En 2 días vuelve una de las joyas mas infravaloradas del streaming. Un duelo enológico que atraviesa idiomas, países y heridas familiares

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Es como una 'Succession' en el universo del vino

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Fotograma de la serie
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Belén Prieto

Editora

En un panorama en el que el ritmo al que se estrenan las series es cada vez más frenético, 'Las gotas de Dios' se presentó como una auténtica rareza: un drama elegante y repleto de sensibilidad que hace del mundo del vino un vehículo para hablar de la familia, las herencias emocionales y las heridas que nunca terminan de cerrarse. 

La adaptación del manga del mismo nombre sigue las vidas cruzadas de Camille Léger (Fleur Geffrier) -una joven francesa que arrastra un pasado tenso con su padre- e Issei Tomine (Tomohisa Yamashita) -el alumno japonés más brillante de ese mismo hombre- tras la muerte del prestigioso experto Alexandre Léger, cuya colección de vinos valorada en millones será entregada al ganador de una competición muy exigente. Lo que comienza como un duelo entre dos herederos se transforma pronto en un viaje en el que el vino no es tanto un capricho gourmet, sino una llave hacia la identidad, el perdón y la memoria. 

Un verdadero elixir

Uno de los mayores aciertos de la serie es convertir lo que parece una historia sobre vino en un drama sobre vínculos rotos. Camille, que no bebe alcohol y arrastra una relación llena de resentimiento hacia su padre, descubre al llegar a Japón que él ha muerto y que la ha arrastrado a una competición imposible. 

Y esa tensión emocional está muy lejos de ser un mero accesorio, porque el viaje de Camille es un proceso de duelo, redescubrimiento y reconciliación con un hombre al que creía conocer. Por eso, aunque el vino esté presente, lo que realmente nos hace conectar es la intimidad y el conflicto.

También brillan las capas culturales y el choque silencioso entre tradiciones. Mientras Camille se enfrenta a un legado del que intentó escapar, Issei debe lidiar con las imposiciones de una familia poderosa que desprecia su pasión por el vino. Esa dualidad aporta una tensión suave pero constante que recuerda a otros dramas como 'Succession', donde la figura paterna es el eje, la herida y el motor de la historia. 

Por otro lado, visualmente también es un espectáculo. Viajes a Francia, Japón o Italia, viñedos, bodegas, restaurantes, calles, subtítulos en francés, japonés, inglés o italiano… todo forma parte de un ecosistema estético muy cuidado, elegante y sensorial. La fotografía transforma olores y sabores en imágenes y los recuerdos se mezclan con texturas, paisajes y emociones. Y la puesta en escena convierte cada episodio en una experiencia sensorial incluso para los que no tienen interés en el mundo del vino.

'Las gotas de Dios'

Otro punto clave está en el desarrollo de los personajes. Camille e Issei no son rivales caricaturescos, sino personas con heridas que intentan entender quiénes son y qué les dejaron de herencia aquellos a quienes amaron y detestaron a la vez. 

Al final, 'Las gotas de Dios' funciona porque captura esa sensación de descubrimiento continuo. Al igual que Camille aprende a identificar aromas y años, el espectador aprende a leer lo que no se dice explícitamente y percibimos la soledad que siente Issei, la culpa de Camille, el vacío que dejó Alexandre, o cómo influye la ausencia de una figura paterna obsesiva. Y justo a tiempo para mejorar nuestro arranque de año, el 21 de enero llega la temporada 2 a Apple TV, dispuesta a seguir mostrando la cómo fermenta la madurez de los protagonistas.

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