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Por qué nos gusta... Lorelai (Las chicas Gilmore)

Por qué nos gusta... Lorelai (Las chicas Gilmore)
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Lorelai Gilmore se despierta. Primer café. Su despertador no ha ronroneado. Segundo café. Sale corriendo a la tintorería pero llega tarde. Tercer café. Rory la arrastra como puede hasta el coche. Cuarto café al volante. Deja a Rory en Chilton y discute con su madre por teléfono. Quinto café. Michel le pone cara de asco. Sexto café. Llega a casa y descubre un regalo manipulador de su madre. Decide ir a tomar... "Un café, en jarra". Va a buscar a Rory. Octavo café. Deciden ir a cenar a su local favorito. Es Lorelai quien pide: "Dos cafés dobles con espuma, y si no funciona metemos los dedos en un enchufe".

En el café busca un estímulo que la aleje de sus preocupaciones, en su aroma encuentra un respiro que la lleva a otro mundo, en la sacudida de la cafeína vibrando por sus venas la aventura que todavía le falta por vivir. Los cafés de Lorelai son el espíritu joven que lucha por sobrevivir, perder el control como una forma de huir del equilibrio que se impone cuando llega la madurez. No has tenido tiempo para dejar de ser un desastre y ya te toca ser responsable, todavía se rebela contra sus padres y ya tiene una hija a la que hacer feliz.

La descarga de adrenalina del café es su forma de seguir siendo libre. Y por eso nos gusta Lorelai, porque siempre hay momentos en los que nos gustaría deshacernos de nuestras responsabilidades y lanzarnos a la aventura. Ir a la contra, experimentar, descubrir, seguir creciendo. Lorelai es la madre que se queda dormida en el sofá y su hija la cubre con una manta, la que le pide a su hija que salgan de fiesta, la que no la deja estudiar porque le apetece ver una película juntas. Porque a pesar de ser madre, sigue siendo una hija.

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