Por mucho vértigo y frustración que pueda dar pensar en ello, el paso del tiempo es algo inexorable, y no hay prácticamente nada —ni nadie, por supuesto— en esta vida que se libre de sus terribles consecuencias. Esto, por supuesto, incluye a unas producciones audiovisuales a las que el transcurso de los años y las décadas han hecho flaco favor y que invitan a pensar eso de "cómo hemos cambiado", siempre entendiendo el contexto en el que se crearon, cuando se revisan con los ojos y sensibilidades del presente.
Con esto sobre la mesa, en plena era de la explotación de la nostalgia y la resurrección de franquicias que ya peinan canas, surge una pregunta clave para los equipos creativos responsables del revival de turno: ¿cómo llevar de nuevo a la gran —o la pequeña— pantalla una propiedad intelectual que, bajo los estándares actuales, podría antojarse excesivamente anticuada y relativamente caduca —por no decir ridícula— tanto en forma, como en fondo y, por supuesto, en contenido?
Esta incógnita, que ha sembrado las principales dudas sobre el regreso al cine en acción real de 'He-Man y los Masters del Universo' desde que se anunció el proyecto hace cosa de una década, ha sido resuelta con una solvencia excepcional por un Travis Knight que, tras obrar poco menos que un milagro con su 'Bumblebee', ha moldeado un blockbuster veraniego ejemplar bajo una premisa muy simple: abrazando sus bases y dándolas una necesaria vuelta de tuerca en la que la nostalgia y la renovación no funcionan como entidades antagónicas.
Deconstruyendo Eternia
Puede que el elemento en el que más se perciba este enfoque sea en lo temático y discursivo. Tras construir unos pilares lo suficientemente sólidos sobre terreno ampliamente conocido, incluyendo monomitos, profecías e historias sobre peces fuera del agua, Knight y su equipo han apuntalado su divertidísima aventura épica en clave retrofuturista subvirtiendo estereotipos y haciendo giorar el relato en torno a la deconstrucción de la masculinidad, los egos frágiles y las ideas preconcebidas y reduccionistas sobre lo que significa "ser un hombre".
Todo esto vuelve a llevarnos al eterno debate del que se extrae que todo el cine es política —sí, hasta una película de 'He-Man'—, algo que refleja sobre un tratamiento de personajes que enfadará a muchos despistados y que recuerda al criticado 'Superman' de James Gunn al abrazar el tropo contemporáneo del héroe que, por muchos músculos y fuerza bruta que posea —tremendos los deltoides de Nicholas Galitzine, por cierto—, encuentra su máximo superpoder en ser, simple y llanamente, un buen tío y limitar el uso de la fuerza bruta a lo estrictamente necesario.
Pero no todo en la nueva 'Masters del Universo' gira en torno a su moraleja y a la dualidad entre el personaje titular un Skeletor con serios problemas de autolatría y complejos que le hacen comportarse como un —divertidísimo, eso sí— cretino. Junto a estos aciertos cohabita un complejo equilibrio tonal que acierta al apelar a públicos de lo más distintos: desde a recién llegados que desconocen por completo el lore hasta a los fans más entrados en años que tengan un nivel de autoconsciencia al mismo nivel que el largometraje.
Y es que la cinta no huye de bromear con los disparates ochenteros de la serie animada en la que se inspira, lanzando bromas a diestro y siniestro dirigidas tanto al sector infantil como, sorprendentemente, a unos espectadores adultos que disfrutarán de un sentido del humor velado tremendamente cafre e inesperadamente subido de tono —al menos en su versión original— entre bromas sobre fisting, rim jobs, y espadas que "cuelgan". Desde luego, toda una sorpresa.
Redondeando todo esto encontramos un diseño de producción en los que la inevitable sobredosis de VFX cohabita con lo práctico y donde lo kitsch se convierte en un encantador leitmotiv y una banda sonora hipervitaminada por las guitarras de Brian May; extras que ayudan a hacer más llevaderas los algo abultados 132 minutos de un metraje que sufre del síndrome del doble primer acto, con un prólogo tan necesario para neófitos como farragoso en términos narrativos.
'He-Man y los Masters del Universo' es un triunfo absoluto cuya clave del éxito, más allá de en sus múltiples logros formales y narrativos, radica en su valentía. En su maniobra kamikaze en tiempos de turbas online y de Skeletors del mundo real agazapados en redes sociales para destruir con más vehemencia que argumentos sólidos producciones audiovisuales en nombre de la nostalgia mal entendida y de las inevitables reinterpretaciones a las que toda IP se ve sometida con el paso del tiempo.
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