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'Freud': Netflix convierte al padre del psicoanálisis en el antihéroe de un folletín criminal con horror alucinógeno
Críticas

'Freud': Netflix convierte al padre del psicoanálisis en el antihéroe de un folletín criminal con horror alucinógeno

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Con el lacónico título de ‘Freud’, no es difícil imaginar que la nueva serie de Netflix esté dedicada al célebre neurólogo sea una biografía canónica, en la línea de películas como ‘Un método peligroso’ ('A Dangerous Method', 2011) de David Cronenberg, pero no es así. La vida y obra de Sigmund Freud es solo el punto de partida para que el director Marvin Kren, junto con sus coautores Stefan Brunner y Benjamin Hessler propongan una fantasía diletante.

El psiquiatra es aquí una especie de Sherlock Holmes vienés, igual de obsesionado con su trabajo, y también dependiente de narcóticos usados a finales del siglo XIX, un detective de perfil psicológico que podría formar parte del equipo de ‘The Alienist’ (The Alienist, 2017-) aunque a los misterios de asesinatos se añade el mundo de los sueños y las pesadillas por lo que podríamos estar hablando de un Carnacki y otros investigadores de lo paranormal de corte victoriano. Toda una sorpresa.

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De los ocho episodios que componen la primera temporada, más o menos hay detalles reales durante el primer episodio. El médico, interpretado por Robert Finster, practica su hipnotismo sobre su ama de llaves, Lenore (Brigitte Kern), entrenándola para entrar en trance para dar validez a sus teorías del inconsciente y quitarse el sambenito de judío charlatán. Ansioso por demostrar su valía, especialmente a la madre de su prometida Marta, que desaprueba su práctica médica. Has aquí el inicio de la típica historia de superación y éxito.

Miedo, sexo, droga, inconsciente y represión

Pero todo da un giro rápidamente hacia lo extraño, cuando una prostituta mutilada aterriza, literalmente, en el escritorio de Freud, gracias a los inspectores Kiss (Georg Friedrich) y Poschacher (Christoph F Krutzler) que sospechan de Georg von Lichtenberg, su antiguo superior militar, porque Kiss tiene un trauma por las atroces órdenes que obedeció bajo el mando de Von Lichtenberg, un caso perfecto para que Freud demuestre que sus ideas del subconsciente tienen efecto.

Y aquí empieza el carrusel de elementos pulp esotérico con una sesión espiritista en la que se nos presenta a Fleur Salome (Ella Rumpf), una médium húngara que sufre un mal viaje a un reino alternativo en el que es atormentada por una especie de demonio completamente manchado de sangre, un poco al estilo deInsidious’ (2010). Salome, que no por casualidad se parece un poco a la Eva Green de ‘Penny Dreadful’, es susceptible al hipnotismo de Freud, por lo que se convierte en su paciente clave en la búsqueda para explicar el inconsciente, entre otras cosas.

La trama va tomando forma hasta que entra en juego la condesa Sophia, cuyos poderes hipnóticos empequeñecen a los de Freud y se basan en una combinación psicosexual de tacto y manipulación verbal y es, básicamente, la villana de la serie y némesis de Freud. La serie toma entonces un cariz completamente despreocupado, de liga de psiquiatras adictos extraordinarios, que se hunde cada vez más en una locura divertida que se toma muy en serio para bien.

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Pura pulp fiction

Entre otras cosas ‘Freud’ muestra un cantante de ópera caníbal, convulsiones inducidas por el hipnotismo, baños de sangre, una cámara de tortura en los túneles del canal, duelos , momias egipcias decorativas, pesadillas y entidades, médiums poseídas… un relato gótico victoriano en toda regla. Importan menos las tramas secundarias sobre una insurrección política contra el emperador, un tanto irrelevantes si las comparamos con las inquietantes manifestaciones de psiques reprimidas que acaban convirtiéndo la serie en los últimos episodios en una ficción de terror psicológico y preternatural en toda regla.

El director de fotografía Markus Nestroy crea una iluminación evocadora de espacios abiertos y cerrados que ayuda a crear una atmósfera misteriosa de suspense que hace que podamos esperar la aparición de alguna criatura de la noche incluso. Recuerda un poco a la misma operación de una serie rusa muy recomendable como es ‘Gogol’ (2018), que convierte a escritor en investigador dentro de sus propias historias, un poco como hizo ‘El enigma del cuervo’ (The Raven, 2012) con Edgar Allan Poe.

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La diferencia es que aquí va revisando sus ideas de trauma, tabú, histeria… en cada capítulo, para demostrar una característica del conjunto del pensamiento del austríaco, con lo que los amantes de su trabajo lo encontrarán fascinante. Hay un buen equilibrio entre la artesanía y los desviaciones dramáticas pero ‘Freud’ raramente aburre y gustará a los amantes del folletín gótico más decadente o las ensaladas literarias como ‘Estudio de terror’ (A Study in Terror, 1965) pero con un añadido folk horror lisérgico que cabreará a puristas y hará las delicias de los fans del weird fiction.

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