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David Cronenberg: 'eXistenZ', tecnología y realidad

David Cronenberg: 'eXistenZ', tecnología y realidad
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Decidme la verdad… ¿estamos aún en el juego?

David Cronenberg es uno de esos ejemplos que hacen trizas la consideración del autor de cine como ese profesional del séptimo arte (un arte muy unido al negocio, como demuestran ‘Crepúsculo’ o ‘Tintin’) que dirige sus propias historias. No es necesario. La marca del autor no es la originalidad de la historia, sino de la mirada, cómo construye una realidad que nosotros miramos a través de la ventana que es la pantalla. Los temas, las inquietudes y la personalidad del cineasta no requieren de una historia propia. En un guion puede estar escrito que un hombre se sienta y se queda mirando el tráfico, y la manera de plasmar eso (de convertirlo en cine) marcará la diferencia entre un realizador mediocre, sin nada que aportar, uno excelente pero impersonal, capaz de crear bellas imágenes de manera casi automática, y uno que narra desde el interior, que se expresa a través de la pantalla. Un autor.

Cuando Cronenberg comienza a crear la historia de ‘eXistenZ’, en 1995, habían transcurrido 14 años desde la última vez que había trabajado en un guion original (‘Videodrome’). Y cuando se estrena, en 1999, nadie pone en duda de que el canadiense es uno de los autores más relevantes del panorama cinematográfico internacional. El premio que logró en Cannes por ‘Crash’ (1996) tuvo mucho que ver, pero solo para extender una idea que ya resultaba evidente para todo aquel que se hubiera tomado cierta molestia en observar atentamente (sin prejuicios ni vagancia) la obra del cineasta, que había comenzado a compartir con el mundo su peculiar enfoque en ‘Stereo’, filmada en 1969 (”una investigación de la incapacidad de la sexualidad corriente“, en palabras de su director, ¿acaso no es uno de sus temas favoritos?). Al parecer, Cronenberg se sentó a escribir el guion de ‘eXistenZ’ mientras esperaba que arrancara la complicada producción de ‘Crash’, porque no había leído nada que le interesara tanto como para adaptarlo al cine. De sus entrañas surge una película que vuelve a girar en torno a la relación del ser humano con la tecnología y a nuestra capacidad (o necesidad) para crear existencias o identidades alternativas, pudiendo llegar a una confusión entre fantasía y realidad.

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La película arranca con la presentación de ‘eXistenZ’, el juego. El público real y el de la fantasía cinematográfica se unen, y es que en esta confusión de realidades que se nos plantea entra también el cine, una manera habitual de escapar de nuestra existencia cotidiana, tanto para quienes lo hacen como para quienes lo ven (el diseñador del juego sería el cineasta y los usuarios sus actores protagonistas). Desde la primera escena (atención a Christopher Eccleston) se hace patente la irrealidad de los personajes, no se comportan de manera natural, tienen extraños acentos (Ian Holm...) y se mueven de forma exagerada, algo que en un principio puede atribuirse a un mal trabajo del reparto cobrará sentido más adelante. El film comienza en el interior de una iglesia; participar en el juego se convierte en una experiencia espiritual, siendo Allegra Geller (Jennifer Jason Leigh), la creadora de ‘eXistenZ’, una especie de diosa (el “isten“ del título significa “dios” en húngaro) a la que veneran sus fieles seguidores, ansiosos por trascender, por alcanzar otra existencia más plena… y pronto aparece la violenta secta de “los realistas”, que no toleran las ideas de esa otra “religión”. Al mismo tiempo, esta primera secuencia (y la última) enlaza la película con ‘Videodrome’, de la que vendría a ser una actualización (un remake) o una extensión (una secuela).

Cuenta el cineasta que la idea de la película surgió a partir de una entrevista que le encargaron hacer al escritor británico Salman Rushdie en el año 95. Cronenberg se interesó por la situación de un hombre que había sido amenazado de muerte por una obra artística (en este caso por la novela ‘Los versos satánicos’, considerada blasfema por los integristas musulmanes), un tema que había tocado en la adaptación de ‘El almuerzo desnudo’ (‘Naked Lunch’, 1991), cuando reflejó el temor del autor a las consecuencias que podían desencadenar sus creaciones. Esa película ya trataba de un escritor, así que Cronenberg convirtió a su nuevo protagonista en un diseñador de videojuegos, permitiéndole adentrarse en un terreno más joven y fértil, en expansión, cuyas posibilidades, todavía hoy, tan solo podemos imaginar. Finalmente el personaje acabaría siendo una mujer para dar una vuelta a los roles habituales en el cine y enrarecer las escenas en las que jugar a ‘eXistenZ’ se convierte en una metáfora del sexo. Se participa a través de unos biopuertos situados cerca del ano, que son penetrados por uno de los extremos del cable que se conecta al juego, el cual se activa tras estimulación manual. Las escenas de Gas (Willem Dafoe) taladrando por detrás a Ted (Jude Law) y de Allegra lubricando el excitado biopuerto de su compañero resultan claras en este sentido.

