Las reglas de los concursos están muy claras: deben ser siempre las mismas para que el público pueda volver a conectar una y otra vez y acostumbrarse a sus dinámicas. 'Pasapalabra', 'Cifras y letras', 'Saber y ganar', '¿Quién quiere ser millonario?'... La única norma no escrita es que cada día cambien solo las preguntas, en una especie de día de la marmota infinito. Y entonces, como revulsivo definitivo contra la vieja televisión, llegó 'Game Changer', el único concurso que no solo cambia totalmente en cada nuevo episodio, sino en el que sus propios concursantes no saben a qué están jugando.
I've been here the whole time
"La única manera de aprender es jugando, la única manera de ganar es aprendiendo, y la única manera de empezar es empezando" es la frase con la que empieza cada episodio de 'Game Changer' y que mejor resume el espíritu del programa. A lo largo de sus 7 temporadas y 71 episodios, el concurso ha hecho de todo, sin dejar de innovar de manera constante. Adaptaciones caseras de 'Survivor', musicales improvisados, versiones locas de 'Simón dice' e incluso épicas meta-escape rooms que toman como base el propio programa: todo tiene cabida aquí si es lo suficientemente original y loco.
'Game Changer' se ha permitido hacer volar su disparate a lo largo de sus ocho años de existencia, precisamente porque no tiene una gran corporación detrás dominando su discurso. Dropout, la productora (y servicio de streaming) que nació tras la caída en desgracia de CollegeHumor, se ocupa no solo de pagar muy bien a sus empleados y colaboradores, sino también de demostrar que otro tipo de servicio de streaming es posible, con programas autoproducidos (como, por recomendar algunos, 'Dimension 20', 'Um Actually' o 'Make some noise') a un precio mensual de 6 euros al mes, accesible en todo el mundo y con cuentas que pueden compartirse con tantas personas como quieras. Vaya, como debería ser.
Obviamente (no todo iba a ser bueno), 'Game Changer' no tiene subtítulos en castellano, solo en inglés, por lo que necesitas tener un cierto nivel para entender sus bromas. Pero con la llegada de la temporada 8 hoy mismo, merece la pena intentarlo, porque las estrellas del humor del mañana no se están gestando en el 'Saturday Night Live', sino entre discursos, puntos, canciones y partidas de rol: Brennan Lee Mulligan, Zac Oyama, Katie Marovitch, Jess McKenna, Vic Michaelis o Jacob Wysocki, entre otros, pueden no sonaros de nada ahora, pero su talento es incomparable.
Es imposible no rendirse ante la frescura, originalidad y locura de episodios como 'One year later' (donde los concursantes tienen un año para cumplir de la mejor manera posible con 15 pruebas distintas), 'Rulette' (con uno de los mejores giros finales que he visto jamás), 'Samalamadingdong' (donde su presentador, Sam Reich, sufre la ira de los concursantes) o 'Sam Says'. 'Game Changer' fue mi mayor descubrimiento del año pasado, y, francamente, solo quiero esparcir la buena nueva: otro tipo de televisión es posible.
Aunque sea centrándose de manera casi exclusiva en la improvisación (aunque también hay series como 'Don't hug me I'm scared' y monólogos), lo que Dropout ha hecho no solo es poner un clavo más en el ataúd de la vieja tele, sino demostrar que se puede ganar dinero riendo (y haciendo reír) junto a tus amigos y tratando a tu comunidad con respeto, sin subidas de precio innecesarias y sin trucos fiscales. Ese juego sí que no nos lo esperábamos.
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