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'Pan negro', la madurez forzosa

'Pan negro', la madurez forzosa
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La adaptación de Agustí Villaronga de la novela de Emili Teixidor, ‘Pan negro’ (‘Pa negre’), que se ha reestrenado gracias a la cantidad de premios y nominaciones que ha obtenido, nos lleva hasta la mitad de los años cuarenta para mostrarnos los últimos años de la infancia de Andréu, un payés cuyos padres hacen un enorme esfuerzo para que pueda continuar sus estudios en unos años de mucha pobreza y convulsión política. La recreación de la época se ha llevado a cabo de forma impecable y la película cuenta con una bella fotografía y una estética cuidada y aparente.

Lo que más sobresale de este film son las excelentes interpretaciones de todos los actores. Destacaría a Nora Navas, en el papel de Florència, que realiza un impresionante y duro retrato de una mujer sufrida y sacrificada que debe anteponer a sus propios intereses los de su hijo. Roger Casamajor, como el padre, también realiza un buen trabajo, así como los actores niños, con Francesc Colomer a la cabeza.

Aunque en el papel de Sergi López se puede encontrar algo de maniqueísmo, cosa que no le pasa por primera vez al intérprete en un personaje de este jaez, encontramos más matices en el profesor representado por Eduard Fernández.

Narrando el drama

Agustí Villaronga tiene entre manos un relato que, contado sobriedad, sin necesidad de subrayados, habría provocado la tristeza o la indignación. A pesar de ello, el director carga las tintas constantemente con la música, las interpretaciones, la reiteración de los diálogos, entre otras artimañas, y con alusiones directas a estas desgracias. Logra que se abandone la sala con la sensación de destrozo moral, pero no causada por la triste historia que se ha presenciado, sino por estos recursos del drama, utilizados hasta el abuso.

Debido a que se trata de una adaptación de una novela, la película incluye una cantidad excesiva de elementos dispares y, por lo tanto, no resulta compacta. La duda sobre la culpabilidad del padre de Andréu se disipa durante el largo periodo que ‘Pa negre’ se dedica a la presentación de vivencias cotidianas e infantiles y, cuando se retoma, ya ha perdido fuerza. Es quizá esa dispersión de la historia lo que obliga al autor a acentuar lo aciago. Por lo tanto, un guion más concentrado habría permitido una narración más sutil.

El punto de vista

El aprendizaje forzoso que sufriría un niño al conocer las verdades que ignoraba sobre su familia supone una poderosa premisa sobre la que armar una historia, pero para que el público percibiese esos golpes junto a Andréu, habría sido necesario igualar el punto de vista del protagonista con el del espectador. Y, sin embargo, éste va por delante, pues ya sabe —porque es fácil de imaginar, porque un adulto sabe estas cosas— de antemano todo lo que se le va descubriendo al chaval.

Quizá habría sido preferible tomar el punto de vista de Florència, la esposa y madre, que constituye, sin duda alguna, el mejor personaje del film. Una visión ya madura y que todo lo comprende de la situación habría dado como fruto una película diferente, pero posiblemente muy interesante.

Por muy pobres y desgraciados que se quiera presentar a los personajes de ‘Pan negro’, existe una nostalgia por esa infancia que hace que el film no esté exento de cursilería y sentimentalismo, cuando muestra las situaciones vividas por los niños. El beso que la prima le da al protagonista y todas las conversaciones con ella recuerdan ‘Secretos del corazón’, un film muy correcto en todas sus pretensiones —y que sí logra, a diferencia de éste, el punto de vista inocente del chavalín—, pero que ya en su día desdeñábamos por su excesiva afectación. Los diálogos con el joven que quiere volar, quien pronuncia frases literarias que no escucharíamos a alguien de su condición y extracción, se salen del tono del drama que presenta el resto de la película.

Conclusión

Considero que ‘Pan negro’ es un film interesante, con ciertos ingredientes de enorme valor y con algunos momentos concretos muy poderosos, además de con interpretaciones magistrales y un gran trabajo de ambientación. Sin embargo, la perspectiva me impidió sentir empatía hacia lo narrado o entrar en la historia y, por lo tanto, no hallé la gran obra de la que hablan las catorce nominaciones a los Goya y los trece de quince Premios Gaudí.

Mi puntuación:

3

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