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Terrence Malick: 'Malas Tierras' y la inocencia asesina

Terrence Malick: 'Malas Tierras' y la inocencia asesina
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Enseguida te das cuenta de si un comentario en off engaña al espectador, cuando comunica informaciones que tienen que ser presentadas de otra forma. Pero, cuando el texto no tiene una relación directa con la acción, como es el caso de Malas Tierras, me parece que funciona mejor…

-Terrence Malick

Mientras otros directores, o aspirantes a directores, o directores sólo de nombre, buscan su estilo a lo largo de una carrera, o quizá a lo largo de sus primeras películas, Terrence Malick lo consiguió a la primera. Esa es una de las hazañas de ‘Malas Tierras’ (innecesaria traducción literal de ‘Badlands’, término con el que se nombra a grandes extensiones áridas, de terreno volcánico erosionado por los vientos), que apareció en la segunda mitad de 1973, previa presentación por aclamación en el Festival de Nueva York de ese año: la de establecer una personalidad.

He comenzado con una de las pocas citas que pueden extraerse de las escasas entrevistas que el director de esta cinta ha concedido a lo largo de los años, en la que comentaba sus ideas sobre la voz en off. Un recurso narrativo que es una de las constantes de su cine, y que empieza a emplear en esta extraña, hermosa, película, al igual que otros que iremos comentando a lo largo de este estudio. ‘Malas Tierras’ es muchas cosas, pero primeramente es una confesión de un par de chiquillos inocentes pero asesinos, o asesinos pero inocentes.

La extraña pareja

De hecho la voz en off está presente en el primer plano de la primera escena. Holly (una núbil, soberbia Sissy Spacek) nos explica que su madre murió de neumonía cuando ella era una niña, y que su padre guardó la tarta nupcial congelada durante diez años. Estas dos primeras frases de su cine explican, como un dulce zarpazo, no sólo los 15 años de vida de Holly, sino la forma de Malick de acercarse a sus habitualmente lacónicos y primarios personajes. Tal como explica él mismo en la cita de la parte superior de este texto, Holly no parece (y sólo decimos “no parece”) que esté sumida en los pensamientos que ella misma describe, sino que juega con su perro y parece ajena a cualquier recuerdo.

Se establecen, de esta forma, dos niveles iniciales, dos melodías que se superponen armónicamente: la imagen y el sonido. Tampoco la voz en off aparece en solitario, sino que a menudo se ve acompañada por música de acompañamiento, que las más de las veces suele contradecir el tono gélido de la voz en off. ¿Repite idéntica presentación con Kit? No, la suya es muy diferente, y mucho más extensa, más visual. Holly tiene más el poder de la palabra, Kit (también sorprendente y soberbio Martin Sheen) el de la imagen. Y es significativo que la primera vez que le veamos es desempeñando su trabajo de basurero. Y el primer plano en que por fin le vemos el rostro sea tocando el cadáver de un perro muerto.

Kit lleva el pelo a lo James Dean, e intenta imitar sus gestos. También calza unas exageradas botas de cowboy, que más que otorgarle dureza, resultan casi cómicas. En el supuesto paseo hacia su casa (casa que nunca veremos) se topa con Holly, y en un clásico flirteo entre adolescentes (aunque en teoría Kit tiene 25 años, diez más que ella), la convence para pasear juntos durante un momento, y en ese momento tendrá lugar un breve diálogo en el que ya nos percataremos de la ambigua y extraña relación entre ambos, y de que ninguno de los dos se percibe a sí mismo tal cual es.

Kit es despedido, por razones que tampoco sabremos nunca, de su trabajo de basurero, y tendrá que aceptar cualquier cosa, como trabajar de peón en la ganadería. Con esta magnífica presentación ya sabemos muchas cosas, la principal de todas ellas es que Kit es un pobre diablo, sólo un peldaño más arriba de la pobreza, y medio peldaño más arriba del analfabetismo. Nunca veremos su casa ni a sus padres, por lo que podemos deducir (o sentir, pues le cuadra mejor a la personalidad de Malick) que o bien vive solo o bien su relación con ellos es terrible y omitida para potenciar la conflictividad interna del personaje. Es despedido como basurero, que podría ser lo más denigrante y bajo en cualquier escala laboral, pero él miente a Holly y le asegura que lo ha dejado y que está pensando en trabajar de vaquero.

