Pittsburgh despierta y un Robby motorizado llega un día más al servicio de urgencias conocido como 'The Pitt'. La serie de HBO Max regresa cumpliendo su promesa de cita anual con el primero de los quince episodios que compondrán esta temporada 2. Y, como se suele decir, estamos de vuelta.
Como siempre, las temporadas 2 suponen un reto tanto para los creadores como para el espectador. Ya no existe el factor sorpresa y es, por tanto, hora de jugar con elementos ya vistos, ya conocidos y, a su vez, evitar caer en una rutina. ¿Lo consigue? Sí ¿Hay peros? También. ¿Son cuestiones menores? En su gran mayoría.
4 de julio, 7 AM
Para ponernos un poco en contexto voy a comentar un poco lo que se introduce en los primeros momentos de la temporada: Robby (Noah Wyle) afronta su último día en urgencias antes de tomarse unos meses de excedencia; llega a la vez su sustituta (Sepideh Moafi) que llega buscando que el servicio sea eficiente y que cumpla protocolos claros.
Ahí ya vemos el choque entre dos estilos de llevar las cosas, algo que pondrá en tensión al resto de médicos que se topan con dos papás de pronto. No será el único, ya que el regreso de Langdon (Patrick Ball) supondrá un plato de mal gusto para el supervisor. También tenemos un par de nuevos estudiantes y una enfermera novata haciéndose al ritmo.
En este sentido se ve cierta dificultad por parte de R. Scott Gemmill y su equipo a la hora de intentar darles algo de foco en medio de una marabunta de personajes veteranos y mucho más desarrollados a estas alturas. Especialmente en el dúo de estudiantes formado por Joy (Irene Choi) y James (Lucas Iverson) que, más allá de sus rasgos de personajes parecen más cabezas parlantes que, valga la redundancia, personajes en sí. Afortunadamente eso va cambiando (ligeramente) durante la temporada.
Por si había dudas 'The Pitt' conserva todas las virtudes que demostró tener en su primera y excelente temporada. Ausente ya el sentido de la novedad y ya acostumbrados al implacable ritmo a tiempo real vamos pasando por pequeñas victorias que son pequeñas, por evolución de conjeturas e incluso prejuicios con los casos y pacientes que lleguen y, de paso, por la lección número 1: tratar al paciente con dignidad.
Hay, sin embargo, una cuestión que no se me quita de la cabeza desde que terminé la tanda de nueve episodios enviados a la crítica: cómo esquivan por poco la repetición de esquema de cómo y cuándo se desata el caos. De hecho juegan con eso nada más arrancar, con un aviso de que probablemente las urgencias se saturen, lo que va provocando una tensión.
No quiero entrar en spoilers, sobre todo porque podéis imaginar que lo que ocurre es con la temporada bastante más avanzada pero reconozco que tengo ciertas sensaciones encontradas. Por un lado, narrativamente hablando tiene todo el sentido del mundo y es hasta impecable; por el otro, se manifiesta cierto patrón que, repito en lo personal, decepciona ligeramente. Claro, también os digo que esta sensación puede que desaparezca en el consumo semanal, forma predeterminada de ver esta serie.
Este, repito, es un tema menor porque 'The Pitt' roza por lo demás la excelencia. Sí, es un drama médico de corte clásico, pero su inversión en contar el lado más humano de la medicina se ve claramente recompensada. Un drama médico cuya mejora viene por su veteranía, por tener ya experiencia y no necesitar de presentarlo todo de nuevo.
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