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'Krabat y el molino del diablo'. Cría cuervos, que te sacarán los ojos

'Krabat y el molino del diablo'. Cría cuervos, que te sacarán los ojos
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El viernes, 29 de enero, se estrena 'Krabat y el molino del diablo' ('Krabat'), película basada en la novela de juvenil del checo Otfried Preussler, quien a su vez se inspiró en mitos y leyendas de su niñez. El libro ha vendido más de cincuenta millones de ejemplares en medio centenar de idiomas. La cinta está dirigida por Marco Kreuzpaintner y protagonizada por Daniel Brühl, David Kross —protagonista de 'El lector' ('The Reader')— y Paula Kalemberg.

Krabat es un adolescente pobre que sueña que once cuervos le reclaman, así que abandona a sus amigos pedigüeños y atiende a la llamada. Un viejo y misterioso hombre tuerto le da la bienvenida a un molino y le pregunta si quiere aprender sólo a moler harina o si quiere que se lo enseñe todo. Él acepta aprenderlo todo y se queda a vivir allí, donde descubre que tiene once compañeros de trabajo, junto con los que se ocupará del molino. Sin embargo, el comportamiento de los muchachos es extraño: guardan muchos secretos y no se atreven a hablar con las chicas del pueblo vecino. Algunas noches acuden a las clases del maestro, las cuales todavía le están vedadas a Krabat. La historia que se cuenta en 'Krabat y el molino del diablo' es atrayente y tiene la capacidad de crear tensión. El círculo irrompible que debe ser quebrado para lograr la libertad es un concepto potente. Pero el argumento no es lo bastante denso o complicado como para sostener dos horas de película. El planteamiento, de más de una hora, es tedioso hasta la desesperación, no tanto por la falta de ritmo de cada una de las secuencias, sino por la cantidad de información innecesaria y de escenas de presentación que se incluyen. A partir de la segunda mitad, cuando se ha dejado más claro que ocurre algo oscuro en el molino, el film cobra emoción y recupera la capacidad de sorprender y enganchar al espectador. Si el montaje eliminase unos cuarenta minutos del inicio, se beneficiaría el conjunto, pues todo el film resultaría igual de interesante.

Krabat y sus amiguitos

'Krabat y el molino del diablo' está narrado a través de una voz en off, la forma más cómoda y facilona de trasladar una obra literaria a la pantalla y que, en la mayor parte de las ocasiones, supone que el trabajo de adaptación se ha realizado a medias. Si no va a funcionar como contrapunto poético —y aquí no es el caso— está bien emplearla cuando sirve para dar en pocos segundos información que necesitaría horas de visionado y, a partir de ahí, arrancar con acciones y diálogos que muestren lo que viene a continuación, pero en este film tiene una presencia excesiva y no ahorra tanto tiempo como debería.

En general, 'Krabat y el molino del diablo' tiene un estilo de realización correcto: tenemos ante nosotros un despliegue de paisajes boscosos, casi siempre invernales, de considerable belleza. Encontramos asimismo una ambientación más o menos opresiva y misteriosa que encaja sin problemas con el tipo de narración. No obstante, se hallan elementos que merecen menos elogio, como son las escenas de peleas, que guardan un extraño aspecto, ya que se ven más brillantes y luminosas que el resto, como si se hubiese optado por utilizar el "estrobo", pero sin cambiar el diafragma al modificar la velocidad del obturador. Los efectos especiales del vuelo de los cuervos, sobre todo en los primeros instantes, son un tanto visibles. Y la transparencia de los personajes, más que dudosa como efecto lo es en cuanto a su concepto, pues no se sabe bien a qué obedece y no vuelve a emplearse más allá de esa ocasión.

Podría considerarse 'Krabat y el molino de la muerte' una película de personajes porque tiene muchos de ellos y porque los elementos fantásticos tienen la función de sacar a la luz la personalidad del protagonista y obligarle a reaccionar, a actuar. En este sentido, sus aportaciones son positivas. No es que, de entre los doce chavales, distingamos doce caracteres diferenciados, pero al menos comprendemos al protagonista, a su mejor amigo Tonda (Brühl) y al mago… Incluso el personaje de la chica, con una aparición tan breve, no se percibe como un pegote ni como un objeto. Los intérpretes están todos en su lugar y el único cuyo trabajo se podría cuestionar es el del maestro.

El malo maloso

Mentiría si dijese que he detectado en el film una segunda lectura que el autor, criado en la Bohemia septentrional, dice haberle aportado a la novela. Declara que con este acercamiento al poder y sus capacidades seductoras está reflejando aquello por lo que pasó su generación en los años treinta. Muchos de los jóvenes de entonces sucumbieron a esas tentaciones y terminaron involucrándose en los terribles hechos que ya todos conocemos. No sé si en las intenciones de los guionistas estaba que se entendiese esta alegoría. De ser así, consideraría el film mucho más fallido de lo que estaba comentando hasta ahora. En ese caso, no sería cuestión únicamente de realizar un remontaje que lo aligerase, sino de haber sido capaces, ya en guión, de profundizar mucho más en los personajes y de crear una psicología en la que se viese la atracción de esa agrupación en la secta, de los poderes que la magia confiere… Lo único que se ve es que debe acudir a lo que el maestro le pide por obligación, pero no percibimos esas tentaciones.

Suponiendo que no existan esas intenciones, me hago consciente de que no nos encontramos ante un film de aspiraciones profundas o elevadas y que los defectillos que he señalado —voz en off, efectos especiales— no son motivo de que le otorgue una puntuación tan baja. Podría tratarse de una buena película juvenil, con el aliciente del contenido de magia negra, con un personaje que vive una evolución y con el ingrediente romántico… sí, si durase ochenta minutos. Tal como está, dudo mucho de sus posibilidades.

Tráiler de 'Krabat y el molino del diablo'.

Mi puntuación:

1,5
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