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Los reality evolucionan a peor

Los reality evolucionan a peor
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Precisamente ayer leí la noticia de que los profesores de OT amenazan con expulsar del reality a los concursantes que no den la talla y veo en Fama que estuvieron a punto de echar a un bailarín por mostrarse borde con la jefa de estudios (la expulsión del público le ahorró el papelón al claustro). Ángel Llàcer promete histerismo a raudales de forma similar al que contagia Paula Vázquez con sus gritos o al que comunica en Tú sí que vales. Como Risto Mejide no hay otro, que odia ser famoso pero que repite de jurado para interpretar su papel.

Si algo me asombra de la evolución de los reality es ver cómo, poco a poco, van desapareciendo las normas, las reglas del juego. En Gran Hermano ya llevan tiempo dándole gato por liebre a los concursantes con el lema de que todo es imprevisible. En Supervivientes se ahorraron las últimas nominaciones para tener la final deseada. En Fama no hacen más que entrar concursantes, hasta el punto de que Paula Vázquez no consigue aprenderse los nombres. Ahora amenazan con expulsiones arbitrarias en OT.

A pesar de esta evidente falta de rigor que constata cierto juego sucio por parte de las cadenas, el interés de los espectadores por los reality sigue subiendo. Parece que a mayor arbitrariedad, mayor audiencia. ¿Acaso prefiere la gente un concurso tramposo pero con carnaza antes que cierta honestidad? Yo puedo comprender que las cadenas necesiten tener los reality bajo control para beneficiarse al máximo del interés de la audiencia pero de ahí a que utilicen métodos poco claros para ello hay un abismo.

El problema es mío, lo sé. Interioricé en su momento que en los reality hay una parte de concurso y, como tal, deben de haber unas normas oficiales y conocidas por todos para que la batalla sea justa. Ahora comprendo que el concurso es la excusa pero, aún así, me parece injusto y perverso que se empeñen en controlar el voto de la manera que lo hacen, machacando a concursantes, cambiando normas, inventándose retos...,. Con estas triquilueñas exprimen al máximo las reacciones de los concursantes y les llevan al límite por medio de la desorientación. Y luego querrán hacernos creer que todo esto es un experimento sociológico.

Ni talento, ni supervivencia, ni convivencia. Engaño y manipulación definirían mejor estos formatos que, según van evolucionando (o involucionando), adquieren tintes más funestos y criticables. No entiendo cómo hay gente que quiere participar de esto, ya sea desde el programa en sí o enviando mensajitos.

En ¡Vaya Tele! | Rumor: los Supervivientes podrían quedarse sin premio

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