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'Black Snake Moan', sin sexo a ritmo de blues

'Black Snake Moan', sin sexo a ritmo de blues
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'Black Snake Moan' viene precedida del morbo de ver a Christina Ricci interpretando a una adicta al sexo, y aún así su distribución en nuestro país está dejando mucho que desear, ni eso ha valido para vender correctamente el último film de Craig Brewer, quien hace dos años consiguió que nominaran al Oscar a Terrence Howard por su labor en 'Hustle & Flow', la cual pasó como el rayo por nuestras carteleras y que un servidor ni siquiera ha visto, aunque tengo intención de rescatarla algún día.

'Black Snake Moan' narra la curiosa relación de dos personas de lo más diferente entre sí. Una, una joven muchacha que tiene ciertos problemas de promiscuidad, y la otra, un hombre negro, amante del blues, separado recientemente de su mujer, y que se encontrará en su camino con la joven, la cual considerará una prueba de Dios para enmendarla y reconducirla por el buen camino. Porque ya sabemos todos que abusar del sexo es cosa mala. Caca, nene, caca, no se toca.

El film hace en todo momento referencias hacia la música blues; de hecho la película comienza con las palabras de un viejo bluesman, que son toda una declaración de principios en cuanto a los seguidores de esta música se refiere. Unas palabras que tal vez marquen un poco por dónde van a ir los tiros en esta película. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad. Puede que las intenciones de Brewer hayan sido otras, pero desde luego el film no logra transnmitir en ningún momento la posible angustia de los dos personajes principales, a los cuales se trata de vestir con cierta aureola, como si viviesen la historia de una de esas canciones desgarradas típicas del blues, llenas de personajes sucios, sudorosos y pecadores. Conviene destacar que las connotaciones religiosas que se desprenden de la historia son numerosas, sobre todo al final de la película, cuando ésta se vuelve totalmente moralista y pretende aleccionarnos.

Uno de los mayores problemas de la película es que nada de lo que pasa en ella es creíble, pero no porque su director no haya sido capaz de hacernos creer lo que cuenta, sino porque sus personajes son totalmente inverosímiles, estando muchos de ellos fuera de lugar. Los dos principales son tan distintos entre sí, que así es como se quedan durante todo el metraje, distantes el uno del otro, por mucho que una cadena alrededor de la cintura de la Ricci pretenda encadenarla a algún tipo de raiz de la que carece el personaje, que por cierto, arrastra consigo el típico trauma infantil, o incluso pretenda unirla al personaje de Samuel L. Jackson, el cual se torna un tanto incomprensible con su manía redentora hacia la muchacha.

En el campo interpretativo tenemos a una Christina Ricci escandalosamente sensual y sexual, evidentemente el papel lo requiere, aunque me pregunto que hubiera pasado si en lugar de la Ricci nos colocan a una actriz más fea y con menos morbo. A su lado, Samuel L. Jackson hace lo que puede con su personaje, e incluso está menos gritón que de costumbre. Las escenas en las que interpreta alguna canción son de lo mejor de la película. También tenemos a Justin Timberlake, empeñado en querer triunfar en la cosa esta del cine, pero sobre él es mejor no hablar.

Una mala película, que además es aburrida hasta decir basta, quizá porque alarga en exceso muchas de sus situaciones, por no hablar de que se para en alguna que otra trama secundaria, mal insertada en el film. Para el recuerdo nos queda simplemente una Christina Ricci totalmente entregada sin ningún tipo de prejuicios a un papel que pocas actrices se atreverían a hacer, entre otras cosas porque hay que enseñar cuerpo, y la Ricci en ese aspecto no se corta. Una pena que todo quede diluido por una total falta de credibilidad.

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