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'El Niño de Barro', el vampiro de Buenos Aires

'El Niño de Barro', el vampiro de Buenos Aires
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El titular de este post puede resultar tan engañoso como la frase publicitaria de la película: "la maldad tiene 10 años", a mi juicio un error tremendo en la promoción del film, ya que despista bastante sobre lo que es realmente la película, y sinceramente después de verla se llega a la conclusión de que no les hacía falta engañar al público de esa manera, ¿y por qué? sencillo, la película es buena. Si fuera todo lo contrario, sería perfectamente lógico. Y que conste que un servidor acudió al preestreno del film con el mayor de los miedos, porque ya estoy bastante harto de ver el nombre de Julio Fernández por todos lados (si os fijáis en el póster sale dos veces "producido por" y su maravilloso nombre a continuación), película que toca este tío, película que es un completo desastre, y si no, hagan cuentas: 'La Monja', 'Los Abandonados', 'Arachnid', 'La Caja Kovak', 'Frágiles', 'Trece Campanadas', 'Darkness'...y así podría seguir hasta el día del juicio final, eso sí, única y exclusivamente cuando le da por parecerse a Roger Corman produciendo films de terror (aunque lo de 'El Lobo' sea también un insulto impresionante), porque cuando no es así, lo cierto es que ha metido mano en producciones bien majas, basten citar 'El Maquinista' o 'El Perfume'.

'El Niño de Barro' narra los terribles hechos verídicos acaecidos en el Buenos Aires de 1912, cuando un asesino en serie se dedicaba a matar a niñas y niños pequeños, poniendo en jaque a la policía. Por otro lado, Mateo, el hijo de una emigrante española, tiene horribles visiones en las que ve cómo esos niños son asesinados. Pronto el caos se adueñará de la situación, y muchos son los que pensarán que el asesino es Mateo, mientras los asesinatos no terminan de sucederse.

Las referencias a 'M, el Vampiro de Düsseldorf', una de las múltiples obras maestras de Fritz Lang, son claras, sobre todo ese silbido que hace el asesino cuando conduce a una de sus víctimas a un fatídico destino. No voy ahora a comparar la obra de Lang con la de Jorge Algora, porque sería enormemente injusto. Pero sí lo cito, porque podría verse algún parecido más, y siempre es agradable para cualquier cinéfilo el ver en una ópera prima referencias a un cine que te ha marcado, y que ocupa por derecho propio un lugar de honor en la historia del cine. Además, es una de esas referencias/homenaje que están realizadas con cariño, sin cargar demasiado las tintas, no vaya a aparecer el gracioso de turno diciendo que la película es un plagio de la de Lang. Afortunadamente las comparaciones no pasan del homenaje citado, y además tenemos esa parte de la trama, con tintes fantásticos, en las que el niño protagonista tiene visiones, lo cual hace incluir al film dentro del género de thriller fantástico si se quiere, y que por cierto, es una parte muy, pero que muy bien llevada en la película, sin irse por las ramas dando rodeos absurdos.

Porque si hay algo que agradecerle enormemente a la película de Algora, es que después de unos excelentes títulos de crédito (y me refiero a las letras, no a las escenas) obra de Juan Carlos Ríos, va directa al grano, cosa muy de agradecer en los tiempos que corren, en los que una película tiene que durar inecesariamente unas tres horas (y con esto no estoy diciendo que todas las películas que tengan una larga duración sean malas, y pronto os hablaré de una que es una absoluta obra maestra). Su justa hora y media, más o menos, llega para enganchar lo suficiente al espectador con una historia que ata muy bien todos sus cabos, y tampoco estamos hablando de una historia complicada con recovecos, no. Un guión sencillo, obra de tres manos, aunque algunos se echen más flores que otros, que cuenta lo que tiene que contar, entremezclando muy bien todos sus elementos. El film gana mucho en su parte final cuando ya conocemos la identidad del asesino, algo que no está planteado como una sorpresa, cosa de lo que también rehuye, y es cuando el film consigue impactar en alguna que otra escena muy bien narrada, como todo lo referente a las horribles motivaciones del homicida, o cierto plano en una mesa en la que hay un cadáver. Momento éste en el que para un servidor tenía que haber terminado el film, el cuál sigue durante unos segundos más sin que ocurra mucho más. Y aunque tampoco molesta demasiado la forma en la que la película es rematada, el haberla acabado con ese plano hubiera sido un acto de valentía increíble, merecedor de todos los aplausos posibles.

Otro dato a destacar de la película es su efectivo montaje, obra y gracia de Rita Romero, y aunque me faltan algunas cosas en lo referente a cierto aspecto que tiene que ver con los padres de todos los niños asesinados, algo que tiene que ver más con el guión que con el montaje, la edición del film es efectiva, ganando enteros en su tramo final, al igual que el resto de elementos. De esta forma, el montaje va en clara consonancia con las intenciones de una película digna en la que sus puntos positivos están todos a la misma altura, sin que nada destaque por encima de todos los demás. O sea, un buen trabajo en equipo.

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El trabajo actoral es más que correcto en sus personajes centrales, aunque el personaje de Maribel Verdú lo podría haber realizado cualquier otra actriz. De todos modos es muy bueno para la película que la propia actriz estuviera interesada en interpretar la película, porque con su sólo nombre ya se aseguran algunas entradas. Aún así, hay que decir que todos los personaje son más bien tópicos, y esto no quiere decir que sean malos personajes. La Verdú hace gala de lo que vale como actriz en un par de escenas, otra vez cerca del final, que a estas alturas de la crítica, ya os habréis dado cuenta de que me parece la mejor parte de la película. A su lado, no desmerece absolutamente nada, el niño Juan Ciancio, que consigue apartarse de lo que los niños por norma general suelen ofrecernos en una película, y nos regala una muy buena interpretación del personaje central, ese niño asustado por las visiones que tiene. Al lado de este chaval, que por cierto, en persona es un cielo de chaval, está la labor de Abel Ayala, en un personaje fun-da-men-tal, que alcanza su máxima expresión, efectivamente, al final de la película. El actor está inmenso en su rol, y una escena que protagoniza con un niño "que no le hace caso" es increíble no sólo por la sencillez con la que está resuelta, sino también por la interpretación de Ayala. El resto del reparto está más o menos a la misma altura. Daniel Freire bien, y Chete Lera haciendo de Chete Lera.

La película tiene su mayor problema en su puesta en escena, y aunque la ambientación es excelente, Algora no se arriesga en su utilización con la cámara, quedándose en el terreno que conoce muy bien, el de las telemovies, planos cortos y descriptivos, poco personales, lastran un poco la película. Un mayor arrojo formal, incluso haberse arriesgado en la utilización del scope, hubiera elevado el film a una altura mayor. Afortunadamente, el film se sustenta sobre el interés de la historia, muy bien condensada y mostrada. Más que suficiente, teniendo en cuenta que un servidor fue convencido de que iba a ver un bodrio.

Una buena película, que desde luego está por encima de la media del cine español, y que al igual que otros títulos destacales dentro de nuestro reciente cine, es una ópera prima. Un nuevo grupo de realizadores van a enseñarles a algunos que ya llevan tiempo en esto del cine cómo se hacen las cosas para contentar a un público que con razón no confía en lo que sale de su propio país. A ver si con películas como 'El Niño de Barro' lo vamos logrando.

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