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Walter Hill: 'Cruce de caminos'

Walter Hill: 'Cruce de caminos'
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'El gran despilfarro' ('Brewster´s Millions', 1985) fue uno de los grandes éxitos de Walter Hill —irónicamente también una de sus peores películas—, y este pudo volver con facilidad a los proyectos que le interesaban de verdad. El proyecto elegido era algo parecido a 'Calles de fuego' ('Streets of Fire', 1984), pero esta vez rindiendo tributo al blues, y para que la jugada no fuese tan arriesgada como el film mencionado —que, con el paso del tiempo se revela como uno de los mejores trabajos de su director, sino el mejor— esta vez jugó con bazas un poco más seguras de cara a no fracasar comercialmente. La principal fue el contar con Raph Macchio en el papel principal, y en una historia de aprendizaje que a muchos podría recordar las andanzas de su rol en la risible 'Karate Kid' ('The Karate Kid', John G. Alvidsen, 1984) que aquel mismo año estrenaba segunda parte. Cuaquier parecido en calidad es pura coincidencia.

Tamnién contó para el personaje femenino —al igual que el film con Michael Paré, también con cierta relevancia y sin ocultar el machismo en el cine de Hill— con Jami Gertz, actriz que se hizo notar un poco en aquella época con films como el presente, 'Quicksilver' (id, Thomas Michael Donnelly, 1985), o 'Jóvenes ocultos' ('The Lost Boys', Joel Schumacher, 1987), y que más tarde se perdió en el olvido como muchos de los actores jóvenes de aquella década. Y aunque la elección de ambos intérpretes podía ser povechoso de cara a la taquilla, a mi parecer suponen un error de casting enorme, de los más grandes jamás vistos en una película. Porque ahora nos quejaremos de Keanu Reeves y de Ben Afflecks, por poner dos ejemplos, pero lo de Macchio clama al cielo, no es que sea inexpresvo o el personaje en esta película le quede demasiado grande, es que simplemente no valía, y uso el tiempo pasado, para ser actor. ¿Alguien se ha creído alguna vez alguno de sus papeles?

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Y es precisamente en ambos actores donde se encuentra lo peor de un film por otro lado bello y lírico, tal vez el más hermoso que haya filmado Hill en toda su filmografía. Una belleza atípica y subterránea que hay que buscar en esa especie de road movie en sus momentos musicales y en ese tratamiento de la romántica soledad que acompaña al músico de blues durante toda su vida. Sin embargo, cada vez que Macchio aparece en pantalla la película pierde puntos. Hill es incapaz, tal vez porque sabe que de dónde no hay no se puede sacar, de arrancar un mínimo de credibilidad a Macchio en el rol de joven músico de blues que quiere llegar a ser alguiern tocando la guitarra. El actor se pasa toda la película con cara de no entender absolutamente nada, pensando tal vez que se encontraba ante otra historia al estilo de su vulgar aprendiz de artes marciales, y así lo creyó también parte del público que se acercó a ver el film. Las diferencias son simple, y afortunadamente, abrumadoras.

(From here to the end, Spoilers) 'Cruce de caminos' supone el primer libreto para el cine del escritor John Fusco, y probablemente el mejor que ha escrito hasta la fecha, adaptado por parte de Hill muy bien a sus inquietudes como cineasta, aunque es evidente que nos encontramos ante una de las películas de Hill más alejadas de su discurso y al mismo tiempo de las mejores. La violencia típica de Hill, aquella que muestra un mundo sin compasión en el que la supervivencia está destinada al más fuerte, en el literal sentido de la expresión, se muetra aquí en las arrebatadoras notas de la banda sonora compuesta por Ry Cooder, y entre cuyos invitados podemos encontrar a Steve Vai, uno de los guitarristas más espectaculares y virtuoso jamás vistos sobre un escenario. Su personaje no tiene desperdicio: Jack Butler, el guitarrista del diablo, el mismo que con claras referencias a la pinta de Robert Mitchum en 'La noche del cazador' ('Night of the Hunter', Charles Laughton, 1956), hace tratos con músicos de blues en un cruce de caminos en el que se determina el destino de algunas almas.

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Como hemos dicho Macchio es incapaz de dotar de un mínimo de entidad a su personaje, mucho más rico sobre el papel que en pantalla, tanto que molesta ver al joven actor metido en una guisa que no entiende ni entenderá nunca —y eso que el mismo se aprendió los temas de blues que su personaje interpreta, de forma que sus posiciones de mano en la guitarra son correctas—, todo lo contrario que Joe Seneca, eterno secundario que con su rol de Willie Brown llena la pantalla comiéndose a todo cuanto se le acerque. Esta especie de maestro de Eugene (Macchio) —otra similitud argumental con la saga de Karate Kid— es uno de los aciertos del film, sobre todo gracias a la sentida, entrañable y emotiva composición de Seneca, quien dota de una extraña humanidad a su personaje, cuya historia es narrada en dos líneas argumentales, una la presente, su periplo con Eugene, y la otra, su pasado siempre presente, narrado por Hill en un evocador blanco y negro que remite, cómo no, al cine clásico del que Hill hereda su capacidad de síntesis.

Aunque el guión no es de Hill en el mismo tenemos elementos que se adaptan muy bien a su forma de hacer cine. El personaje femenino, al que da vida Jami Gertz, abandona a los personajes centrales en cuanto tiene oportunidad, apunte que sirve para marcar la diferencia entre la inexperiencia —en la vida, se sobreentiende— de Eugene, y el saber de Willie, que es quien se despide de la muchacha que parte en pos del triunfo personal. Por otra parte, la idea de que los grandes bluesman lo son porque han hecho un pacto con el diablo —elemento fantástico que no chirría en absoluto, sino todo lo contrario— se hace tan atractiva en manos de Hill como ese apasionante duelo final en el que Eugene se batirá por salvar el alma de Willie —el mundo masculino de Hill, otra vez de relieve, con lejanos ecos de Peckinpah—, y que contiene alucinantes interpretaciones de Steve Vai, Ry Cooder y William Kanengiser. Un momento épico de virtuosismo musical, auténtica catarsis de los dos personajes masculinos, y que proporciona uno de los pocos finales felices de su autor, quien se desataría por completo en su siguiente film, el más salvaje de su filmografía.

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