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Las mejores series animadas de la historia (V)

Las mejores series animadas de la historia (V)
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Ah, los dibus. Cuántas horas se nos habrán ido en conversaciones sobre esas series de la infancia que nos tenían horas frente al televisor; esos tiempos en los que no podías perderte ni un episodio de ‘Mofli’ porque no podías soportar la idea de que justo en ese episodio finalmente le capturasen; esa época en la que no dolía madrugar un sábado para disfrutar de unas cuantas ondas vitales. Una época que nos ha dejado grabadas sus canciones de cabecera a fuego en nuestra cabeza, pero tampoco podemos olvidarnos de las series animadas de la actualidad, de las que destacan por ser productos infantiles relevantes, títulos irreverentes y gamberros o animes para el recuerdo. Estos días os hemos hablado de algunas de las que consideramos más relevantes, memorables o símplemente mejores, y hoy os traigo una nueva entrega.

Alfred J. Kwak


Menudo trauma. Ya desde la cabecera se percibe ese tono melancólico que empañaba la historia desde el comienzo, cuando Alfred se convierte en el único miembro de su familia que sobrevive a un accidente en el que su padre, madre y hermanitos son atropellados por un coche. Henk es un topo que adopta a Alfred, que se mantiene optimista y dicharachero a pesar de todo lo que le ocurre en la vida; y es que ‘Alfred J. Kwak’ era una serie tan adulta que vista con ojos maduros puede llegar a asustar.

Además de los conflictos derivados del hecho de tener un topo como padrastro, que lleva a Alfred a tener muchas dudas y sufrir ostracismo y bullying, la serie se adentraba en unos terrenos políticos y sociales imposibles de entender por los muchachitos ingenuos que éramos entonces, y sin embargo el poso queda ahí. Su gran corazón y lo trascendente de los conflictos del personaje consiguieron que sea una de las más recordadas. ¿Puedo decir ya lo de ya no se hacen dibus como los de antes?

En ¡Vaya Tele! | 'Alfred J. Kwak', Nostalgia TV

‘D’Artacán y los tres mosqueperros’


La versión canina de Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas es otra de las inolvidables series animadas de la infancia. D’Artacán es un joven con un sueño: convertirse en uno de los mosqueperros del Rey Luis XIII; cuando se une a Amis, Pontos y Dogos (son, los tres mosquepeeerros, sus hazañas, más de mil, nunca tienen fin…) vivirá mil aventuras luchando contra el malo del cuento, el cardenal Richelieu y con el amor y el honor como grandes estandartes.

Televisión Española la emitió aquí entre 1982 y 1983, pero después se repetirían las emisiones año sí y año también, tocando a toda la generación de chavales de los 80. Series como ésta, como ‘Alfred J. Kwak’, ‘David el Gnomo’ o ‘Érase una vez’ eran historias de grandes valores educativos que seguían vigentes mucho tiempo después de su estreno; algunas lo siguen siendo incluso ahora y sin embargo, viendo la evolución del dibujo animado infantil entristece pensar que probablemente hoy en día no marcarían época.

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Rurouni Kenshin, El Guerrero Samurai


En 1994 empezó a publicarse el manga de Nobuhiro Watsuki, que se convertiría en uno de los más populares de Japón y en una historia de gran proyección internacional. Dos años después llegaría el anime que contaba las desventuras de Kenshin Himura (basado en un personaje histórico de la Restauración Meiji), un asesino famoso y temido que, entrada la Era Meiji (y traicionado por lo que defendía) toma la determinación de no matar nunca más, y vaga por ahí cual ronin con su katana de filo invertido. El destino hará que se tope con Kaoru y sus problemas con el dojo de su padre, que harán que Kenshin acabe involucrado en sus vidas.

Como suele ocurrir con los animes de series de éxito que arrancan durante la publicación del manga, poco menos de la mitad de los episodios no tienen relación con el material original, y fue mediante diversos OVAs que la historia acabó por representarse al completo en formato animado -de hecho, lo mejor de 'Rurouni Kenshin' es 'Recuerdos (Tsuiokuhen)'. Canal + emitía la serie los sábados y domingos por la mañana, y para algunos fue uno de los títulos que abrió la puerta al anime más allá de los típicos ‘Bola de Dragón’, ‘Caballeros del Zodiaco’ o, por qué negarlo, ‘Sailor Moon’.

En ¡Vaya Tele! | Anime

Pocoyó


Desde el punto de vista de un adulto, el mundo de los programas para preescolares es de lo más complejo a lo que uno se puede enfrentar; es difícil apreciar el atractivo de cosas como ‘Los Teletubbies’. Sin embargo, el éxito internacional de ‘Pocoyó’ ha demostrado que el encanto y desparpajo del muchachito del gorro azul y sus amigos atrae no sólo a los más pequeños, un fenómeno que me recuerda a 'Pingu', que fue el Pocoyó de mi infancia pero tiene la misma capacidad de encandilar a los mayores.

La magia de Pocoyó radica en su simpleza. Los fondos blancos, los diseños 3D suave, las pequeñas, cortas y directas aventuras de cada episodio ayudan a encandilar a los niños, mientras que la capacidad de fomentar valores como la amistad, la imaginación, la creatividad y el buen humor atrapan a los no tan pequeños. Su sencillez y globalidad (muy fomentada por el sistema colaborativo de producción) han ayudado mucho a su inmensa proyección internacional.

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Padre de Familia


No hay duda que en España la joya de la corona en cuanto a animación adulta se refiere es ‘Los Simpson’; cualquier otra serie familiar que recurra al humor y crítica ácidos, con la referencia cultural y social como estandarte y sin dejar el absurdo, el homenaje o la parodia de lado estarán a su sombra. Sin embargo, y trasladando esa descripción punto por punto a los Griffin, yo siempre fui más de ‘Padre de Familia’.

Si hay algo que las diferencia es ese gusto de Seth MacFarlane por cruzar la línea, por llegar al gag cruel que consigue que te sientas mal por reírte de determinado chiste. Es bruta y en muchas ocasiones de mal gusto, y por eso mola. El formato fragmentado de flashbacks e insertos siempre será uno de sus elementos más diferenciadores (aunque haya sido también su perdición a medida que se sucedían las temporadas) junto con la capacidad de referencia pop eterna.

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