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'No controles', comedia clásica y tronchante

'No controles', comedia clásica y tronchante
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¡Esto es como 'La jungla de cristal', pero del amor! -Juancarlitros

Me enfrento a la película como quien va a la guerra: comedia. Navideña. Española. Muchos habrían huido ante tanto término de mal fario junto. Pero la crítica de cine no está hecha para los cobardes, así que entro a la sala. Y mientras me pongo cómodo comienzo a relajarme cuando recuerdo que estos tipos son los responsables de 'Pagafantas' (Borja Cobeaga, 2009), una más que conseguida película de terror disfrazada de comedia para fracasados.

Quizá a aquélla le fallaba en algunos momentos la estructura en cuanto a la hilazón de ciertas secuencias, y puede que algún personaje no estuviera lo suficientemente trabajado —como el interpretado por Óscar Ladoire —, pero el aire costumbrista y la comedia nacida del patetismo funcionaba. Vaya que si funcionaba. Así que después de la entrevista a Diego San José, coguionista de aquélla y de ésta 'No controles', en la que me aseguraba que habían pulido anteriores arritmias y definía este nuevo trabajo como una versión corregida y aumentada de 'Pagafantas', me sacudí los temores por completo. Y no me equivoqué.

Estamos en vísperas de año nuevo, y una pareja se separa. Podríamos decir que la película empieza por lo que es el final en muchos dramas o comedias agridulces: un aeropuerto y una despedida que se antoja definitiva. Pero la nieve y el destino se ponen de parte de nuestro héroe —un correcto Unax Ugalde— y cancela el vuelo que iba a alejar definitivamente a su ex-novia —sorprendente Alexandra Jiménez— rumbo a un incierto futuro en Alemania. Sergio dispondrá de una última oportunidad para recuperar a su amor perdido. El lugar: un hotel donde coincidirán todos los pasajeros afectados por la cancelación de su vuelo. El tiempo: una sola noche. La de fin de año.

Borja Cobeaga, el director del fim, y Diego San José, coguionista, demuestran una gran sabiduría fílmica al acotar tan específicamente las unidades de tiempo y lugar. Con ello consiguen varias cosas: redondear y dejar atado y bien atado un guión que en 'Pagafantas' pecaba de cierta falta de progresión; meter sin ayuda de calzador a un variopinto grupo de personajes que ayudarán a aquilatar la sencilla trama; jugar con el factor emocional al encuadrar en una fecha tan especial una historia de amores rotos; dotar de un espacio físico reconocible —el hotel de carretera— a toda la historia, con lo que gana en unidad y concreción.

La comicidad de este dúo de guionistas es muy reconocible para cualquier consumidor atento de televisión. Suyos son los mejores sketches de 'Vaya semanita' o 'Qué vida más triste'. La comedia viene propiciada por un gran ojo clínico para recoger lo gracioso y absurdo que hay en la cotidianeidad de nuestras vidas, de las de nuestros amigos, del día a día. Pero no con la intención de hacerse los listos y reírse de lugares comunes desde una posición de superioridad, como hacen la mayoría de monologuistas de este país. Aquí somos uno más, ellos y nosotros. Son situaciones fácilmente reconocibles para cualquier espectador que se mueva entre los 20 y los 40 años. Aquí no hay lujos y mundos artificiales ni príncipes y princesas. Es éste un reino de clase media en que los personajes se parecen a nosotros mismos y a nuestros amigos. Y el monarca de todo esto se llama Juancarlitros.

Julián López ya había dado sobradas muestras de su esquinada comicidad en la pequeña pantalla junto al resto de 'Muchachada'. Pero en este papel-regalo que le ha brindado Borja Cobeaga, se convierte en un ciclón que amenaza con arrasar todo a su paso, trama y resto de personajes incluidos. Afortunadamente, la sangre no llega al río y los momentos en que no sale el torrencial Juancarlitros —aunténtica fábrica de chistes malos, expresiones caidas en desgracia y comportamiento nihilista— el espectador, como los protagonistas, respira aliviado y descansa su atención en los verdaderos protagonistas.

Puede que el personaje de Unax Ugalde necesitara una dosis de vitaminas para que la tensión emocional con Alexandra Jiménez fuera más creíble, pero esto es una fábula amable y una reformulacion clásica de una situación de pareja en crisis. Aquí lo que importa es que el chico consiga a la chica y, de paso, soltemos unas buenas carcajadas gracias a una caterva de personajes secundarios que dan sentido a la pelicula y una serie de situaciones llevadas con mimo y savoir faire hasta cerrar el film con nota. Y de paso, crear un personaje antológico. El enervante y entrañable John Candy de 'Mejor solo que mal acompañado' ('Planes, trains & Automobiles', John Hugues, 1987) tiene heredero y su nombre es Juancarlitros. John Hugues estaría orgulloso.

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