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'Aparecidos', los fantasmas como víctimas

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Un nuevo título que demuestra la buena salud del cine de género en España (tras ‘El Orfanato’ y ‘[REC]’), que fusiona hábilmente el terror y el thriller y que supone el debut en el largometraje del sevillano Paco Cabezas. ‘Aparecidos’ ofrece una historia íntima de dos hermanos que se recorren, en plan road movie, un fantasmal paisaje y se encuentran con el oscuro pasado de los desaparecidos de la oscura dictadura argentina.

Una trama bien escrita y desarrollada que nos sumerge en la aventura de unos protagonistas que se enfrentan al miedo más aterrador, con un puñado de imágenes sobrecogedoras que harán saltar de la butaca a más de uno. Pero cuya premisa inicial no se queda en el mero susto sino que alcanza una interesante intriga sobrenatural.

A pesar de que la cinta recurre al estereotipo propio del género, hay que señalar la valentía, no exenta de cierto riesgo, del realizador en llegar más allá y no caer en lo previsible. El mal rollo que sufren los dos hermanos es contagioso y terriblemente inquietante, pero no es la intención final. Tan sólo es la consecuencia de bucear, con la atracción y curiosidad a lo desconocido, en la memoria de capítulos brutales acontecidos en Argentina tres décadas atrás.

La aventura de los dos hermanos que arranca con cierta simpleza, se va ramificando y ofreciendo múltiples puntos de vista. Los hermanos van conociendo detalles mientras, casi rozando el delirio, llegan incluso a confundir la realidad y la dimensión fantasmal de una madre y su hija. Parecen productos de una mente atormentada, del miedo psicológico (original y espeluznante es la escena de la cafetería, cuya imagen más emblemática es la que protagoniza el póster), hasta llegar a ser tan reales y presentes como su propia realidad.

Otro de los grandes aciertos del debut del prometedor Paco Cabezas es que no se busca el susto fácil, con imágenes adornadas de abundante sangre, sino que una vez nos introduce de lleno en la atrapada espiral, se logra sobrecoger con una narración visual efectiva, a base de un montaje y unas interpretaciones adecuadas. Buen ejemplo de ello, es la escena del sótano donde la protagonista femenina (muy bien interpretada por Ruth Díaz) es torturada, llega a doler, a encoger el corazón y transmitir el sufrimiento extremo con una enorme simpleza visual.

La cinta posee una brillante narración, con un guión que cuida los detalles para no perder el hilo y que se apoya hábilmente en el paisaje y los escenarios. Y, precisamente, escenarios hay unos cuantos que logran transmitir el suficiente pánico y suspense para la historia: el fantasmal hotel, con recepcionista inquietante incluido (que recuerda inevitablemente a Norman Bates y el motel de ‘Psicosis’), así como el laboratorio oscuro, verdadero núcleo del mal y escondite secreto donde nacen las apariciones.

3,5

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