existenz-1999-willem-dafoe-jude-law

-¿Cómo era tu vida antes de que la cambiara Allegra Geller?

-Trabajaba en una gasolinera.

-Todavía trabajas en una gasolinera, ¿no?

-Solo en el nivel más patético de realidad.

Aparte de la pistola de huesos (imposible volver a comer pollo o pescado sin recordar la escena del restaurante), destaca poderosamente la orgánica consola de juegos (creada, como el arma y las criaturas, por Stephan Dupuis), un ser vivo mutado genéticamente que se fusiona con el usuario como si fuese parte de él, y al que necesita para vivir (el cordón umbilical le da una apariencia de grotesco feto). El director ha confesado no conocer de primera mano los videojuegos, pero no le resulta necesario para sumergir al espectador en este paranoico universo de realidades e identidades alternativas que es ‘eXistenZ’ (que por momentos parece escrita por Philip K. Dick, de hecho hay un guiño a ‘Los tres estigmas de Palmer Eldritch’). Es muy interesante el paralelismo que se establece entre la realidad del juego y la “auténtica” realidad (la falta de metas en la vida, la conversación sobre el libre albedrío, las claves necesarias para poder iniciar y continuar una interacción, algo que hacemos a menudo incluso sin darnos cuenta…), cómo la realidad puede ser una cuestión subjetiva o grupal, y nuestro deseo por querer ser los protagonistas de apasionantes y peligrosas historias, no simples secundarios en existencias aburridas o tramas protagonizadas por otros. Asimismo, está muy logrado el ambiente arquetípico y lúgubre de lo que podría ser una aventura gráfica de ciencia-ficción; de nuevo, Cronenberg aprovecha al máximo los recursos (10 millones de dólares de presupuesto) y el talento de los profesionales (Howard Shore, Peter Suschitzky, Carol Spier...) que tiene a su disposición.

Una vez más, la casualidad perjudicó las posibilidades comerciales de una obra de Cronenberg. Como había ocurrido con ‘M. Butterfly’ seis años antes, cuando se estrenó ‘eXistenZ’ en 1999, el público tenía reciente nada más y nada menos que ‘Matrix’. El enfoque más personal, modesto (no hay apenas efectos visuales para recrear el futuro), reflexivo y enfermizo de la película del canadiense no llegó en el mejor momento; además había cierta saturación temática, el mismo año también se estrenó ‘Nivel 13’ (‘The Thirteenth Floor’). Pero el cineasta había ganado prestigio con ‘Crash’ (premiada en Cannes) y su nuevo largometraje no iba a pasar desapercibido para la crítica ni los festivales; ‘eXistenZ’ se presentó en la Berlinale y obtuvo un Oso de Plata por su “extraordinario logro artístico” (el Oso de Oro fue para Terrece Malick por ‘La delgada línea roja’). Por lo que he estado leyendo antes de escribir este artículo, las reacciones que despierta (aún hoy) ‘eXistenZ’ podrían dividirse en dos grupos: ligera decepción teniendo en cuenta el argumento y el director, y fascinación, hallando en la película todo tipo de lecturas (más de las que hay). Comprendo ambas posturas. ‘eXistenZ’ no es todo lo que cabe esperar de Cronenberg, se vuelve reiterativa y el tramo final no tiene la fuerza de trabajos anteriores, pero es una película arriesgada, turbadora, inteligente y estimulante, con algunas de las imágenes más potentes de su carrera.

(Los últimos minutos de ‘Videodrome’)

  • Especial David Cronenberg en Blogdecine:

‘Stereo’

‘Crimes of the Future’

‘Vinieron de dentro de…’

‘Rabia’

‘Fast Company’

‘Cromosoma 3’

‘Scanners… su solo pensamiento podía matar’

‘Videodrome’

‘La zona muerta’

‘La mosca’

‘Inseparables’

‘El almuerzo desnudo’

‘M. Butterfly’

‘Crash’

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