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'Disobedience', una fascinante historia de amor prohibido
Críticas

'Disobedience', una fascinante historia de amor prohibido

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Nota de Espinof

El director chileno Sebastián Leilo tenía ya varias películas a sus espaldas cuando logró llamar la atención del mundo con ‘Una mujer fantástica’, una obra que logró llevarse para casa el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en la última entrega de esos galardones. No obstante, lo cierto es que ya había decidido probar suerte en el cine inglés antes de la gran acogida de la cinta protagonizada por Daniela Vega.

Y es que la presentación mundial de 'Una mujer fantástica' tuvo lugar en febrero de 2017 en el Festival de Berlín, mientras que el rodaje de ‘Disobedience’ arrancó un mes antes en Reino Unido. Leilo realiza en ella una delicada y al mismo tiempo intensa aproximación al lesbianismo dentro de los severos límites de la comunidad judío-ortodoxa londinense, siendo eso la base de una película fascinante con un excepcional trabajo de su trío protagonista.

Los problemas de ser diferente

Rachel Weisz

Leilo opta por centrar los primeros minutos de ‘Disobedience’ en Ronit, una mujer que decidió vivir su vida como fotógrafa en lugar de plegarse los cánones de esa sociedad religiosa liderada por su propio padre, quien ejercía como respetado rabino y que acaba de fallecer. Pese a ser su hija, cuesta entender al principio el motivo por el que la han avisado, pues es recibida con trato cordial pero distante, dejando claro que viene a ser vista como una intrusa.

La película incide muy bien en esa gelidez apostando incluso por un tratamiento visual algo más apagado cuando el personaje interpretado por Rachel Weisz vuelve al hogar. Todo está perfectamente en sincronía para incidir en la incomodidad que genera pero cuidándose mucho de expresarlo abiertamente, normalmente recurriendo a una aplicación estricta de sus principios religiosos para ilustrarlo sin sobrecargarlo.

Escena Disobedience

Obviamente, su presencia y el hecho de no estar dispuesta a renunciar a sus principios va generando una mayor tensión según pasan los minutos, pero Leilo toma pronto la decisión de adoptar un enfoque diferente y hacer mayor hincapié en la importancia del reencuentro entre Ronit y Esti, algo más que una amiga de la primera durante su adolescencia y que ahora parece completamente adaptada a su nueva vida como fiel esposa.

Al menos esa es la imagen que transmite Leilo durante las primeras apariciones de Rachel McAdams -que nunca ha estado mejor que aquí-, pero poco a poco vamos viendo que simplemente ha tenido que encerrar sus verdaderos intereses -muy ilustrativa la breve escena para marcar la llegada del coito semanal-, algo que la película subraya a través de una notable utilización de planos cerrados y por la gran cantidad de escenas rodadas en escenarios interiores, incidiendo así en que no tienen una verdadera libertad de movimientos.

Recuperando la chispa

Imagen Disobedience

Durante ese tramo inicial, Leilo había prestado más atención a mostrarnos los usos y costumbres de la comunidad judío-ortodoxa, pero uno no tarda en percibir que hay algo que subyace en la relación entre Ronit y Esti. Algo que sucede ya de entrada cuando la primera solamente se toma ciertas libertades en el trato con la segunda coincidiendo con su regreso al hogar.

Ahí es McAdams la que tiene un mayor reto a la hora de lidiar con sus sentimientos, lo cual Leilo va desgranando con calma, acercando la cámara al rostro de la actriz y dejando que sea su lenguaje no verbal el que vaya expresando todo su debate interior. Un encuentro fortuito con Ronit, en el exterior y sin estar bajo la mirada del resto, acaba volviendo a encender la mecha entre ambas, algo que incluso se traduce en que los colores adquieren un tono algo más vivo a medida que ambas van acercándose.

Mcadams Weisz

Es ahí cuando Leilo consigue que la película alcance otro nivel al mantener la naturalidad que había imprimido hasta entonces la película pero aplicando una exquisita intimidad que permite a McAdams y Weisz exhibir todo su talento sin la necesidad de recurrir a escenas altisonantes. Obviamente, llaman más la atención los momentos en los que surge la pasión entre ambas, pero lo hace con tacto y siempre como parte de una evolución narrativa satisfactoria.

Esa hermosa historia de amor con unos personajes bombón para las actrices tiene una contrapartida que perfectamente podría haberse convertido en el eslabón débil de ‘Disobedience’: el marido de Esti y principal favorito para suceder en el cargo al padre de Ronit. Alessandro Nivola tenía el difícil reto de conseguir que el interés no decaiga cuando Leilo vuelve con él y también de no ser visto como un elemento negativo para que el amor de las dos protagonistas.

Limitado por las rígidas reglas de su comunidad, Nivola también ha de mostrar un vaivén emocional bastante particular que alcanza su punto álgido en una escena que nos retrotrae de forma directa al inicio de ‘Disobedience’ y que da pie a un discurso con muchísima fuerza. En cierta medida me acordé de cierta escena muy comentada de ‘Call Me By Your Name’ pero con un filtro más realista y que nunca deja de lado lo que había definido al personaje hasta entonces.

En definitiva, ‘Disobedience’ es una película estupenda en la que Leilo demuestra que no ha tenido que pagar peaje alguno en su salgo al cine en inglés. Una historia de amor bella y sutil que también nos ofrece un acercamiento solvente a una ideología religiosa. A partir de ahí surgen tres personajes muy bien definidos tanto desde el guion y la puesta en escena como por el trabajo de los actores. De lo mejor que llevamos de año.

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