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La importancia de llamarse Brenda Chenowith

La importancia de llamarse Brenda Chenowith
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A veces me despierto tan jodidamente vacía por dentro que desearía no haber nacido nunca, pero… ¿qué otra opción tengo?

(En esta entrada se habla abiertamente sobre ‘A dos metros bajo tierra’. Si no has visto la serie, lee bajo tu responsabilidad)

Siempre pensé que Brenda Chenowith terminaría por suicidarse en ‘A dos metros bajo tierra’, y si no lo hizo desde luego no fue por falta de razones. Brenda nunca fue una mujer optimista, eso está más que claro, pero es que si me pongo a pensar creo que en ningún momento de las cinco temporadas la vi con una sonrisa verdadera en la cara. Ser feliz y mostrar alegría al mundo no va con Brenda, de eso no hay duda.

Lo cierto es que viene afectada por una infancia complicada; con unas facultades mentales muy avanzadas para su edad, los padres de Brenda, licenciados en Psiquiatría, no tuvieron ningún reparo en ponerla al frente de un grupo de psicólogos que estudiarían su actitud. Ella, sin embargo, se dedicaría a cachondearse de ellos, y de ese tira y afloja saldría el libro “Charlotte, Luz y Oscuridad”, un best-seller conocidísimo por todo el mundo que habría de perseguirla hasta el fin de sus días. Quieras que no, esto ya te marca un poco.

Poco ayuda el hecho de que tu hermano Billy esté diagnosticado de “trastorno bipolar”, y que en cualquiera de sus brotes psicóticos amenace de muerte a tu novio o intente borrarte un tatuaje con la única ayuda de un cuchillo. Y más allá de los problemas mentales de Billy, el hecho de que éste estuviera enamorado de su hermana (enamorado de verdad, no amor de hermano) terminaría de trastocar definitivamente la mente de la joven Chenowith, que en ningún momento de su vida pudo disfrutar de una estabilidad emocional.

A Nate le conoció en un avión, y en el propio aeropuerto se lo tiró sin ningún pudor. Quizá pensaba que sería uno más, un “aquí te pillo, aquí te mato”, pero cuando vino a darse cuenta, estaba metida de lleno en una relación que iba de cabeza a pasar por la vicaría. El problema es que esto de la estabilidad era algo nuevo para ella, y ser mujer de un sólo hombre… pues como que no. Y a pesar de que amaba a Nate, no pudo evitar mantener sexo con otros hombres.

Todo empezó con una simple paja a uno de sus clientes dentro de un masaje shiatsu, pero terminó con Brenda haciendo de “voyeur” junto a una amiga prostituta y practicando un “menage a trois” con dos desconocidos que pasaban por allí pidiendo un cigarro. ¿Ninfómana? ¿Aburrida? ¿Viciosa? A mí nunca me quedaron claras sus motivaciones para actuar así; era una zorra, sí, pero como me dijeron por ahí cuando lo comenté, es “mi zorra”.

Y es que nunca se le deja de tener cariño, es imposible. Nate conoció que su antigua novia estaba embarazada de él, lo que supuso la puntilla definitiva para que Brenda se fuera definitivamente y dejara el mundo correr. Suerte que no tardó mucho en volver, aunque sólo para comprobar que Nate estaba ya casado y con una preciosa niña (la gran Maya) entre sus brazos. Se instaló en una pequeña comunidad de casas prefabricadas, y viendo que el vecino de enfrente le hacía bastante tilín, se propuso tener una relación seria y normal con él. ¿El resultado? Un fracaso.

Ser normal definitivamente no iba con Brenda; prefería la complicación de una relación con Nate a la simpleza de la vida tranquila y normal con el vecino. Lisa, la mujer de Nate, desapareció misteriosamente para luego ser encontrada muerta; ¿y en quién se refugió Nate en esos momentos de desasosiego? Efectivamente, en Brenda, quien apenas opuso resistencia para volver con él.

Luego llegaría el primer embarazo, el aborto, la boda y un segundo embarazo que esta vez sí llegaría a buen puerto. Pero todo volvió a venirse abajo cuando Nate, pocas horas antes de morir, le advierte que ya no está enamorado y que se está tirando a su hermanastra. Otro profundo palo (¿cuántos van?) para una mujer que ahora tendría que hacerse cargo tanto de su propia hija como de la de su difunto marido, sabiendo que éste ya no tenía sentimientos por ella.

Hay una cosa que me parece muy interesante. Si pierdes a tu cónyuge, te llaman viudo o viuda; si eres un niño y pierdes a tus padres, entonces eres un huérfano. ¿Pero qué palabra describe a un padre que pierde a su hijo? Supongo que es algo tan horrible que no hay palabra para definirlo

Y con este miedo vivió Brenda durante un tiempo, el miedo de ver morir a su pequeño bebé recién nacido. Todos sufrimos muchísimo en los últimos capítulos creyendo que algo muy malo iba a pasarle al bebé de Brenda, pero finalmente no fue así. Ese maravilloso epílogo final de la serie nos enseñó que Brenda volvió a rehacer su vida, encontró un hombre con el que fue feliz y con el que crió sin problemas a sus dos hijas. “Y comieron perdices…“.

En ¡Vaya Tele! | La importancia de llamarse Brian Kinney

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