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'El quinto poder', oportunista y fallido acercamiento al caso WikiLeaks

'El quinto poder', oportunista y fallido acercamiento al caso WikiLeaks
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Hace ya tiempo que Benedict Cumberbatch ha conseguido el reconocimiento casi unánime —es imposible satisfacer a todo el mundo— de los aficionados al cine en lo referente a su talento interpretativo. Además, ha sido elegido recientemente como el actor más atractivo de la actualidad, por lo que lo tiene todo de cara para dejar su huella en el séptimo arte durante estos próximos años. Sólo le falta un Oscar y liderar su propia franquicia millonaria, pero lo primero no deja de ir por modas —aún me cuesta entender que Gustavo Santaolalla tenga dos Oscar en casa cuando ni siquiera debió haber sido nominado una sola vez— y lo segundo únicamente afecta a su popularidad y salario.

Uno de los principales peligros a los que se enfrenta es que encadene varias películas donde él siga demostrando lo gran actor que es, pero en las que el resto de elementos no solamente no estén a la altura, sino que en muchos casos coqueteen en exceso con la mediocridad. Ese era mi gran miedo con ‘El quinto poder’ ('The Fifth Estate', Bill Condon, 2013), ya que no dudaba de su capacidad para dar vida al polémico Julian Assange, pero sí de la posibilidad de que la película pecase de oportunista y no ofreciese nada de especial interés más allá de la presencia de Cumberbatch. Vamos, lo mismo que ocurrió, salvando las —enormes— distancias con ‘Jobs’ (Joshua Michael Stern, 2013). Mis temores no se confirmaron del todo, pero casi.

La parcial verdad de ‘El quinto poder’

Los protagonistas de

El escándalo provocado por las filtraciones hechas públicas por WikiLeaks amenazaba con un gran cambio que nunca llegó a suceder. Tal vez por la evidente campaña de desprestigio sufrida por Assange o quizá por lo anestesiada que está la conciencia social de la gente, pero sus aterradoras revelaciones no han provocado auténticos cambios para el ciudadano de a pie, por lo que la opción de abordar la historia como una especie de acto de superación personal por el bien común era bastante improbable. La posibilidad de una relativa demonización de Assange era bastante más probable si tenemos en cuenta el libro en el que se basa ‘El quinto poder’, donde el eje no son sus descubrimientos, sino su retorcida personalidad y la forma en la que ésta es vista por el personaje interpretado con mera corrección por Daniel Brühl, a todas luces insuficiente teniendo en cuenta que el auténtico protagonista de la función es él.

Lo cierto es que la tesis de ‘El quinto poder’ no tarda en quedar reducida al choque entre la necesidad de la gente de tener acceso a la verdad sin cortapisas con la necesidad de editar ciertos datos para proteger la vida de algunas personas inocentes. No esperéis que se profundice en exceso en un dilema moral que ya se introduce en su breve prólogo antes de recurrir a un enorme flashback que nos permite conocer cómo se inició la relación profesional entre Assange y Daniel Berg. Es ahí donde surgen los mejores momentos de la película, ya que el segundo irá descubriendo cosas sobre el primero —algo torpe, eso sí, la forma de Condon de explicarlo visualmente— y viendo que no todo es ser un mero adalid de la justicia. No hay beneficio sin sacrificio, ya que a cambio otras tramas quedan tremendamente desdibujadas, como la relación sentimental de Berg.

Bill Condon apuesta por los planos cerrados, seguramente en un intento de imprimir mayor veracidad y cercanía a las ideas que defiende la película, pero no cuenta con el apoyo necesario por parte del libreto de Josh Singer para que no termine volviéndose un recurso repetitivo para enmascarar la superficialidad de lo que se nos está contando. Sí que se agradece que intente darle un toque algo más personal y no opte por la intrascendencia telefílmica que, como ya os comenté, restaba entidad a 'Jobs', pero el arsenal de Condon parece limitarse a ello, ya que el resto de detalles que añaden algo de relieve al conjunto se deben principalmente a la algo machacona banda sonora de Carter Burwell.

Un thriller poco afortunado

Escena de

La forma más tradicional de abordar la historia hubiese sido la de un drama poderoso en el que las actuaciones de sus protagonistas tuvieran tanto peso que poco importaría que en realidad tampoco sucediera gran cosa. Bill Condon intenta mantener esa vía, pero también quiere que el género dominante sea el thriller y le sale el tiro por la culata. Los primeros perjudicados son el resto del personajes, ya que es una pena que dos actores tan solventes como Stanley Tucci y Laura Linney estén tan desaprovechados, por no mencionar lo poco convincente que resulta la subtrama de esta segunda con un amigo suyo agente infiltrado del gobierno. Tensión de saldo y manipulación emocional de baja categoría.

Es tan atractivo como complicado el construir un relato en el que se difumina la frontera entre el bien y el mal, pero éste es uno de los mayores problemas de ‘El quinto poder’, ya que se van aumentando progresivamente los matices negativos de Assange —extraordinario Cumberbatch sumergiéndote de lleno en la personalidad propuesta para su personaje, aunque, eso sí, su transformación física sea mejorable—, quedando claro que él es el auténtico villano. Dejando de lado que así se destruye el equilibrio real en el dilema moral que se plantea, lo peor de todo es que la mera transmisión de información se quiere convertir al mismo tiempo en el equivalente a la mayor conspiración de la historia, el segundo advenimiento de Jesús y el Apocalipsis. Todo artificio sirve para lograrlo, pero prácticamente ninguno funciona.

El quinto poder

‘El quinto poder’ quiere ser un thriller tenso sobre un tema que aún hoy sigue siendo comentado por la situación vivida por Assange —algo que se recoge durante los últimos minutos de la película—, pero que a la hora de la verdad es una visión excesivamente sesgada de un tema que requería esmero, dedicación y contrastar en profundidad todos los datos para no transmitir al público una versión errónea de la historia, pero que ante las dificultades para lograrlo quizá debería haberse esperado más tiempo para tener una perspectiva más amplia. Se ha preferido el oportunismo y cuentan con la baza de la brillante actuación de Cumberbatch, pero poco más.

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