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60º Festival de Berlín: Maria Onetto enamora a la Berlinale en 'Rompecabezas'

60º Festival de Berlín: Maria Onetto enamora a la Berlinale en 'Rompecabezas'
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Durante siete jornadas de la Berlinale, tanto yo como otros periodistas acreditados, comentábamos por los pasillos que había muy pocas actrices protagonistas que pudieran aspirar con claridad al Oso de Plata a la mejor actriz, con la excepción de la legendaria intérprete china Lisa Lu, que en la película inaugural, ‘Tuan Yuan’ (‘Apart Together’, de Wang Quan’an), tenía momentos extraordinarios. Pero hoy hemos visto dos películas realmente buenas, en las que sendas actrices, la bellísima Zrinka Cvitesic de ‘Na Putu’ (‘On the path’, de Jasmila Zbanic), y sobre todo, la argentina María Onetto de ‘Rompecabezas’ (de Natalia Smirnoff), y ambas se perfilan como claras favoritas, si bien la fascinante protagonista del filme argentino es, para mí, la segura ganadora del premio.

Un día más, para que no perdamos la costumbre, hemos alternado cine exigente, complejo, con cine verdaderamente estúpido. Hoy, que no estaba programada ninguna película de la sección oficial fuera de concurso, si no que las tres optan a los premios del palmarés final, hemos empezado más que bien, con una película bosnia emocionante y libérrima, hemos seguido con una de las peores películas que este escritor (o cronista o analista, o pretencioso sermoneador, llámenme como les apetezca más) ha visto en mucho tiempo, que es la tercera y última película alemana, y hemos concluido con una preciosidad absoluta de película argentina que le devuelve al espectador las ganas de vivir.

‘Na Putu’, luchando por amor

La primera película, nada más amanecer en Berlín, fue la bosnia ‘Na Putu’ (cuya traducción literal y título internacional es ‘On the Path’). Está dirigida por Jasmila Zbanic, que hace cuatro años ganó el Oso de Oro y el premio del Jurado Ecuménico con su primera película, la magnífica ‘Grbavica’. Su segunda película, que hoy hemos visto, es una de las propuestas más interesantes que hemos visto en este festival, sin ningún género de dudas. Es una película noble, honesta y valiente, que reniega de los recursos fáciles del melodrama y que hace de la contención y de la sinceridad sus mayores virtudes.

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Cuenta la historia de una joven pareja, a la que dan vida los formidables intérpretes Zrinka Cvitesic y Leon Lucev. Ella es azafata de vuelo, y el controlador de aeropuerto. Son felices, pero su relación adolece de los problemas que muchas parejas padecen: él bebe demasiado, intentan tener un hijo pero no lo consiguen… etc. Cuando llega un momento en que él toca fondo, y pierde su empleo, sólo encontrará consuelo en una comunidad islámica extremista que le cambiará completamente. Ella tendrá que lidiar con la nueva situación, con su machismo, con sus ideas radicales, con su adoctrinamiento. Intentará sacar adelante una relación moribunda, hasta que no pueda más. El resultado es hermoso.

Precisamente ayer habíamos tocado el tema del Islam en la absolutamente mediocre ‘Shahada’, y también recuerdo la estúpida ‘Hadewijch’, que pudimos ver, y abominar, en San Sebastián. Donde aquéllas películas fracasaban, esta triunfa por el mero hecho de que sabe de lo que habla, de que los personajes están increíblemente vivos, y de que la historia siempre es veraz. Zbanic narra su drama con gran inteligencia: sin caer jamás en un énfasis manipulador, ni en un alarde de estilo. Simplemente, posee el suficiente talento como para dejar que su historia vaya poco a poco, para permitir que suceda en la pantalla de manera natural. Así, el espectador no presencia un relato condicionado, si no que se tiene la sensación de libertad total, de observar algo real.

La labor con los actores de Zbanic es literalmente soberbia. Confía en ellos plenamente, y respeta mucho su trabajo, por eso les permite ser cocreadores de la películas, en el sentido absoluto del término. Sobre todo ella, la bellísima (con unos ojos inolvidables) Zrinka Cvitesic, que no tiene treinta años y que posee un futuro muy prometedor. Ella soporta gran parte del peso de la película, y lo hace sin aparente esfuerzo, aunque en la conferencia de prensa (que estaba a medio llenar, aunque fue muy animada), la actriz aseguraba que en las primeras jornadas de rodaje lo pasó realmente mal, por la presión del papel.

