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'Una Vela Para el Diablo', las psicópatas puritanas

'Una Vela Para el Diablo', las psicópatas puritanas
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La triste noticia del fallecimiento de Aurora Bautista ha servido para que, con toda justicia, muchos honren su memoria. Sin embargo, lo habitual ha sido siempre echar un vistazo a aquellos títulos que la lanzaron a la fama, ignorando títulos considerados menores, pero de gran importancia dentro de la historia del cine español. Es por ello que he considerado oportuno, al igual que hice la semana pasada en el caso de Tony Scott, hacer mi particular homenaje a la actriz hablándoos de ‘Una Vela Para el Diablo‘ (Eugenio Martín, 1973), uno de los títulos más destacados del fantaterror español que Aurora Bautista protagonizó cuando su estrella cinematográfica hacía ya años que estaba en peligro de extinción.

Para entender la existencia de ‘Una Vela Para el Diablo’ hay que pararse primero un momento en la figura de Eugenio Martín, un director que se benefició sobremanera de dominar más lenguas aparte del español, algo que le sirvió para ser contratado para rodar varias coproducciones. Yo recuerdo con especial cariño ‘Hipnosis‘ (Ipnosi, 1962), una afortunada muestra de suspense y asesinato que sabía utilizar con bastante acierto la figura del ventrílocuo. No obstante, su título más conocido, y con mucha diferencia, es ‘Pánico en el Transiberiano‘ (Horror Express, 1972), para la cual llegó a contar con actores del calibre de Christopher Lee o Peter Cushing, grandes figuras del género por aquel entonces.

El éxito de ‘Pánico en el Transiberiano’ y la reputación obtenida por ella llevó a Eugenio Martín a sacar adelante un proyecto muy personal, para el cual llegó a fundar su propia productora para ejercer (de forma compartida) también esa función. La película era ‘Una Vela Para el Diablo’, un acercamiento crítico al catolicismo español tenuemente enmascarado por las formas del giallo, género que ya conocía al haber escrito y dirigido un par de años antes en la correcta ‘La Última Señora Anderson‘. Sin embargo, hacer eso durante pleno régimen franquista fue algo que le trajo no pocos quebraderos de cabeza, tanto artísticos como comerciales, a Martín, el cual se vio obligado a hacer varios cortes en ‘Una Vela Para el Diablo’, algo que le valió que muchas compañías extranjeras rompieran el acuerdo de distribución al que habían llegado con él.

‘Una Vela Para el Diablo’ echa sus raíces en el auge que se produjo en el turismo en España pocos años antes, algo que traía ideas nuevas a una sociedad marcada por cierto reaccionarismo impuesto por el régimen franquista. En las ciudades era más sencillo que eso pasara desapercibido, pero la cosa cambiaba sobremanera cuando nos movíamos a núcleos rurales. Es obvio que la elección de Aurora Bautista supuso un gran acierto, ya que era una intérprete que había destacado en varias producciones de temática colindante con lo religioso, por lo que su fanática no es sólo un personaje de una película, sino una prolongación de una de las dos mentalidades dominantes en la sociedad española.

Su hermana menor, encarnada con acierto por Esperanza Roy, tiene una mentalidad más abierta, pero siempre acaba plegándose a los deseos de la primera, seguramente por miedo al posible castigo en caso de no hacerlo. Es por aquí por donde reside la principal fuerza de la película, ya que Martín no tiene piedad alguna en el certero retrato que ofrece de esas dos Españas de por aquel entonces. Además, Bautista y Roy demuestran una buena química, algo que seguramente fue clave para que volviesen a trabajar juntas más de una década después en ‘Divinas Palabras’ (José Luis García Sánchez, 1987).

Los problemas llegan a la hora de que ciertos elementos no sean demasiado evidentes o que otros puntos no rocen peligrosamente el absurdo. Y es que Bautista y Roy no son los únicos personajes con cierta enjundia de la función, pero el resto carece de auténtico interés para el espectador. El caso más paradigmático es el de Judy Geeson, joven intérprete británica que había aparecido pocos años antes en un rol protagónico en ‘El Estrangulador de Rillington Place’ (10 Rillington Place, Richard Fleischer, 1971), encargada de representar un punto intermedio entre el tradicionalismo español y la lascivia que nos llegaba del extranjero, pero que a la hora de verdad resulta un personaje algo plano y, sobre todo, poco estimulante como hilo conductor de la acción.

El otro punto discutible de la función es su eficacia a la hora de abordar la violencia, la sexualidad y el fanatismo religioso y los dobles sentido dentro de determinadas acciones. La primera se resuelve a base de fogonazos ocasiones del personaje interpretado por Aurora Bautista, algo fácil de aceptar, pero con una verosimilitud dudosa en algunos casos, siendo el accidental primer crimen (podéis verlo más arriba en el vídeo incluido) el más problemático en este apartado.

No obstante, las cosas mejoran a la hora de reflejar la sexualidad, desde el libertinaje de la gente que va llegando al pueblo recalcado a través del uso de música extradiegética hasta la escena de la protagonista espiando a unos jóvenes en paños menores, una forma directa de atacar su doble moral a la hora de entender la sexualidad ajena. Es curioso que sea algo tan patente en ‘Una Vela para el Diablo’, ya que los numerosos cortes no hirieron de gravedad la significación de la película, algo que sí sucedió en el caso de ‘La Semana del Asesino‘ (Eloy de la Iglesia, 1972), cinta fácilmente emparentable con la que nos ocupa (hasta comparten a Antonio Fos como coguionista de ambas), la cual vio claramente rebajado su toque homosexual por la censura franquista.

Tampoco se anda con rodeos Martín a la hora de atacar el fanatismo religioso de la protagonista, pero lo hace, esta vez sí, de forma más solapada. Desde el primer asesinato, adjudicado por Bautista a la divina providencia, hasta, y perdón por los spoilers (abundantes en lo que queda de párrafo), el asesinato de una mujer al creer que era madre soltera, algo que se revela falso poco después, pero las excusas baratas hacen acto de aparición en la forma de desentenderse de la protagonista. Es ahí, en la autojustificación de los crímenes, donde Fos Y Martín atacan la ideología de la época, llegando a la conclusión de que sólo la actividad conjunta del pueblo (los españoles) puede poner freno a la barbarie cometida por las protagonistas (las hermanas). Un mensaje que, en parte, llega a Martín a sacrificar parcialmente una puesta en escena más elaborada, algo a lo que tampoco ayudó la necesidad de reducir coste al ser la película financiada en exclusiva con dinero patrio. Y es que se podía rodar todo el cine de género que se quisiera por aquel entonces, pero siempre ambientándolo en el extranjero, ya que, de lo contrario, podías darte por jodido.

Imagen de la película

En definitiva, ‘Una Vela Para el Diablo’ es una de las mejores películas que dio el fantaterror español durante su época de mayor esplendor, siendo también una acertada reflexión sobre la situación social por la que atravesaba el país por aquellos años. No le faltan ciertos fallos, algunos propios (el poco estimulante personaje de Judy Geeson) y otros heredados por la implacable acción de la censura, pero sigue siendo una película que mantiene (casi) todo su atractivo a día de hoy, entre ellos la notable actuación de la recientemente fallecida Aurora Bautista.

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