pero "Estamos totalmente en desacuerdo con la difusión de información errónea; rechazamos las afirmaciones inexactas sobre la Berlinale que carecen de fundamento o son anónimas y no sabemos quién las ha hecho (...) Daña al festival y a muchas personas que trabajan duro para garantizar que creamos una plataforma para el cine, pero también que sea segura y justa y pueda reflejar muchas perspectivas diferentes sobre el mundo".
El hecho de que provenga de una campaña anónima es problemático, y no reconocemos el retrato general que se está presentando. Cuidamos mucho a nuestros cineastas; siempre estamos abiertos al diálogo. Rechazamos que nuestros programadores hayan intimidado a los cineastas, que los hayamos silenciado. Siempre hemos tratado de crear una plataforma en la que se pueda mantener un diálogo justo y civilizado. También queremos apoyar a las personas que desean utilizar sus plataformas para hablar de temas que les preocupan, incluidas las personas que denuncian la violencia que se sigue ejerciendo sobre la población de Gaza y el fracaso de la política y la diplomacia para abordar esta cuestión.
De la misma manera, reitera que "No todos quieren hablar de ello, aunque pueda ser serio en su propia vida. Algunas personas quieren venir al festival por otros motivos. El festival necesita dar espacio a los cineastas para hablar de su trabajo, pero no necesariamente que ellos mismos sean la historia. Claramente no ha funcionado para la campaña de activistas, que quieren que digamos lo que ellos quieran, y cualquier otra cosa va a resultar en acoso continuo y desinformación". De hecho, ha pedido a los firmantes algo más sencillo que una carta abierta: "Coge el teléfono, llámanos. Pregúntanos cosas difíciles, comprueba si estás contento con nuestras respuestas".
Todo esto está muy bien, pero, por suerte, Screen hace la pregunta correcta: Entonces, ¿por qué no han condenado la masacre en Gaza? "Estamos representando a mucha gente que tiene diferentes opiniones, incluyendo muchas personas que viven en Alemania y quieren entender la posición de Israel de una manera más compleja que quizá la que tiene el resto del mundo en este momento. Mucho de eso está cambiando; la gente se está dando cuenta de que tal vez el compromiso de la legislación alemana con la seguridad de Israel, arraigado en la responsabilidad histórica por el Holocausto, nos está impidiendo mantener conversaciones importantes sobre el Gobierno que actualmente está en el poder en Israel. Es complejo, y esa es una de las razones por las que queremos dar cabida a esa complejidad". Concretamente, no hablando de ello hasta que les hostigan.
Ciertamente, Tuttle no está viviendo su mejor semana y lo que podría ser un momento de fiesta se ha transformado en una pesadilla, pero como ella misma afirma, no está claro que vaya a hacer nada al respecto (ni tan siquiera un guiño en la gala final). Tiene razón cuando afirma que "No se está hablando del increíble trabajo de los cineastas de la manera en que debería", pero, al mismo tiempo, tanto Wenders como ella sabían perfectamente dónde se estaban metiendo al actuar de manera tan tímida respecto a Gaza. O quizá no.
Como la directora ha afirmado a The Hollywood Reporter, "No esperaba que esto pasara de la manera que ha pasado. Claro, sabía que había una tensión real, una campaña de personas que quieren que todo el mundo hable de que los palestinos continúan siendo víctimas de violencia e intimidación. Pero también hay otra gente que quiere más complejidad en la conversación". Y claro, según ella, no hay mucho espacio en un festival de cine para tener esta discusión compleja. Al mismo tiempo, defiende la libertad de expresión dentro de la Berlinale.
No estamos rehuyendo el tema. Si repasas lo que hemos dicho en los últimos años, verás que hemos expresado nuestro horror por lo que está sucediendo con los civiles en Gaza, y también hemos expresado nuestra solidaridad y empatía con otras personas que sufren violencia en todo el mundo. No ha sido una campaña específica del festival, pero ha estado presente en las conversaciones.
La polémica sigue servida, y durará, como poco, hasta el sábado. Lo que puede pasar entonces, en la gala de premios, es imprevisible.
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