Hay una crítica nada disimulada, pero elegante, de la forma en que el Islam, como cualquiera de las religiones llamadas semíticas (musulmana, católica y judía) controla de manera total todos los aspectos de la vida de sus fieles, lo que resulta aterrador y descorazonador al mismo tiempo. Pero la cineasta no lo hace de manera burda, si no conociendo bien en qué consiste esa fe, y sin perder jamás el control de la historia. Hay emoción, verdad, juventud trágica, amor truncado, en esta buena película. Y ella podría ganar perfectamente el premio a la mejor actriz, pues no todo van a ser siempre dinosaurios, si no también gente joven a la que el premio puede lanzar la carrera. Sin duda lo merece.

‘Rise and fall’, Jose Luis Garcí alemán

Este año la Berlinale, como no podía ser menos, ha incluido en la sección oficial a concurso tres películas alemanas. Nada que objetar. Lo malo es que van de lo mejor (la estupenda ‘The Robber’) a lo horrendo (la de hoy). No puedo creer que no hubiera otros títulos germanos a considerar antes que esta bazofia. Mientras la veía, me pellizcaba para asegurarme de que no estaba dormido y tenía pesadillas. Ha sido la primera cinta en recibir abucheos tanto durante la proyección como al acabar ésta, y luego en la rueda de prensa. Y no es para menos. Deberían quemarla, el mundo sería un lugar mejor en el que vivir.

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El engendro, además, cuenta una historia real, pero no sólo altera sucesos reales (lo que resulta hasta cierto punto permisible, en favor de la dramatización), si no que luego los falsea en los títulos finales, en los que unos carteles (lo hemos visto cien veces en cien películas) cuentan la historia de las personas cuya vida se ha ficcionado. Esto es ya una vergüenza, y le resta dignidad a un festival maravilloso y valiente, que está por encima de grandes errores como este, pero al que hay que pedirle un poco de sensatez de cuando en cuando.

Cuenta la historia de Ferdinand Marian, un actor que participó en uno de los panfletos velados del psicópata Paul Joseph Goebbels (o el cojo sangriento, o la sabandija siniestra, como prefieran llamarle), la tristemente célebre ‘Jud Süss’, en la que los judíos quedaban, poco más o menos, como malnacidos sin sentimientos. Marian está interpretado por Tobías Moretti, que está espantosamente mal. Pero todos están mal en un reparto vergonzoso, penosamente dirigido por el cineasta Oskar Roehler, que demuestra una incapacidad enorme para ser director de cine.

Salvando las distancias, es algo así como el Jose Luis Garci alemán: un diseño de época encorsetado y casposo, un guión delirante con secuencias inimaginables de lo estúpidas que son, un reparto y una puesta en escena brutalmente teatrales. Hace buen trío de mierda con la cochambre de ‘Cartepillar’ y ‘Exit Through the Gift Shop’. Su rueda de prensa estaba abarrotada, aunque más por ser alemana y penosa que por nada más.

La pesadilla del Cinemaxx

Con mis crónicas de la Berlinale, no sólo quiero ofrecer una visión personal (porque para eso he viajado aquí, para decir lo que pienso) de las películas a concurso y fuera de concurso de la sección oficial, también quería aprovechar para ofrecer “color local”, o al menos para dedicar unas cuantas líneas y un tiempo a describirle al lector, el que no pueda estar aquí y desearía estar (que espero sea numeroso…), aspectos puramente ambientales y estructurales de un festival enorme, cuya afluencia de gente prometo que pone a prueba la paciencia de un tipo tan poco paciente como yo.

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Debo decir que me ha sorprendido el Berlinale Palast de manera muy positiva. Es el edificio más importante del festival, y en él tienen lugar los pases de prensa de antes de comer. En el piso de abajo tenemos tanto el material de prensa, indispensable, como una pequeña sala (demasiado pequeña) para conectarnos a internet. Y en el piso de arriba la enorme sala de cine. La imagen y el sonido son impecables, perfectos. En este edificio gigantesco tienen lugar los pases de gala y el pase de estrellas que los lectores pueden ver en las noticias. Lo malo es que por la tarde los periodistas no pueden acceder.

