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'Argo', la cortina de humo

'Argo', la cortina de humo
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El estreno de ‘Argo‘ (2012) marca el comienzo de esa etapa del año en la que se van a ir estrenando las grandes candidatas a figurar entre las nominadas de los próximos Oscar, donde hasta hace bien poco muchos hubieran pensado que una película protagonizada por Ben Affleck jamás tendría opción alguna. Y es que, si recordáis, Affleck era poco menos que el hazmerreir de Hollywood durante los primeros años de la pasada década, pareciendo además que su carrera iba camino de la autodestrucción. Sin embargo, decidió dar el salto a la dirección con ‘Adiós pequeña, adiós‘ (Gone baby gone, 2007), los cuales refrendó años después con ‘The Town (Ciudad de Ladrones)‘ (2010), pero ha sido con ‘Argo’ cuando ha conseguido el mayor apoyo crítico de su aún incipiente carrera como realizador. Además, los espectadores americanos también están encantados con la que ya podemos calificar como una de las películas del año, aunque luego se dé la curiosa paradoja de que ni siquiera sea el mejor estreno del mes, honor reservado para la estupenda ‘Looper‘ (Rian Johnson, 2012).

La madurez de Affleck en la dirección

Una de las claves para entender el éxito de ‘Argo’ en todos los frentes es que Affleck no cae en el error de optar por el típico academicismo para abordar una historia son suficiente interés en sí misma. No pocos hubieran apostado por una aproximación puramente dramática a una historia real que trae inmediatamente a la memoria la reivindicable ‘La Cortina de Humo‘ (Wag the dog, Barry Levinson, 1997), donde el humor era la tónica dominante hasta que se producía un giro dramático final que no terminaba de encajar del todo bien con el tono del resto de película. Eso no sucede en ‘Argo’, donde Affleck sabe cómo usar el guión de Chris Terrio para, manteniendo siempre en perspectiva el dramatismo del hecho real del que parte, jugar con los géneros que mejor se amolden a cada situación para que la película funcione al mismo tiempo como propuesta de corte artístico y singular entretenimiento para todo tipo de público.

Imagen de la película

El primer gran acierto es la breve introducción al clima político de Irán previo al ataque a la embajada americana en Teherán. Con una sencillez inusitada se nos introduce en la acción evitando demonizar a la masa enfurecida a las puertas de la embajada, un punto clave para no desvirtuar la historia que nos cuentan, ya que los iraníes tienen todo el derecho del mundo a reaccionar así ante todo lo que proceda de Estados Unidos. A partir de ahí, Affleck juega con las posibilidades de la historia para jugar con diferentes géneros y así no saturar al espectador con la trágica situación que nos cuenta. Es por ello que la aparición de la comedia no es una concesión, sino la única opción realmente válida para la película inexistente que su personaje ha de sacar adelante (y también para valorar el resto de delirantes propuestas para sacarlos de Irán), siendo la combinación de drama y (mucho) thriller lo que controla ‘Argo’ durante su tramo final.

Sin embargo, sería injusto olvidar el acertado toque visual que tiene ‘Argo’ gracias al tremendo esfuerzo de Rodrigo Prieto para dotar a cada realidad de la película de un tono visual característico, ya que hay sutiles diferencias entre las escenas en la CIA (más pulcro, colando perfectamente como algo mucho más actual), Hollywood (donde su busca que se note lo máximo posible el año en el que se ambienta la acción) e Irán (con más grano y buscando un mayor realismo). Affleck no tuvo problemas en permitir a Prieto probar todas las técnicas disponibles en el mercado para que ‘Argo’ realmente parezca una película de la época en la que se ambienta la acción, algo que ya se marca de entrada al utilizar el logo de Warner durante buena parte de los años 70 y parte de los 80, pero acordándose de que no tenía que ser algo meramente anecdótico, un error en el que sí han caído otras muchas producciones. Aquí entraría también una mención a la acertada recreación física de todos los implicados con respecto al original real, algo que se recuerda abiertamente al espectador durante los títulos de créditos finales.

El Ben Affleck actor

Imagen de

La presencia del propio Affleck encabezando el reparto era uno de los aspectos que más dudas despertaban, ya que nunca ha sido conocido por ser un crack en ese apartado. El precedente de ‘The Town (Ciudad de Ladrones)’ también jugaba en su contra, pues allí, aunque más que digno en su actuación, sus vergüenzas quedaban al descubierto ante el notable trabajo de Jeremy Renner, quien compartía la mayor parte de sus escenas con Affleck. Eso es algo que no sucede en ‘Argo’, sobre todo porque no hay ningún otro personaje que pueda hacerle sombra, y es que Affleck es el protagonista absoluto de la función, siendo el resto complementos necesarios, consiguiendo el pequeño milagro de que no solo no dejen esa sensación mientras vemos la película, sino que se logra equilibrarlo todo tan bien que ninguno de ellos realmente necesita aparecer más.

Conviene desterrar los miedos hacia Affleck, ya que no se ha limitado a usar el método interpretativo de dejarse crecer la barba y tener un aspecto algo más desaliñado de lo habitual. Y es que Affleck siempre ha demostrado ser más convincente cuando tiene que dar vida a alguien seguro de sí mismo que en los momentos en los que ha de mostrar fragilidad emocional, el gran debe de su faceta como actor (y uno de los principales fallos de su anterior trabajo tras las cámaras) que apenas tiene presencia en ‘Argo’, donde resuelve con especial fortuna todo lo relacionado con la creación de la película que ha de servir como tapadera para sacar de Irán a los seis americanos escondidos en la embajada americana. Una vez allí, parece que el propio Affleck es consciente de sus limitaciones, por lo que decide apostar abiertamente por el thriller, imprimiendo una creciente tensión al relato para que los personajes no tengan más que reaccionar con relativa sencillez y sin grandes monólogos o excesos dramáticos a los escollos que van encontrándose.

La dominancia de Affleck y el limitado peso específico del resto del reparto no significa que no haya nada más reseñable en este apartado, donde destaca con luz propia Alan Arkin como el productor hollywoodiense que acepta apoyar la tapadera. Él es la fuente de casi todo el humor de la función, siendo especialmente memorable el juego de palabras que establece con el título de la misma. El resto del reparto cumple bien su cometido, pero siempre dentro de una necesaria contención para no romper el equilibrio al que aludía con anterioridad, no tanto para que Affleck brille más como para que el conjunto sea más sólido.

Imagen de Alan Arkin, John Goodman y Ben Affleck en

En definitiva, ‘Argo’ es el prototipo de muy buena película oscarizable, ya que no se limita a una exposición académica de una singular historia real, sino que aborda con descaro todas sus posibilidades, desde el drama más evidente hasta el thriller, sin por ello obviar las posibilidades cómicas del disparatado plan para salvar a los refugiados americanos. Además, Affleck nos ofrece una actuación suficientemente convincente para que no pensemos en él como el punto débil de la función, algo que muchos seguramente diesen por sentado de antemano. No es perfecta, pero sí una película con la que uno acaba pensando que su tiempo ha estado bien utilizado.

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