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Ambos forman una pareja de desplazados, de jóvenes sin amigos, de introvertidos y desorientados, que es lo único que les une, pero que produce una poderosa unión. En el largo plano del paseo que realizan por el pueblo, parecen dos extraterrestres en medio de la sociedad. Hablan de banalidades. Kit intenta hacerse el interesante con estupideces. Ella parece aburrida o distante. Llegan al coche, él pregunta si pasa a buscarla mañana, ella accede porque no le importa, y al plano de ella mirando casi a cámara, como un animal sin conciencia propia, Malick corta a otro animal, a una res tras una reja que observa al espectador con la misma mansedumbre. Qué unión de ideas tan hermosa.

Un cuento de hadas para adultos

Esta es la insólita presentación (primeros diez minutos) a una historia que, según lo visto, pudiera parecer un cuento de hadas entre dos adolescentes incomprendidos. Pero una extraña sensación de inquietud revolotea sobre cada una de las imágenes, como si algún desastre pudiera ocurrir en cualquier momento, reforzada por la desagradable sospecha de que ambos muchachos viven en una realidad paralela de resbaladiza moralidad. Holly asegura que no tiene mucha personalidad, y que le sorprende que la elija a ella porque Kit podría haber elegido a cualquiera. Pero el espectador sabe qe no es cierto. De manera gradual, nos percatamos de que no son dos jóvenes cualesquiera, sino de que hay algo perturbador y peligroso en su interior.

Kit alberga un deseo indómito de quedar para la posteridad, y Holly posee una verborrea incontenible… que sólo tiene su reflejo en la voz en off que insistentemente acompaña las imágenes. Hasta aquí parece que todo podría dar lugar a un cuento de hadas, con dos jóvenes alcanzando ese estatus mítico, más allá del dolor, que suele otorgarse en el cine americano a todo fugitivo. Pero lo que vamos a obtener es un cuento de hadas…para adultos, pues la breve escena entre Kit y el padre de Holly es el preámbulo a una tragedia de sangre que Malick filma con gran tranquilidad, conociendo perfectamente a sus personajes..

El padre de Holly (interpretado por el mítico Warren Oates) pinta carteles publicitarios que otorgan luz y color paisajes áridos y monocromáticos, y con su brocha pinta de verde la hierba que ya es verde. Kit y Holly hacen el amor, pero no le dan demasiada importancia. Ella no parece entusiasmada, y él procura no prestar demasiada atención. Eso sí, quiere dejar el momento para la posteridad…con una piedra. Y pronto tomará la decisión que cambiará el relato, y por ende la historia del cine norteamericano, para siempre.

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Es interesnte que hagan el amor en un árbol, y es interesante que se burlen de la importancia que le da la gente al sexo, así como que Malick se niegue a filmarlo y sólo muestre el después. También parece que ambos han cometido su primer delito. Y los lazos con la naturaleza, por deteriorados que parezcan, están presentes: el padre asesinando al perro por la mentira de su hija y arrojándolo al agua, Holly arrojando su pez moribundo a la tierra, el ya referido acto sexual en el árbol. Parece que los personajes de Malick, quieran o no, tienen un lazo muy fuerte con la naturaleza, aunque a menudo la destruyan, sientan poco respeto por ella, o no sepan cómo relacionarse con ese elemento.

Incapaz de perder a Holly, decide llevársela en una huída sin futuro, ni objeto. Y para eso no tiene reparo en asesinar a sangre fría a su padre, en una escena que pone los pelos de punta por lo real y dolorosa que resulta. Nadie podía pensar que tal cosa ocurriera, pero Kit dispara sin pensar, sin cuestionar, como puede verse en el rostro de Martin Sheen. Y la hija tiene, como única reacción, una bofetada a su amante. Pero sin reprimenda u odio, únicamente porque no sabe qué hacer. Ambos inician, en ese momento, un itinerario de locura y muerte que ya forma parte de lo más personal de la historia del cine.

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