En frente del Palast está el hotel Grand Hyatt, donde está situada la sala de prensa. Y detrás del hotel, muy cerca, el Cinemaxx, en cuya sala 7 tienen lugar siempre las proyecciones de la tarde de la sección oficial. Y no puedo dejar de lamentar que así sea. Es una instalación preparada para el trasiego habitual de mucha gente. Pero no para un festival de estas características, aunque lo usan porque está anexo a la plaza.

Para empezar no dispone, al contrario que el Palast, de guardarropa. Además, la sala 7 es la que queda de frente nada más subir las escaleras, con lo que los follones que se arman todas las tardes son dignos de una novela de aventuras. Y estos últimos días algo ha debido pasar, porque el tráfico se ha ralentizado al haber aparecido unos gorilas que nos fisgonean las bolsas, no vayamos a cargar alguna bomba nuclear o algo por el estilo. Además, la sala es pequeña y calurosa, y las butacas demasiado cómodas como para aguantar un visionado con el cansancio acumulado.

Pero mañana haré un resumen de la sensación que me ha causado la atmósfera general del festival.

‘Puzzle’, una pequeña obra maestra

Esta es una de las varias películas de este festival que es un debut. Y hay muchísimo coraje, mucha inteligencia y sensatez a la hora de incluirla en la sección a concurso. Después de las nauseabundas sensaciones que provocó la alemana, hemos acabado la jornada de manera inmejorable, con una película completamente hermosa y emocionante, una hemorragia de interpretación y de cine, una historia emotiva pero no sensiblera, un relato sobre la dignidad resbaladiza del ser humano.

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La protagonista de esta historia es un ama de casa, interpretada con convicción abrumadora y deslumbrante por una grandiosa Maria Onetto, que se desvive por su familia de dos hijos y un padre. Ellos son una pandilla de egoistas desagradecidos, que amordazan su desprecio hacia ella con es buenrollismo burgués que tantos conocemos y que no es si no la constatación de que ser padre puede ser un infierno. En su cumpleaños, le regalan un puzzle, y descubre que tiene un portentoso don para armarlo con rapidez y sin esfuerzo. Es el emocionante comienzo de un viaje hacia la dignidad y la libertad personal que Smirnoff filma sin el menor desmayo de ritmo.

Es ‘Rompecabezas’ una película pequeñita en empaque y aspecto, pero enorme en imaginación y en voluntad, en coraje y en ingenio. Cuenta cosas acerca de gente de verdad, de la gente que importa: la gente común. El punto de vista es el de una mujer que no tiene vida, si no que entrega su vida para su familia. Sin embargo un día descubre que tiene un don que la hace feliz, y no para hasta culminarlo. El itinerario vital de esta mujer asombrosa es una de las aventuras más hermosas que hemos tenido la suerte de presenciar en esta berlinale, y la actriz que lo hace posible espero que en pocas horas se alce con el Oso de Plata a la mejor actriz, aunque no está aquí en la Berlinale.

Smirnoff, que ha tardado cinco años en levantar y hacer posible y finalizar este proyecto, se enamora de un personaje tan real como la vida misma, y ha conseguido que la Berlinale se enamore también de ella y de la inmensa actriz que le ha dado, literalmente, vida. Es imposible imaginar en una actuación, en un fingimiento. Sencillamente, Onetto es Maria del Carmen. Hay momentos tan bellos en esta película que no pueden describirse, momentos que hablan sobre la necesidad de recibir cariño, sobre la vida que entra en su ocaso y merece confirmar que algo ha merecido la pena.

La cámara de Smirnoff es vibrante, pero serena. Capta los detalles, pero también la vida misma. O, más que captarla, la crea. Decía en la rueda de prensa (la sala estaba a menos de la mitad de su capacidad), que improvisó mucho y trabajó muy duro para que su cámara recogiera detalles aislados que dieran la impresión de un hecho en su totalidad (como un puzzle). Para ella, lo más importante era el punto de vista de su protagonista. Y eso es lo que nos ha regalado a nosotros.

Mañana veremos las últimas tres películas a concurso, una danesa, una norteamericana y una francesa.

Berlín, 18 de Febrero de 2010.

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