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Animales televisivos: Mercedes Milá

Animales televisivos: Mercedes Milá
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Mercedes Milá es uno de esos personajes que causan entre los telespectadores sentimientos encontrados como el estupor, el rechazo, el terror o la abnegada admiración, que a cada cual le sopla el viento por un costado. En cualquier caso, un ser vivo que admite en pleno directo sentir placer cuando orina en la ducha es idóneo para comenzar nuestra selección de animales televisivos, ni que sea en la categoría de meadas fuera de tiesto. Realmente, la Milá es una bestia de la pantalla.

Se curtió (y mucho, a juzgar por lo estropeado de su rostro) en el periodismo audiovisual de la mano de verdaderos maestros del ramo. Claro, que ya se sabe que la profesión de maestro es de las más frustrantes que hay. Tras trabajar junto a Luis del Olmo, García Tola e Iñaki Gabilondo, Mercedes Milá comenzó a descuartizar entrevistados a golpes de bolígrafo Bic en todo el ojo sin que nadie hiciera nada por evitarlo. “¡Eso es periodismo!”, gritaban las masas enardecidas.

La intervención que quedó para la historia pachanguerotelevisiva es aquel memorable “yo he venido a hablar de mi libro” bramado por un Paco Umbral harto de ser toreado por su entrevistadora. Es que a la periodista le va la tauromaquia que es un gusto. Cuenta la leyenda que, por aquel entonces, si un personaje aceptaba ser entrevistado por la Milá eso era malo porque seguro que le caía una estocada, pero si rechazaba la invitación era aún peor porque las puyas iban que volaban.

Y unos años más tarde a Mercedes Milá se le fue la olla y apostó por ‘Gran Hermano’, que es lo que todos tenemos en la cabeza cuando hablamos de este ser. Al principio nos vendió el invento como experimento sociológico y se quedó tan pancha, poniendo la mano para recibir 600.000 euros por año trabajado. Con esa pasta en el bolsillo también yo hago experimentos, y si se tercia acabo confesando placeres relacionados con la micción intempestiva e incluso me pongo a contar ante las cámaras que me gusta fumar gasolina mientras veo los documentales de La2.

Dejando de lado la incontestable revolución que significó el programa en el panorama del entretenimiento, lo cierto es que ‘Gran Hermano’ supuso, ha supuesto, supone y supondrá para Mercedes Milá la resurrección profesional y la gloria económica antes de la jubilación. No es de extrañar que entre gozo y gozo necesite tenaleidis para ducharse. Mientras tanto, los seres que viven unos meses encerrados en la casa de Guadalix ven en Mercedes a esa tía abuela pasada de vueltas y capaz de subirse a bailar sobre la mesa del banquete familiar que nunca tuvieron, y con ella se confiesan. Y la Milá, encantada de la vida, que le va más la marcha que a una patata el ketchup.

Lo más curioso es que María de las Mercedes Milá y Mencos es condesa heredera de Montseny, por lo que bien podría dedicarse al negocio familiar de la vida aristocrática y pasarle el testigo a alguien que necesite de verdad un puesto de trabajo. De paso dejaría a los sufridos espectadores de Telecirco sin su cuota de egocentrismo malsano. Pero no. A la Milá le va incordiar. Por lo visto ella tiene la convicción de que su profesión consiste en eso precisamente.

En resumidas cuentas, con su paso firme por el programa líder de los reality shows, Mercedes Milá es uno de esos personajes sin los cuales no se entiende la naturaleza de la televisión actual. Lo que pasa es que ahora no tengo muy claro si esa afirmación sobre su persona significa algo positivo o negativo. ¿Hay algún psicoanalista en la sala?

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