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'Transformers: La era de la extinción', MICHAEL BAY

'Transformers: La era de la extinción', MICHAEL BAY
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Michael Bay es un tipo que hace blockbusters de más de dos horas y media de duración y se queda tan ancho. Sus películas, o mejor dicho algunas de ellas, han sufrido algunas de las críticas más severas por parte de todo el mundo, sí, todo el mundo. Pero él hace suya una de las máximas de su antaño socio Jerry Bruckheimer cuando los periodistas que no tenían otra cosa que preguntar —algo muy típico en nuestro país, donde se preguntan las mismas chorradas de siempre— le preguntaron si no le molestaban las penosas críticas que recibían sus productos, a lo que el productor dijo que no le importaba demasiado cuando iba a cobrar su sustancioso cheque al banco.

Michael Bay es un tipo que lo mismo te narra las desventuras de dos policías negros, a cada cual más chistoso mientras da giros de 360 grados alrededor de ellos y sus balas, lo mismo que dirigir a Sean Connery para que se meta en Alcatraz —a día de hoy su mejor película— o convence a la humanidad de que varios perforadores pueden salvar el mundo de un asteroide a ritmo de unos empalagosos Aerosmith. O volver una y otra vez sobre la idea de una épica barata y sin fundamento, mientras la luz del atardecer se adueña de todas sus películas.

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Michael Bay es un tipo que cuando todo el mundo que dicen saber algo lo hostian a malas críticas, se marca una gozada como ‘Dolor y dinero’ (‘Pain & Gain’, 2013) para callar bocas, y volver a sus destrozos cinematográficos sin despeinarse, porque sí, porque se ve que le gusta. Y los mortales le seguiremos pareciendo unas nenazas al no admitir que su lenguaje es el que reina hoy día, que la cuarta entrega de los juguetes ha batido récords de taquilla en China, lugar que va camino de convertirse en la nueva Meca del Cine. Un taquillaje de lo más sorprendente teniendo en cuenta que la franquicia parecía no dar para más.

Michael Bay es un tipo que te pilla a Optimus Prime y le hace ser un fugitivo de la justicia, al igual que muchos de los héroes que forman parte del imaginario popular. Cambia por completo al reparto de las otras entregas, y que demostraban no estar a gusto filmando lo que eran nada más que juguetes fílmicos, y darle un nuevo aspecto en la que posiblemente sea la mayor muestra de chulería por parte de su director. Y por si fuera poco reúne a los Autobots para convertirlos en un grupo salvaje que van a una misión suicida, homenajeando una vez más su mejor película.

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La chuleria de Michael Bay

Michael Bay es un tipo al que le debe hacer gracia que le digan que su lenguaje se basa en prostituir la labor del montaje y que en sus películas no se ve nada. En ‘Transformers: La era de la extinción’ (‘Transformers: Age of Extinction’, 2014) parece aumentar la duración del plano en milésimas de segundo, pero además es capaz de dejar ver en un viejo cine un cartel de ‘El dorado’ (id, Howard Hawks, 1967) para más tarde llenar de Monument Valley con Optimus Prime reuniéndose con su viejos amigos. Fututo y pasado —el mejor, el de John Ford— dándose la mano en una película de este señor. ¿Alguien habría sido capaz de soñarlo alguna vez?

Michael Bay es un tipo que en una época de revivals e influencias del pasado, él decide llevar sus mil cámaras a China y se permite el lujo de occidentalizar el thriller moderno oriental, y marcarse secuencias como la de Mark Wahlberg dejándose caer a través de una fachada mientras es perseguido por el humo negro de ‘Lost’, variación de una secuencia idéntica vista en la trepidante ‘El gran golpe’ (‘Dodookdeul’, Choi Dong-hoon, 2012). Una de las innumerables set pieces que contiene esa cuarta entrega, que por supuesto deja abierta la puerta para una quinta entrega, que muy probablemente rompa taquillas en todo el mundo.

Michael Bay es un tipo lo suficientemente inteligente que sabe que irás a ver sus películas, ya sea para disfrutar como un enano o para ponerlas a parir, no parece importarle lo más mínimo. Y nos ofrecerá casi siempre lo mismo, destrozo de ciudades enteras con piruetas imposibles de creer —aquí lo de pasar de un edificio a otro no tiene precio—, contrapicados cada vez más pronunciados para ensalzar la figura del héroe, y clichés de clichés como personajes. Por otro lado Spielberg deja su huella en el dibujo familiar, mientras Bay sugiere un incesto. Para no dejar de reír. Si me pilla tiquismiquis digo que es una mierda.

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